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EL CAMBIO CLIMÁTICO RELEGADO AL OLVIDO

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 29/11/2011


El problema del cambio climático ha sido relegado a un plano completamente secundario, por lo que no hay mucho que esperar de la cumbre de Durban

En medio de una casi total indiferencia de los principales medios de comunicación y con los gobernantes de los países más desarrollados del mundo con toda su preocupación volcada a asuntos mucho más urgentes, ayer se ha inaugurado en la ciudad sudafricana de Durban la XVII Cumbre de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.


Esta versión de la cumbre climática, dando continuidad a lo que ocurrió en las dos anteriores, la de Copenhague de 2009 y la de Cancún en 2010, se ha inaugurado en condiciones de lo más adversas. Si en Dinamarca el escepticismo terminó imponiéndose sobre la esperanza y si lo que Cancún dejó fue sólo un muy tibio rescoldo de optimismo, en Durban, ya en el acto inaugural, ha terminado por imponerse la certeza de que el problema del cambio climático ha sido desplazado a un lugar muy secundario por la debacle de la economía mundial y la causa ambiental, por consiguiente, no tendrá ninguna oportunidad de disputar la atención de gobiernos y organismos internacionales.


El poco alentador panorama fue puesto en evidencia desde que las primeras delegaciones comenzaron a arribar a la sede del encuentro sin dejar abierto ni un pequeño resquicio a la posibilidad de un entendimiento. Quedó claro que las diferencias que separan a quienes piensan que es urgente encontrar un sucesor al Protocolo de Kioto, y quienes aseguran que no firmarán ningún papel que les obligue a reducir sus emisiones de CO2 que no han hecho más que ampliarse durante los dos últimos años.


Estados Unidos y China, los dos países que más contaminan el planeta, no están dispuestos a ceder ni un ápice en su rechazo a cualquier compromiso que los obligue a poner algún límite a sus emisiones de dióxido de carbono y, mientras ambas potencias se mantengan en su incólume posición, ninguno de los demás países industrializados del mundo hará ninguna concesión.

Así ya lo han anunciado, tal como en las reuniones anteriores, Canadá, Rusia y Japón.


Mientras tanto, la Unión Europea ha propuesto la puesta en marcha de una hoja de ruta para alcanzar un acuerdo legalmente vinculante, que incluya a las principales economías y abarque el cien por cien de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero como también ya es habitual dados los antecedentes del asunto, mucho se teme que tales declaraciones de buenas intenciones no pasen de eso sin llegar a plasmarse en acuerdos prácticos. Mucho menos ahora, cuando el colapso de la economía europea no deja tiempo ni recursos a un tema que, como el cambio climático, ya es percibido por gobernantes y ciudadanos como algo de menor importancia en comparación con las urgencias del presente.


Si a todo lo anterior se añade la absoluta y total pérdida de la autoridad moral con que en ocasiones anteriores respaldaban sus posiciones ambientalistas líderes de países menos industrializados, como Bolivia, se termina de configurar un panorama del todo desalentador para la causa ambientalista. El problema del cambio climático ha sido relegado a un plano completamente secundario y no parece haber nada que cambie esa realidad en el futuro inmediato.


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