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Mensajes confusos

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 20/01/2013


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NUESTRA PALABRA

Lo que esta forma de actuar pone en evidencia es una profunda desorientación, que poco bien le hace al país, al Gobierno y a su imagen

Cerca al inicio del octavo año de gestión, las decisiones políticas adoptadas por el Presidente del Estado en los últimos días provocan profundas confusiones. De una u otra manera, como en el campo político-económico el intento frustrado de incrementar los precios de los carburantes a fines del año 2010 marcó un rompimiento con parte de su base de sustento social, y la actuación de su Gobierno en el tema de la construcción de la carretera Cochabamba-Beni atravesando el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) significó un rompimiento con el movimiento indígena de tierras bajas, el descubrimiento y las investigaciones de una red de extorsionadores en el seno de los más importantes ministerios de su Gobierno afecta el discurso ético que ha sustentado su acción política y provoca el alejamiento de otros importantes sectores.

Si a ello se agrega su apoyo incondicional a quienes son, al menos, responsables políticos de dicha red y se sanciona a quienes han exigido su esclarecimiento, poniendo incluso, como no había sucedido antes, su propia imagen en juego, obviamente corresponde indagar acerca de cuáles son las razones que le guían para actuar de esa manera.

Una, que por los tejemanejes del poder se pierde una visión integral de la realidad. Por ello, el Presidente podría percibir que hechos como los que se comenta no son sino obra de grupos opositores interesados en derrocar al régimen. Además —y probablemente bajo influencia foránea— la permanente recurrencia al “imperialismo” estadounidense como origen de todos o la mayoría de los problemas de esta gestión es una vieja táctica de la época de la Guerra Fría que no lo ayuda mucho.

Otra, que el Presidente considere que introducir cambios importantes dentro de su estructura de gobierno podría mostrar signo de debilidad por las presiones existentes o, lo que sería tan o más peligroso, que crea que no hay más gente a la que recurrir para ser colaborado. De hecho, hasta no hace mucho varios dignatarios anunciaban su salida del gabinete e incluso la madre de una ministra, mediante solicitada, aseguró que la hija renunciaría a pedido de la familia. Es decir, la posibilidad de introducir cambios en su gabinete no era consecuencia de rumores interesados, sino informaciones de fuentes concretas.

Adicionalmente, y como hemos señalado en forma insistente, la decisión presidencial de vetar la reelección de la diputada Rebeca Delgado como presidenta de la Cámara de Diputados en razón a dos observaciones legítimas y pertinentes que ella hizo, ratificó una vieja percepción del ejercicio del poder que un exmandatario militar graficó al afirmar que prefería un gramo de lealtad a kilos de conocimiento. 

Obviamente, de la misma manera en que hoy ratifica a su gabinete y su equipo de gobierno más cercano, mañana puede variar de criterio e ir prescindiendo de sus colaboradores. Así, en todo caso, ha actuado desde su ascensión al poder, de manera de dejar claramente sentado que él ejerce el poder decisional en el país. Sin embargo, por los antecedentes mencionados, en esta concreta etapa, lo que deja esta forma de actuar es una profunda desorientación, que poco bien le hace al país, a su propio Gobierno y a su propia imagen.


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