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PENOSA CONMEMORACIÓN DE UN GLORIOSO ANIVERSARIO
Por Redacción Central - Los Tiempos - 20/04/2010
Los actos conmemorativos del bicentenario de la rebelión de 1810 confirmaron que el sueño de la Gran Colombia está más lejos que nunca
Con una imponente parada militar en la que participaron más de 12.000 “combatientes socialistas, anti imperialistas y revolucionarios” —que es como en la lexicografía oficial se denomina a los efectivos de la Fuerza Armada venezolana y a los miembros de las milicias civiles compuestas por obreros, campesinos y jóvenes simpatizantes del régimen chapista— Venezuela conmemoró ayer el segundo centenario del proceso independentista que se inició el 19 de abril de 1810.
Como era de esperar, dada la enorme trascendencia histórica que tuvo lo ocurrido aquel día, cuando en Caracas se inició un proceso que culminó con la independencia de Bolivia 15 años después, el gobierno encabezado por Hugo Chávez quiso darle al acto la mayor carga simbólica posible.
No sólo mediante los mensajes explícitos de su discurso, sino con cada uno de los elementos simbólicos que lo rodearon, Hugo Chávez dio a entender que como hace 200 años Venezuela está a la vanguardia de un proceso político de alcance continental, que es él su conductor y que será desde Caracas desde donde se irradie la “segunda y definitiva independencia” de la región.
El tono bélico del mensaje, por otra parte, elocuentemente respaldado por el aparatoso despliegue de armamento ruso y chino, sirvió para dejar claramente establecido el papel que el caudillo venezolano le asigna al factor militar en la nueva fase que, según sostiene, se iniciará este año para concluir, mediante nada menos que la instauración del socialismo en el continente, la obra de Bolívar.
Ninguno de esos afanes, sin embargo, fue suficiente para ocultar el rasgo más notable de la forma como Venezuela conmemora la gesta iniciada en abril de 1810. Se trata de la absoluta y total falta de correspondencia entre las declaraciones líricas y los datos de la realidad objetiva. El intento de transformar a Bolívar, un liberal radical en un precursor del socialismo es sólo uno de los muchos ejemplos de esa disociación.
La poca compañía con que Chávez encabezó un acto que por su significado histórico debió ser compartido por todos los países hispanoamericanos, pero especialmente todos los bolivarianos, fue por demás elocuente. Así como la presencia de Evo Morales y Rafael Correa no fue suficiente para que pase desapercibida la ausencia de representantes de Colombia y Perú, claves en el área andina, las delegaciones de Argentina, con la presidenta Fernández, Cuba, con Raúl Castro y de algunas minúsculas islas caribeñas como de algún funcionario de segundo nivel de Bielorrusia, tampoco alcanzaron para disimular el aislamiento internacional con que Venezuela llega a este punto de su historia.
Las cada vez más tensas relaciones con Colombia, por su parte, confirman que la Gran Colombia soñada por Francisco de Miranda, Simón Bolívar y otros precursores de la independencia está hoy más lejos que nunca. La profunda división que separa al pueblo venezolano por motivos políticos e ideológicos en bandos antagónicos e irreconciliables confirma también que la retórica sobre la unidad latinoamericana tiene muy poco que ver con la realidad y que Hugo Chávez está lejos de ser un digno heredero del proceso que se inició hace 200 años, un día como hoy.
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