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EL SECTOR PRIVADO Y LA CREACIÓN DE EMPLEOS

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 3/10/2012


Más que un Estado distribuidor de empleos, lo que nuestro país necesita es un gobierno que facilite la tarea a quienes generan fuentes de trabajo productivas

El Banco Mundial (BM) ha difundido recientemente la edición correspondiente al presente año sobre las proyecciones del desarrollo mundial para el año 2013, y lo ha hecho concentrando gran parte de su atención en el empleo, problema que, según todas las previsiones, será uno de los que más motivos de preocupación dará en el futuro inmediato a gobernantes, economistas y, principalmente, a los segmentos más jóvenes de la población mundial.

Las razones por las que el BM da especial importancia y atención al tema del desempleo ya son por todos conocidas. La crisis económica mundial, la revolución tecnológica en curso, las modificaciones que va sufriendo la pirámide demográfica a medida que los países mejoran sus condiciones de vida, son algunas de ellas. No son tan claras en cambio las posibles consecuencias, no sólo económicas sino también políticas y sociales, que ese fenómeno puede traer consigo y tampoco es fácil identificar las fórmulas más adecuadas para evitar que el desempleo se convierta en una tragedia global.

Hay, sin embargo, algunos datos que pueden y deben servir como punto de partida para que cada país adopte las decisiones más convenientes a la hora de diseñar políticas y planes de desarrollo. Las experiencias propias y ajenas, con las lecciones que dejan los aciertos y fracasos, deben ser un referente principal y para ello es indispensable que quienes tienen en sus manos las decisiones sobre el futuro económico actúen guiados por criterios prácticos y no por dogmas que no suelen corresponder a la realidad.

El informe del BM es muy ilustrativo al respecto. Destaca que el sector privado de la economía es fundamental para la creación de empleos, como lo demuestra el hecho de que el 90 por ciento de todos los puestos de trabajo en el mundo entero es creado por empresas privadas pequeñas, medianas y grandes. Y de todo el empleo creado por el sector privado, el que corresponde a las pequeñas empresas es el que más destaca.

El dato es muy importante porque se refiere a una de las intensas polémicas que durante las últimas décadas ha dividido a economistas, políticos e ideólogos entre los que atribuyen al Estado la tarea de generar fuentes de trabajo por un lado, y quienes consideran que es más bien el sector privado el que con mayor eficiencia puede hacerlo.

La polémica y la urgente necesidad de que los gobernantes asuman ante ella una posición nítida es especialmente importante en países como Bolivia, donde durante los últimos años han adquirido renovado vigor las teorías proclives a fortalecer el estatismo sin tomar en cuenta frustraciones históricas tan grandes como las que sufrieron países que optaron por destruir al sector privado de sus respectivas economías.

Lo anterior no significa, por supuesto, que no sea de vital importancia el papel que el Estado debe cumplir. Por el contrario, como afirma el vicepresidente del organismo internacional, “los gobiernos pueden desempeñar un rol habilitador vital creando un entorno que estimule la demanda de mano de obra”.

Eso exactamente, más que un Estado que a través de sus empresas y reparticiones burocráticas asuma el papel de distribuidor de empleos, es lo que nuestro país necesita.


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