Ed. Impresa EDITORIAL
PRUDENCIA ECÓLÓGICA Y PRAGMATISMO ECONÓMICO.
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 9/02/2012
Cuidar los recursos más imprescindibles aun a costa de sacrificar algunas oportunidades económicas inmediatas es una consigna que se extiende
Tres noticias provenientes de Argentina, Panamá y Perú han coincidido durante los últimos días para confirmar que los conflictos de visiones e intereses con motivo de la dicotomía entre preservación ecológica y pragmatismo económico tienden a multiplicarse con creciente frecuencia e intensidad en las más diversas latitudes.
En Argentina, el nuevo motivo de enfrentamientos entre ambientalistas y autoridades gubernamentales ha sido el proyecto de construcción de una mina para la extracción de oro a cielo abierto en el cerro Famatina, en la precordillera de la provincia de La Rioja.
En Panamá, hace ocho días se inició una movilización de indígenas de la etnia Ngöbe Buglé —la mayor del país— que a través de un bloqueo de la carretera que comunica a Panamá con el resto del istmo y una masiva marcha de protesta hicieron conocer al Gobierno de Ricardo Martinelli su firme decisión de no permitir actividades mineras y la construcción de plantas hidroeléctricas en sus territorios.
En Perú, está previsto para hoy el arribo a Lima de la “Marcha del Agua”, que avanza por la carretera Panamericana con el propósito de disuadir al Gobierno de Ollanta Humala de ejecutar un enorme proyecto minero en Conga y para exigir la aprobación de una ley que declare intangibles las cabeceras de cuenca de los ríos amazónicos.
A los tres casos mencionados se suman muchos otros que, además de las obvias similitudes por el dilema entre desarrollo y preservación del medio ambiente que plantean, tienen semejanzas que ya no pueden pasar desapercibidas pues son la más fiel expresión de uno de los fenómenos económicos, políticos y sociales más importantes de nuestro tiempo.
Entre esas similitudes se destaca el inusitado vigor que alcanzan esas movilizaciones, a tal punto que en muchos casos ya han logrado doblegar a gobiernos cuya fortaleza y capacidad para imponer su voluntad parecían fuera de toda duda.
A tal situación se ha llegado, entre otras razones, porque la relación conflictiva entre la salud del medio ambiente y el desarrollo económico ha dejado de ser un asunto sobre el que se interesan sólo expertos en la materia o místicos ecologistas radicales, sino que ya es uno de los que más preocupa a la ciudadanía en general y, muy especialmente, a las generaciones jóvenes.
Esa popularidad de la causa ambiental, a su vez, se explica porque ya no son sólo elucubraciones teóricas, sino experiencias prácticas, las que advierten sobre la urgente necesidad de cuidar nuestros recursos más imprescindibles aun a costa de sacrificar algunas oportunidades económicas inmediatas. Conceptos como el de “desarrollo sustentable”, que consiste en que las actividades productivas del presente no deben poner en riesgo el bienestar de las generaciones futuras, han sido ya asimilados y convertidos en una causa con la que se identifican cada vez más importantes segmentos de la población, y eso se traduce, como en los tres ejemplos señalados, en vigorosas movilizaciones ciudadanas —ya no sólo indígenas— que se niegan a dejar el futuro en manos del mejor postor o sujeto a los cálculos contables para ajustar las cuentas gubernamentales.
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