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Mirar hacia el futuro

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 3/03/2013


NUESTRA PALABRA

El Gobierno boliviano se ha anotado una victoria que ojalá pueda ser correctamente asimilada en beneficio del interés nacional

Felizmente, por una combinación de factores el incidente entre los gobiernos de Bolivia y Chile a raíz del arresto de tres conscriptos bolivianos por la Policía de esa nación, cuando en cumplimiento de una misión en contra del contrabando cruzaron la frontera en posesión de un arma, puede ser abordado con visión de futuro, una vez que los efectivos han sido devueltos al país.

Antes, se puede sostener que la actitud de las autoridades chilenas en este caso fue sobredimensionada al punto que incluso internamente su Gobierno ha sido severamente cuestionado, salvo en los sectores más conservadores de ese país que, además, se sienten profundamente preocupados por el desgaste político de esta gestión presidencial.

No hay que olvidar que al actual Mandatario chileno se le impuso una delicada misión: recuperar la legitimad de una derecha muy cuestionada por su adhesión con el régimen militar encabezado por Augusto Pinochet y, como condición para ello, deslegitimar a los gobiernos de centroizquierda liderados por la Concertación desde la recuperación democrática. A estas alturas, queda cada vez más claro que el presidente Sebastián Piñera no ha conseguido ninguno de esos objetivos y aunque, como en muy pocas oportunidades en la historia de ese país, ha intentado aprovechar la política internacional para alcanzar réditos internos, el balance final muestra un resultado poco exitoso.

En el país, en cambio, el Gobierno boliviano se ha anotado una victoria que ojalá pueda ser correctamente asimilada en beneficio del interés nacional. Esto exige prudencia, evitando expresiones triunfalistas. Es decir, dar paso a un análisis riguroso del curso de los acontecimientos, más aún cuando, a diferencia de lo que ocurre en Chile, tenemos la permanente tarea de buscar una salida al océano Pacífico, y para este fin se debe crear, mejor temprano que tarde, espacios de diálogo fructífero. Además, no se debe olvidar que con ese país mantenemos una amplia agenda como corresponde a dos naciones que comparten una extensa frontera.

Adicionalmente, habría que evitar que los reales sentimientos de molestia que ha mostrado la población ante la actitud de las autoridades chilenas frente a los tres conscriptos se transformen en sentimientos chauvinistas que ningún bien hacen a la consecución de nuestra demanda marítima. En la medida en que dichas actitudes sean correspondidas con actos dignos, pacíficos y firmes, y no con las bravuconadas que expresan algunos áulicos, se sumará fuerza a nuestra demanda y a la posición del país en la atención de los otros temas de la agenda común. En cambio, alentar o aprovecharse de sentimientos chauvinistas constituiría un gran error y perjuicio contra los valores de la tolerancia y la paz.

En definitiva, el Gobierno y el país deben recuperar el mensaje de fondo que el Presidente lanzó en Santiago en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) —opacado por el incidente— en sentido de que una vez resuelto el problema del enclaustramiento boliviano, la relación entre Chile y Bolivia será mutuamente beneficiosa, dados los elevados niveles de complementariedad existentes.


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