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POLÍTICA VERSUS BUROCRACIAS

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 1/10/2012


Siendo algo que nos atañe tan directamente, lo que nos corresponde como país es no apartarnos de este debate y ayudar a construir una posición regional

El fracaso de la actual estrategia de lucha en contra del circuito del comercio de drogas ilegales ha llevado a los presidentes de Colombia, México y Honduras a plantear en la Asamblea General de las Naciones Unidas la necesidad de revisar esta estrategia y abrir el debate sobre otras formas de actuar en este campo de manera que se pueda, por un lado, derrotar a las mafias narcotraficantes que asolan al planeta y, por el otro, recuperar la esencia de la gobernanza estatal.

No hay que olvidar que los países mencionados sufren, desde hace décadas, luchas internas como consecuencia del narcotráfico e incluso un país relativamente fuerte como el mexicano está siendo sometido a duras pruebas por bandas que cuentan con recursos económicos y humanos capaces de enfrentar a las acciones represivas. Sus huestes tienen capacidad de combate, se infiltran en los aparatos represivos y judiciales del Estado y mantienen territorios al margen de la autoridad estatal.

Asumen, asimismo, que la política de responsabilidad compartida no ha dado los frutos esperados precisamente porque el peso de esta lucha recae, principalmente, sobre los menos fuertes. Así, como una de las grandes paradojas, de acuerdo a varios informes, gran parte del armamento que tienen las mafias mexicanas es adquirida en los Estados Unidos, nación que no puede poner límite al mercado abierto de ellas.

Además, como muestra el último informe sobre la producción de coca en el país elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés), pese a haber reducido en un 12 por ciento las hectáreas dedicadas al cultivo de hoja de coca y aumentado considerablemente la interdicción, la producción de droga ilegal no disminuye por la adopción de nuevas tecnologías. Y en el mundo del consumo, en los países desarrollados no se puede reducir la demanda y, para peor, en las naciones emergentes ésta se incrementa.

En ese contexto, la propuesta de los mandatarios de México, Brasil y Honduras es por demás racional y necesaria. Sin embargo, no provoca reacciones condignas. Más bien, las agencias internas y multilaterales dedicadas al tema comienzan a poner sus reparos, pues es evidente que las burocracias creadas desde 1980 para este combate realizarán los mayores esfuerzos para que la actual estrategia no se modifique porque, de hacerlo, probablemente sufrirán una severa reducción, cuando no su desaparición.

Por ello, se debe avanzar hacia el logro de consensos políticos, para lo cual debe prevalecer una visión de largo alcance, realista y comprometida. Mantener el tema como intocable será el peor daño que se pueda hacer al planeta, pues se mantendrá expedita la vía por la que los narcotraficantes mantengan su actividad.

Para aportar a este debate, bien harían las autoridades en comenzar a reflexionar participativa y científicamente (es decir, libre de prejuicios ideológicos sobre el tema), para sistematizar, explicitando los logros y frustraciones, la experiencia que en la materia ha vivido el país desde la década de los 70.

Lo importante es, en consecuencia, no apartarnos de este debate y ayudar a construir una posición regional que permita combatir con eficacia el narcotráfico y sus violentas consecuencias.


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