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TARIJA EN SU ANIVERSARIO

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 15/04/2013


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Desde hace 196 años, Tarija trata de armonizar sus propios intereses con los del país, objetivo que muchos tarijeños ven más lejano que nunca

El 15 de abril de 1817, hace 196 años, se libró la batalla de La Tablada, en la que los “montoneros” comandados por Eustaquio Méndez derrotaron al ejército realista. A partir de ese día, en Tarija, punto de encuentro entre el Alto Perú y las provincias del Río de la Plata, se inició un proceso que aún no concluye en pos de dos objetivos que para los tarijeños siempre fueron complementarios: la preservación de su propia identidad y autonomía, en armonía con su integración y pertenencia a una unidad mayor que pudiendo haber sido Argentina, resultó siendo la que hoy es Bolivia.

Fue esa doble fuente de su peculiar identidad —la vocación autonómica y la consciencia de su pertenencia a un país— la que hoy, como viene ocurriendo desde hace 196 años, pone su sello distintivo a la efeméride tarijeña. Es que si bien su pertenencia a Bolivia está fuera de toda duda desde que sus habitantes optaran por incorporarse a la naciente República de Bolivia y desligarse de Argentina, su demanda autonómica está todavía pendiente.

Paradójicamente, a pesar de haberse puesto en vigencia en nuestro país un régimen autonómico, quienes consideran que Tarija llega a este aniversario con sus expectativas autonómicas nuevamente postergadas no están equivocados. Es que, como es fácil constatar, el centralismo estatal se ha dado modos para burlar el espíritu autonómico y ha logrado así reducir a ese departamento, tanto en términos económicos como políticos, a una especie de apéndice del poder central, que actúa en esta región con exceso de prepotencia e ineficiencia.

Tal situación se refleja, para pesar de los tarijeños, en una muy notable falta de correspondencia entre la abundancia de dinero que le ha dado su riqueza gasífera y las mejoras en la calidad de vida cotidiana de sus habitantes, como era de esperar.

Que así sea es por demás lamentable, si se considera que frustración es lo que menos cabría esperar en un departamento que cuenta con extraordinarias condiciones para gozar de todo tipo de prosperidad. En efecto, son tan cuantiosas las sumas que Tarija recibe por concepto de regalías y otras cuotas de participación en las exportaciones gasíferas, que el ingreso per cápita de ese departamento es, de lejos, el más alto de Bolivia. Y como si eso no fuera suficiente, todas las proyecciones hacia el futuro inmediato apuntan a una constante mejora.

Paradójicamente, nada de eso ha servido para ampliar la base productiva del departamento. Por el contrario, la hasta hace no mucho pujante actividad agrícola, la pequeña pero importante industria manufacturera, y otros rubros como los servicios no vinculados a la actividad extractiva de los hidrocarburos no han dejado de achicarse, alejando a Tarija de la diversificación y haciendo a su erario  y a sus habitantes, cada vez más dependientes de la renta gasífera y de quienes se hicieron de su control.

En esas circunstancias, resultan comprensibles los sentimientos de frustración con que conmemora su efeméride una de las regiones que con más paciencia y perseverancia ha luchado por armonizar sus propios intereses con los del país. Injusta situación que, es de esperar, pueda ser rectificada en un futuro no lejano.

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