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BOLIVIA, HACIA LAS PRÓXIMAS OLIMPIADAS
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 14/08/2012
El objetivo debe ser concentrar esfuerzos, recursos humanos y materiales, para que Bolivia deje de ver el podio de los ganadores como algo inalcanzable
Los XXX Juegos Olímpicos de Londres 2012 se han clausurado el pasado domingo y con el acto final se han cerrado las tres semanas de la más intensa actividad deportiva del cuatrienio.
Bolivia, como es habitual, ha sido parte del acontecimiento pero de manera muy marginal. Y no sólo porque la delegación de cinco deportistas que nos representó fue una de las más pequeñas, sino porque incluso ellos, con todo lo meritoria que resulta su participación dada la adversidad de las circunstancias en que se desempeñan cotidianamente, estuvieron en Londres con un carácter más simbólico que realmente competitivo.
Esa realidad, que no es nada nueva, este año ha sido vivida –sufrida habría que decir– de manera más directa e intensa porque a diferencia de años anteriores, cuando la televisión y los resúmenes informativos eran el único punto de contacto, esta vez se produjo una relación mucho más directa gracias a las redes sociales. A través de Twitter y Facebook fue posible conocer de primerísima mano el testimonio de los participantes, los entretelones de cada competencia, los resultados en tiempo real y la multiplicidad y complejidad de los factores que directa o indirectamente posibilitan los logros de unos y las frustraciones de otros.
En nuestro caso, esa mayor cercanía ha servido para saber que detrás de cada deportista que logra llegar a las alturas olímpicas, aunque aún muy lejos de sus cimas, hay historias de grandes esfuerzos, sacrificios, mucha dedicación y poco o ningún apoyo y mucho menos retribución.
Se ha sabido, por ejemplo, que los representantes bolivianos fueron los que más pobres viáticos recibieron, en contraste con los dispendiosos presupuestos que a sí mismos se otorgaron los miembros de la elite dirigencial. Y se supo también que tan injusta situación no fue algo excepcional, sino sólo el más fiel reflejo de lo que ocurre cotidianamente, día a día, y no en una sino en prácticamente todas las disciplinas deportivas, ante la indiferencia de quienes sólo una vez al año lamentan la falta de éxitos.
La amplia difusión que tuvieron detalles de ese tipo tuvo la virtud de despertar la consciencia colectiva sobre la urgente necesidad de hacer algo drástico para modificar esa situación. Ejemplos como el de Cuba, que con recursos materiales sin duda mucho menores que los que hoy puede disponer nuestro país, continúa destacándose como el país latinoamericano con mejores deportistas, indican que no hay porqué resignarse a ocupar un lugar tan marginal en los escenarios deportivos del mundo y de nuestro continente.
Para que eso cambie, ya son muchas las voces que han propuesto poner de inmediato en marcha un plan con la mirada puesta en 2016 y 2020. El objetivo debe ser concentrar esfuerzos, recursos humanos y materiales de modo que Bolivia deje de ver el podio de los ganadores como algo inalcanzable e inaccesible. Quienes más saben del asunto creen que lograr eso es muy difícil, pero no imposible y que para por lo menos intentarlo seriamente se debe empezar a trabajar de inmediato. El primer paso imprescindible es que quienes han hecho de la dirigencia un lucrativo oficio o negocio dejen de tener más poder que los deportistas y entrenadores.
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