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LAS “TENSIONES INTERNAS”, LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 26/01/2011


Más allá de las elucubraciones teóricas, lo cierto es que cuando la violencia es llevada a la práctica, son los más pobres los que sufren las consecuencias

La violenta ola de saqueos desencadenada el pasado lunes contra comerciantes y vecinos de Llallagua durante una manifestación convocada por dos ayllus indígenas del norte de Potosí para protestar contra el alza de precios ha vuelto a poner en evidencia cuán cerca estamos de recaer, de un momento a otro y en el sitio menos pensado, en los abismos donde se hace imposible la convivencia pacífica.

Experiencias semejantes las hemos tenido muchas durante los últimos años. Tantas, que sería largo y difícil enumerarlas. Es fácil en cambio recordarlas y encontrar en todas ellas ciertas características comunes.

Una de ellas, la más notable y penosa, es que sus protagonistas suelen ser gente pobre, con frecuencia la más pobre de un país tan pobre como el nuestro. Pobres que se agreden entre sí con saña. Otra, que tales brotes de violencia se producen siempre ante la elocuente ausencia del Estado boliviano expresada en la mirada pasiva de las instituciones llamadas a precautelar el orden público y la convivencia entre las personas y los grupos sociales.

En el caso de Llallagua, a esas características se suman otras muy propias de la crisis económica, política y social desencadenada a raíz del intento fallido de “nivelar” los precios de los combustibles a costa de la economía popular. Una crisis que ha dejado impreso su sello particular en muchas contradicciones y tensiones internas”, que es como hace pocos días describió el vicepresidente García Linera, al conmemorar el primer aniversario del “Estado Plurinacional”, a las pugnas que durante los últimos tiempos han salido a la luz en las filas del bloque oficialista y de las organizaciones sociales sobre las que se sostiene.

Es pertinente recordar al respecto que cuando esas “contradicciones internas” comenzaron a aflorar, desde el Gobierno se las describió como una pugna entre “patriotas” y “traidores”, siendo los primeros los movimientos sociales y los dirigentes fieles a los designios gubernamentales y los segundos los que de un modo u otro los dificultan.

En ese contexto, puede suponerse que fue a ese tipo de pugnas a las que se refirió el Vicepresidente al afirmar que las “contradicciones en el seno del pueblo, superables mediante métodos democráticos y revolucionarios” son “tensiones creativas y necesarias”. Es así, según su concepción, porque ésa es la forma de “garantizar la conducción indígena, campesina, obrera y popular”.

La interpretación vicepresidencial también puede ser útil para comprender la falta de presencia estatal en Llallagua. Tal ausencia se debería, según lo explicó, a que una de las “tensiones creativas” actualmente existentes sería “la que se da entre el Estado y los movimientos sociales”. Tensión que sólo puede ser resuelta mediante el concepto de “Estado integral”, el que consistiría en la paulatina “disolución del Estado” y su sustitución por los movimientos sociales.

Pero, también puede deberse a que, como en otros casos, hay la instrucción de acosar a alcaldes que no son del MAS y, en Llallagua, el alcalde elegido democráticamente es del Movimiento Sin Miedo, al que desde el Ministerio de Gobierno se ha acusado de ser uno de los causantes de los hechos violentos.

En todo caso, sea correcta o no la teoría vicepresidencial o la arremetida antiopositora, el precio que Bolivia está pagando por ello es demasiado alto.


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