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LA ELECCIÓN, BASE DE LA DEMOCRACIA

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 30/10/2012


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Las elecciones de Chile y Brasil, pese a sus deficiencias, confirman que el permanente perfeccionamiento es parte inherente del sistema democrático

Verdad de Perogrullo es que la realización periódica de elecciones libres, plurales y secretas, es condición sine qua non de la democracia, así como la plena confianza en que los resultados que se obtendrán serán verdaderos y respetados. Así, un sistema democrático demostrará estar consolidado cuando las elecciones se convierten en rutina cívica que permite periódicamente premiar a las autoridades que cumplen y sancionar a las que no lo hacen.

Así ha sucedido en Brasil y Chile el domingo, donde se realizaron sendas elecciones de autoridades regionales que dan cuenta de una consolidación democrática, sin que ello signifique que no deberán realizar importantes ajustes para evitar su deterioro.

En Brasil, el Partido de los Trabajadores (PT) mantiene su fuerza electoral, pese a los juicios instaurados contra muchos de sus jerarcas por corrupción y las sanciones que muchos de ellos han recibido. Además, su victoria en San Pablo al recuperar la alcaldía significa un golpe de gracia a su principal partido rival, el PMDB, del que le será difícil recuperarse.

Empero, estos resultados  dan cuenta de un aspecto preocupante y común en muchos países de la región: mientras se sientan beneficios concretos, la gente deja en un segundo plano aspectos éticos de la acción política (en Cochabamba se dio este tipo de situación en pasados años, que se resumió en aquello de “roba, pero hace”, expresión que a la postre resultó afectando al conjunto político y al propio sistema democrático). Es decir, la democracia exige recuperar también un compromiso ético profundo con el bien común.

El caso chileno muestra tres variantes interesantes. Una, se trata de elecciones en las que el voto no es obligatorio (como lo es en la región), habiéndose presentado un ausentismo que ha llegado a niveles alarmantes. Esto exige al sistema político-partidario asumir la gravedad de esa realidad y buscar la forma de revertirla porque, de lo contrario, el sistema democrático es el que sufrirá las consecuencias por cuanto si no hay participación, en verdad, no hay democracia.

Otra característica particular en el caso chileno es que se observa una reducida movilidad social. En todo el espectro político (de izquierda a derecha) se encuentra que los mismos apellidos se disputan los espacios públicos desde hace más de 40 años, realidad bastante diferente de lo que sucede en otras naciones del continente.

Por último se debe anotar, porque tendrá también repercusión internacional, que los resultados muestran un retroceso fuerte de los partidos de gobierno y un avance de los de centro izquierda. Particularmente interesante es que los candidatos, hombres y mujeres, que expresaban más al pinochetismo y su herencia, han sufrido una importante derrota que, además, ha permitido que se quiten el disfraz de cordero del que se valieron, como demostró el perdidoso candidato de Providencia, elegante barrio de clase media alta santiaguina, un ex represor político.

Se trata, finalmente, de avances, con sus problemas, del sistema democrático en la región, cuyo permanente perfeccionamiento es parte inherente de él, pues la democracia es la búsqueda de acuerdo y no la imposición de voluntades mesiánicas.


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