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UNA RETÓRICA PELIGROSA

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 11/09/2012


Es tan inaceptable que en Paraguay se dé curso a una retórica chauvinista para provocar roces con Bolivia, como que se responda con el mismo tono

Un factor que ha sido desencadenante de las peores irracionalidades en el mundo es el exacerbado nacionalismo, y no hay peor arma de confrontación política que ésta porque, en definitiva, nunca se sabe dónde termina, como nos ha mostrado dolorosamente el pasado siglo.

De ahí que debe preocuparnos a quienes creemos en la democracia y en la pacífica convivencia de los pueblos la escalada de la retórica nacionalista en algunos círculos políticos y en un periódico paraguayo que este domingo ha publicado un agresivo editorial denunciando un presunto interés del Gobierno boliviano en recuperar territorios en el Chaco Boreal, para lo cual, en consonancia con una otra denuncia de su Ministra de Defensa, éste estaría impulsando un acelerado rearme de las Fuerzas Armadas bolivianas con apoyo venezolano.

Como no puede ser de otra manera, el Gobierno boliviano debe dar una respuesta contundente a esas denuncias. Y hacerlo utilizando los mecanismos que se dispone en la diplomacia de manera que tanto el país, como el pueblo paraguayo y la comunidad internacional se convenza de los extremos a los que está llegando la retórica belicista en esa hermana república.

En ese entendido, lo que no debe hacer el Gobierno es abordar el tema en el marco de una conferencia de prensa en un medio oficialista, como lo ha hecho, lamentablemente, el Viceministro de Relaciones Exteriores. Ello, porque, por un lado, ha interpretado, bajo su exclusivo criterio, esa posición paraguaya y en vez de responderla, ha emitido conceptos injerencistas e inaceptables en el mundo de las relaciones internacionales.

Se debe partir, para el efecto, de un dato: más allá de la posición político-ideológica del Gobierno boliviano (y de sus aliados en ALBA), la destitución del presidente Fernando Lugo en Paraguay ha seguido los mecanismos constitucionales previstos en ese país (lo que no significa que esa acción no contraría el espíritu democrático que tan difícilmente nos cuesta mantener en nuestra región y que significa que sea la población la que decida en las urnas quién ejerce el mando de una nación). Llevando al extremo la posición sustentada por el funcionario, en Bolivia se podría exigir que se desconozca los relevos de Gonzalo Sánchez de Lozada, primero, y Carlos Mesa, después, de la Presidencia de la República en 2003 y 2005, respectivamente, así sea de procesos que cumplieron las normas legales vigentes en el país.

A partir de esa constatación, está fuera de marco que el Gobierno boliviano “no reconozca” al de Paraguay, en verdad, no tiene por qué hacerlo o no; a lo que se puede llegar, como se ha hecho en la realidad, es a no aceptarlo como interlocutor por razones de alianzas políticas regionales.

Sin embargo, se trata de una decisión que no se compadece de que el país, por diversas razones, debería privilegiar nuestro relacionamiento con las naciones vecinas, más allá de las posiciones político-ideológicas que guíen a sus Gobiernos.

En resumen, es inaceptable y sobre todo, irresponsable, que en Paraguay se dé curso a una retórica chauvinista dirigida a provocar roces con Bolivia, como es poco serio responder con argumentos que no sitúan el debate en su verdadero lugar e importancia.


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