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EN EL 184 ANIVERSARIO DE LA POLICÍA

Por Redacción Central - Los Tiempos - 26/06/2010


A juzgar por los discursos pronunciados, se diría que la Policía Boliviana se encamina a ser otra institución absorbida por un proyecto de poder

Con un acto en la capital del valle, que reunió a las principales autoridades del país y del departamento de Cochabamba, se conmemoró el 184 aniversario de la Policía Boliviana.

Además de la parafernalia preparada para el efecto –que dejó sin seguridad policial a Cercado, es necesario reflexionar sobre los principales discursos pronunciados por el Comandante General de la institución y el Presidente del Estado, luego de la arenga del “Patria o muerte… ¡venceremos!” que, a su turno, las autoridades lanzaron a la tropa congregada.

Ambas alocuciones han mostrado una faceta nueva de la relación existente entre el Órgano Ejecutivo y la entidad policial que se expresa en la decisión de las principales autoridades de involucrar a la Policía Boliviana en el proceso de cambio que impulsa el gobierno. Es decir, el Primer Mandatario y el Comandante General han decidido que la Policía trascienda la misión que la Constitución Política del Estado le asigna.

En efecto, en al artículo 251 de la Constitución aprobada mediante referendo dispone que la Policía Boliviana, “como fuerza pública, tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio boliviano” y que, como “institución, no delibera ni participa en acción política partidaria”. Al buscar asimilarla a un proyecto político, esta entidad se transforma, automáticamente, en un aparato al servicio de quienes circunstancialmente conducen el Órgano Ejecutivo y ya no de la sociedad toda.

Es pertinente recordar este artículo porque, atendiéndonos a los discursos pronunciados en la ocasión, pareciera que tanto el Primer Mandatario como el Comandante General se olvidaron de estas disposiciones, pues ambos convocaron a la tropa a militar activamente en el proceso de cambio que vive el país, como se desprende de frases como: “en estas transformaciones (del gobierno) no pueden haber algunas estructuras del Estado Plurinacional con mentalidad colonial, no puede haber herencia de un Estado colonial”, como dijo el Presidente, o que “la nueva doctrina de la Policía creará al policía de la revolución, del cambio y la construcción del Estado Plurinacional y del pueblo, porque el policía es la semblanza del país”, como le prometió el Comandante al Primer Mandatario.

Se podrá alegar que estas autoridades fueron ganadas por la emoción, porque también coincidieron en la necesidad –esta vez real-- de depurar la Policía y acercarla a la gente para que ésta vuelva a confiar en la entidad del orden, más aún en momentos en que se conocen hechos de corrupción y connivencia con grupos delincuenciales de parte de muchos de sus miembros. Este llamado de atención ha sido pertinente y es de esperar que sea recogido y asimilado por todos sus efectivos.

Pero, si la sintonía ideológica que el Presidente y el Comandante General parecen tener se traduce en la acción concreta, a lo que se conduciría a la Policía es a que olvide su verdadera misión, que es la que le manda la Constitución: defender la sociedad, transformándose en un aparato más de defensa del régimen en funciones. Es decir, se trataría de otra institución que es absorbida por un proyecto de poder en desmedro del interés de la ciudadanía.


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