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EN EL BICENTENARIO DEL GRITO LIBERTARIO DE SANTA CRUZ

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 24/09/2010


El más importante desafío que hoy tiene Santa Cruz es construir ese proyecto común capaz de convocar a las otras regiones del país

El 24 de septiembre de 1810, y una vez tomada la plaza de armas de Santa Cruz, se conformó una Junta Provisora  que adhirió a la de Buenos Aires –constituida en julio del mismo año-- y se proclamó la independencia de esa región que aún conformaba una unidad político-administrativa con Cochabamba, donde 10 días antes también se vivió ese momento fundacional. Sin embargo, faltarían aún 15 años antes de que se declare la independencia total de España y la decisión de conformar una nación –Bolivia-- libre y soberana, haciendo frente a los intentos de absorción provenientes de Buenos Aires y Lima.

Más allá de los encuentros y desencuentros que se han dado en el proceso de construcción de Bolivia entre sus diferentes y diversas regiones, lo cierto es que Santa Cruz ha sido, siempre, un polo de importancia sin el cual este nuevo país no podría surgir, y, corresponde anotar, en este proceso la relación Santa Cruz – Cochabamba siempre ha sido privilegiada por el carácter de bisagra que este departamento ha cumplido antes y después de la fundación de la República respecto a sus demás regiones.

Actualmente, el liderazgo de Santa Cruz es incuestionable, pese a que está atravesando una etapa muy compleja y difícil por problemas y circunstancias político-ideológicas que obstaculizan un reencuentro nacional que pueda encaminar al país hacia un futuro promisorio. No hay que olvidar que en la historia contemporánea Santa Cruz se ha convertido en la vanguardia de las demandas autonómicas y ha sido por su tenaz lucha que, por un lado, ese concepto radicalmente descentralizador se ha ido haciendo carne en el país, pero, por el otro, haya convertido a ese departamento en objeto de interpelación y ataque por parte de quienes mantienen visiones autoritarias, centralistas y tienen importante cuota de poder.

Pese a ello, hay una serie de factores que señalan que Santa Cruz volverá a tomar el lugar que le corresponde en la construcción del Estado autonómico; es más, todo indica que sin la participación activa de esta región ese proceso estaría condenado al fracaso. Pero, se puede prever que no será un camino fácil de transitar. Si bien esa construcción conforma una corriente imposible de frenar (como en los 80 fue el sistema democrático), hay demasiados intereses –ideológicos, económicos, de liderazgo, etc.-- en disputa que dificultan de sobremanera alcanzar niveles de entendimiento superiores en beneficio del bien común. En ese contexto, la acción de las elites cruceñas adquiere decisiva importancia, pese a que, lamentablemente éstas –a consecuencia de los acontecimientos que se han ido sucediendo desde 2008 y que no viene al caso comentar en esta oportunidad-- se encuentran enfrentadas entre sí y no se vislumbra, por el momento, un proyecto que pueda reconciliarlas para proyectarse hacia el futuro.

En este sentido, el más importante desafío que hoy tiene Santa Cruz es construir ese proyecto común que, además de que permita hacer confluir visiones y voluntades internas, tenga la envergadura de convocar a las otras regiones del  país.

Así, Santa Cruz recuperará la fuerza de aquellos próceres que hace 200 años optaron por la independencia y el autogobierno.


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