Ed. Impresa EDITORIAL
LA DIVISIÓN, UN RECURSO POCO FIABLE
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 9/10/2012
Dados los antecedentes históricos, cuesta entender las razones por las que las fuerzas gubernamentales se empecinan en dividir a las organizaciones sociales
La historia del país es rica sobre el decurso de los intentos que desde el poder se hicieron para dividir a las organizaciones de la sociedad, cuando éstas, en su tronco matriz, no se adherían al régimen de turno. Sin embargo, se ha tratado de una “táctica” que en el mediano y largo plazo siempre terminó convirtiéndose en un factor más en contra de sus autores.
En la historia contemporánea, probablemente el primer intento frustrado de dividir a la Central Obrera Boliviana (COB) fue en la segunda mitad de los años 50, cuando se pretendió crear la “Cobur”, intento frustrado que no sólo que no sirvió para lo que fue creada (apoyar al régimen de turno), sino que se convirtió en una de las causas de su deslegitimación.
Fue a partir de 1971, una vez instalada en el poder la dictadura presidida por Hugo Banzer cuando, aprovechando la dura represión a la mayoría de la dirigencia democráticamente elegida, se creó la figura de los “coordinadores sindicales”, que asumieron las direcciones de esas organizaciones. Para buscar su legitimación, el régimen no les mezquinó recursos y, aunque con algunas reticencias, debieron participar en permanentes actos de inauguraciones de sedes, canchas, escuelas, etc.
Esta institucionalidad paralela duró lo que el régimen. A su caída, una de las primeras demandas fue decretar su desaparición y hubo sanción social y moral a quienes aceptaron ser “coordinadores”. Pero, la dictadura de Luis García Meza Tejada repuso la figura y el método, que duraron hasta 1982, cuando se abrió el período democrático más largo de la historia del país.
Desde entonces, las divisiones que hubo en los sindicatos y gremios fueron consecuencia de pugnas políticas y personales, que se impusieron a la consigna de privilegiar la “unidad” frente al enemigo común, las dictaduras. Además, corresponde anotar que pese a los embates de la realidad, las entidades “matrices” mantuvieron, no sin serias pugnas, la unidad.
Sin embargo, probablemente como parte del despertar de lo local frente a lo nacional y la aparición de actores políticos “unipersonales” formados en el autoritarismo, desde el poder local se entrometieron en diferentes organizaciones provocando su fractura de la que hasta ahora no se pueden recuperar.
Con estos antecedentes cuesta comprender la razón por la que el Gobierno del MAS, que afirma tener su fuente en aquella tradición sindical, provoque divisiones en organizaciones sociales para conseguir la sumisa adhesión de esos sectores. El caso más paradigmático es su abierta intervención en las organizaciones de los pueblos del oriente boliviano, utilizando, además, todas las tácticas de los Gobiernos dictatoriales (represión al disidente, así sea legítimo dirigente, prebenda al adherente).
Revisando el destino de esta táctica, es de esperar que las corrientes democráticas del MAS puedan ayudar a rechazar estas actitudes y recuperar el respeto a la legítima estructura y representación de las organizaciones, política que no sólo beneficiaría a éstas sino al Gobierno mismo que, si se mantiene en la línea de la división, sólo cosechará deslegitimación.
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