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FUERZAS ARMADAS Y DERECHOS HUMANOS

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 20/02/2012


Si no se hace una permanente defensa de los derechos humanos, pueden retornar a los cuarteles prácticas lesivas a la dignidad humana, extremo que la sociedad debe ayudar a evitar en forma activa

Han causado preocupación las expresiones lanzadas por el Presidente del Estado en sentido de que el respeto a los principios de defensa de los derechos humanos no debe ser un obstáculo para la buena formación de los soldados y premilitares en los recintos de las Fuerzas Armadas (FFAA).

Se trata, sin duda, de una apreciación que se presta a malentendidos. Pero, más allá de ellos, parece  ser pertinente que se realice una seria evaluación sobre el estado de la defensa de los derechos humanos en el país, dada una serie de antecedentes que permiten observar que se ha registrado un retroceso, lo que constituye una alarma para adoptar previsiones a tiempo.

En los últimos años, se han presentado acciones de violencia injustificada provocadas por acciones u omisiones de las entidades del Estado. Asimismo, ha habido un permanente hostigamiento a instituciones como la Defensoría del Pueblo y organizaciones y activistas de derechos humanos, con argumentos como que si éste es el Gobierno del pueblo, no hay Defensor ni organizaciones que valgan, o, en forma más contundente, que al tratarse de un Gobierno que es del pueblo, se justificarían algunas acciones violatorias de los derechos humanos para garantizar la seguridad del Estado y el proceso de cambio. Y últimamente nuestra política internacional ha apoyado —pese a las negativas consecuencias internas— a regímenes genocidas sólo por afinidades ideológico-políticas.

En ese escenario, es preciso, por otra parte, recordar que la tradición dentro de las FFAA en lo que respecta a los derechos humanos, tanto durante su paso por el poder político como en el tratamiento que se da a los subordinados dentro de los cuarteles, no es muy alentadora, por lo que en estos casi 30 años de vida democrática continua se ha realizado un importante trabajo en ellos para convencer, por un lado, que el respeto a los derechos humanos no es una concesión gratuita, sino un deber ciudadano y democrático y de avance civilizatorio, y, por el otro, que la formación dura militar no se obstaculiza por respetar esos derechos humanos.

No ha sido una labor fácil, pues se ha tenido que vencer profundos prejuicios tanto dentro del estamento militar como de quienes comenzaban a relacionarse con él a través de este tema. Pero, se logró importantes resultados que han beneficiado a la institución castrense, pero fundamentalmente a quienes —por un arcaico servicio militar obligatorio— deben recibir instrucción militar.

Además, en el tema de la defensa de los derechos humanos no sólo se ataca la violencia física y psicológica, sino también el mal uso de los jóvenes que ingresan a las FFAA. Y ha sido tan efectivo el trabajo, que se han reducido considerablemente las denuncias sobre la utilización para realizar trabajos particulares que benefician a jefes militares de gente que presta el servicio militar.

Es ese conjunto de derechos que deben ser respetados y todas las autoridades del Estado deben velar para que así suceda en la institución militar y en toda entidad estatal, razón que exige ser muy claros al respecto, porque, de lo contario, fácilmente pueden retornar a los cuarteles prácticas lesivas a la dignidad humana, extremo que la sociedad debe ayudar a evitar en forma activa.


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