Ed. Impresa EDITORIAL
EL MUNDO ANTE SIRIA
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 13/02/2012
Es importante que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recupere legitimidad y actúe de acuerdo al mandato de la carta fundacional de la organización y detenga la masacre en Siria
Un cambio sustancial en la vida de las naciones es que la sistemática violación de derechos humanos no puede ampararse bajo el argumento de la defensa de la soberanía nacional. Así, por decisión asumida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se pueda intervenir en una nación cuando en ésta se cometen comprobadas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos, más allá de las características ideológicas del régimen que las provoque.
No sin polémica, Naciones Unidas ha ejecutado una serie de acciones con este fin. Sin embargo, producto de una serie de desaciertos cometidos por las potencias industriales del mundo, particularmente a consecuencia de la desastrosa política internacional de la era Bush en EEUU, el pueblo sirio va sufriendo una salvaje represión sin que se imponga la racionalidad de la defensa de los derechos humanos para que se dé fin al régimen genocida que gobierna esa nación y, libre de ataduras, su población pueda organizar un Gobierno que la represente en forma legítima.
Pero, la resistencia de Rusia y China, en ese orden, para que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas intervenga en el conflicto interno de ese país, hace que el mundo asista a un sistemático bombardeo a la población civil sin que se haga nada por evitarlo. Como sostiene un intelectual sirio, lamentablemente este país no tiene las suficientes reservas de petróleo que obligue a que se ponga coto a la masacre que está en curso.
Además, no sólo está en peligro la vida de la población siria, sino que en el complejo juego de intereses en la región, son varias las naciones que buscan cosechar en río revuelto sin que importe para nada la gente.
De ahí que es posible sostener que si Naciones Unidas es incapaz de alcanzar algún acuerdo que permita poner fin a la situación descrita, en los hechos habrá un nuevo retroceso en la defensa de los derechos humanos, base de la convivencia pacífica universal. Si algo dejó de enseñanza la segunda guerra mundial y los conflictos regionales que desde entonces se han desatado es que no hay razón alguna que justifique el atropello a los derechos de la gente, y que es moralmente injustificable que esta política de defensa sólo sea impuesta cuando se trata de defender recursos materiales, poniendo en segundo lugar de importancia la vida humana.
Obviamente, no se trata de que se aproveche cualquier circunstancia de conflicto interno para impulsar políticas intervencionistas; pero, está claro que bastante hemos aprendido para que se pueda reconocer cuando se traspasa los umbrales de la racionalidad y lo tolerable. Por esto es importante que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recupere legitimidad y actúe de acuerdo al mandato de la carta fundacional de la organización, vele por el mantenimiento de la paz en el mundo, el respeto a la vida y la seguridad de sus poblaciones.
En ese contexto, una vez más el mundo está ante el desafío de velar por la defensa de los derechos humanos en un país en el que estos son violados cruelmente para mantener en el poder a un clan familiar corrupto, cuyo sustento se basa exclusivamente en el uso de la fuerza en contra de su población.
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