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RELACIONES CON ESTADOS UNIDOS

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 29/06/2011


Es preciso que se evalúe la relación con Estados Unidos con ojos menos ideologizados reconociendo que sigue siendo la primera potencia mundial

Nuevamente el Presidente del Estado Plurinacional se ha referido a las relaciones de Bolivia con Estados Unidos, expresando su deseo de que éstas se normalicen y haya intercambio de embajadores. La condición que ha puesto el Gobierno para ello es que la relación sea de igual a igual, sin injerencia ni imposiciones.

Además, ha lanzado la idea de que si las negociaciones que el Ministerio de Relaciones Exteriores está realizando con el Departamento de Estado estadounidense no prosperan, incluso se podría pedir el apoyo diplomático de algunos países europeos.

Si bien en el fondo la actitud de desconfianza del Primer Mandatario se mantiene, se puede notar un cambio en la percepción, producto, seguramente, del ejercicio cotidiano del poder, desde donde es posible observar y comprender en sus diversas aristas lo que significa mantener o no relaciones con la primera potencia mundial. Más aún en circunstancias en que el país como tal ha dejado de tener la relevancia que existía cuando Bolivia tenía en Estados Unidos el principal mercado de todos sus productos y, ni qué decir, cuando la cocaína boliviana era transportada hacia esa nación.

Hoy las condiciones han variado mucho. El desarrollo de la región, la democracia como sistema político, la emergencia de Brasil y la globalización, han hecho que se puedan adoptar nuevas actitudes respecto a las relaciones con Estados Unidos. De hecho, el expulsar a un embajador de ese país y a la DEA y amenazar en forma permanente a Usaid y a las entidades que reciben su apoyo, son acciones que no hubieran sido posibles en el pasado, no tanto por criterios de dignidad y soberanía –siempre válidos-- sino porque una represalia estadounidense podía significar el ahogo de la economía de un país.

De hecho, si de mercados se trata, actualmente el principal no es Estados Unidos, sino Brasil, por el gas, seguido de varios países de Asia, por la minería, los países vecinos por el intercambio comercial, particularmente la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y Estados Unidos y Europa vienen después, sin dejar de ser, obviamente, importantes. Incluso en el tema de la cocaína y sus derivados, también Brasil ha pasado a ser el destino principal. En ese contexto, no sólo es posible adoptar nuevas actitudes, sino que también en el norte se han presentado cambios sobre la forma de evaluar esas nuevas actitudes y su influencia en ella o en su proyecto hegemónico.

A ello hay que sumar, por una parte, que a partir del fin de la Guerra Fría muchas autoridades estadounidenses han aprendido de sus errores particularmente en América de su relación con Cuba y Venezuela, lo que les ha permitido calibrar con nuevos parámetros los procesos que se están desarrollando y, por otra, que en el caso concreto boliviano la irrupción indígena-campesina en la política ha sido muy bien vista en aquella nación.

En ese escenario también es preciso que desde el país se evalúe la relación con Estados Unidos con ojos menos ideologizados de manera que sin arriar los principios que invoca el Presidente para que esas relaciones sean normalizadas y, sobre todo, fructíferas, se aprovechen las grandes oportunidades que ofrece fundamentalmente en los campos económico y tecnológico, porque, en definitiva, sigue siendo la primera potencia mundial.


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