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LA MANZANA UNO, TODA UNA LECCIÓN

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 28/10/2012


La experiencia cruceña es toda una lección que deberá ser aprendida tanto por quienes valoran como por quienes desdeñan la actividad cultural

Hace unos días, cuando el presidente de la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz envió a los responsables del espacio cultural Manzana Uno una carta en la que en términos perentorios les ordenaba desalojar el edificio que alberga una galería de arte para destinar esos espacios a oficinas para los diputados titulares y suplentes, muy lejos estaba de imaginar que su acto tendría resultados diametralmente opuestos a los que se proponía. Lo único que logró fue desencadenar una reacción cuyo vigor no sólo daría fin con sus pretensiones, sino que daría a los artistas cruceños un triunfo que se plasma no sólo en la preservación de los espacios que hoy tienen en pleno centro de la ciudad, sino en la ampliación de los mismos.

El hecho ha sido memorable por muchas razones. La primera es que nunca antes se había visto en nuestro país una movilización social tan espontánea y vigorosa en defensa de un espacio de creación artística y cultural.

Tan notable como lo anterior, porque también marca un hito en la ya muy rica tradición de movilizaciones ciudadanas, es que no fue en las calles, con medidas de hecho, paros, bloqueos o dinamitazos como la presión de la ciudadanía se hizo sentir. Fue a través de las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter, que varias decenas de miles de personas —ancianos, jóvenes y niños, hombres y mujeres de toda edad— se manifestaron y en menos de 24 horas hicieron prevalecer su causa. Una tercera, la credibilidad y capacidad de convencimiento de sus responsables ante todos sus interlocutores. Y, también, la apertura de algunas autoridades y su adhesión a la demanda ciudadana.

“Son sólo dos personas las que se benefician de ese espacio”, decía el presidente de los parlamentarios cruceños al justificar el despropósito en que estaba empeñado en nombre de todos sus colegas. Tan desaprensiva afirmación fue puesta en ridículo en pocas horas, pues más de 10.000 personas se aglutinaron alrededor en Facebook y Twitter con la consigna de defender la galería de arte dirigida voluntariamente por una pintora y un escultor.

Lo que motivó tan vigorosa reacción colectiva no fue sólo la defensa de un espacio físico, sino todo lo que él representa para la gente que en Santa Cruz, y precisamente gracias a este tipo de escenarios, ha desarrollado la capacidad de valorar las distintas expresiones artísticas. Es gente que, a diferencia de los parlamentarios que quieren oficinas en plena plaza principal cruceña, no cree que las exposiciones de pintura, escultura, fotografía, instalaciones, diseño gráfico, artes aplicadas, o las múltiples exposiciones temáticas (carnaval, teatro, niños, folklore, historia, no videntes, fotoperiodismo) o los talleres de formación y encuentros nacionales e internacionales que durante los últimos años se han realizado en la Manzana Uno, sean algo superficial y elitista.

En fin, entre lo más valioso de la lucha que todavía está librándose alrededor de la Manzana Uno, ya no para preservar el lugar, sino para ampliarlo y reproducirlo en otros barrios, es que da un ejemplo de lo que puede y debe hacerse en otras ciudades de nuestro país. Sirve, además, para que quienes ven con desprecio o indiferencia las actividades artísticas y culturales, piensen más de una vez antes de atreverse a hacer algo en su contra.


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