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SEÑAL DE ALARMA

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 5/03/2013


Para evitar que la escasez de agua dé lugar a mayores disputas, es necesario un sólido pacto social alrededor de un plan regulador de la expansión urbana

El predominio de la actividad política en la agenda pública hace que muchas autoridades y la propia sociedad dejen de lado la atención a problemas fundamentales de la vida de la gente, que poco a poco adquieren cada vez más gravedad y son potencialmente explosivos.

Uno de ellos, y en el que insistimos hasta casi caer en la impertinencia, es el del acceso y uso del agua. La obsesión por Misicuni y, al mismo tiempo, la ocupación de tierras con fines de loteamiento y construcción cerca a los acuíferos naturales de Cochabamba, hacen que comiencen a registrarse hechos de violencia por conseguir este básico insumo de la vida humana. Si a ello se agregan las necesidades de agua para riego y, por ende, la producción agrícola, la situación se hace más compleja aún.

Las peleas entre vecinos de Tiquipaya y Taquiña en los últimos días que se hacen cada vez más violentas, son una muestra de esa situación. Es que la mancha urbana crece sin responder a mínimos criterios de planificación; así, aumenta en forma descontrolada la construcción de altos edificios y condominios, sin que se adopten recaudos sobre la provisión de servicios básicos, sobre los cuales se comienza a presionar una vez que las obras ya están hechas, y las alcaldías —fundamentalmente las del eje metropolitano—son incapaces de controlar esta situación tanto por falta de recursos humanos, económicos y, sobre todo, técnicos, como por la banalidad de muchos de sus funcionarios. En ese marco de irracionalidad, es, pues, natural que el agua comience a escasear.

Adicionalmente, hay una gran capacidad de dirigentes maliciosos en utilizar la retórica político-ideológica para aprovechar el esfuerzo de otros en función a los suyos y no, como aseguran, de gente desposeída. Es que hay una estructura informal, que linda con lo delincuencial, que aprovecha el desordenado crecimiento de la población urbana con fines absolutamente particulares, realidad que tarda en ser reconocida por las autoridades.

Pero, lo cierto es que cada vez se requiere más agua. Por tanto, es preciso reflexionar sobre el tema en forma transparente y adoptar las medidas que se considere mejores y no actuar sólo en función a la presión circunstancial.  Asimismo, es preciso, de una buena vez, que las municipalidades del eje metropolitano de Cochabamba, junto con la Gobernación, encaren este tema en forma mancomunada buscando soluciones de largo plazo y no en mera función de sus intereses electorales.

Para ello, deben comprender que si en el plazo inmediato no se atiende esta tarea, sobrevendrán en mucha mayor cantidad hechos como los que estamos viviendo en las proximidades de la Taquiña, porque, más allá de quienes se aprovechan de estas condiciones de precariedad, la gente necesita agua para sobrevivir.

Todo ello obliga a insistir en que es necesario establecer un sólido pacto social dirigido a buscar la satisfacción de la demanda de agua de la población en el mediano y largo plazo en forma racional y sostenible, y hacerlo, además, antes de que sea tarde y en forma integral, lo que exige un plan regulador de la expansión urbana en Cochabamba. Se trata, pues, de un desafío ineludible.


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