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DÍA DEL PERIODISTA BOLIVIANO

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 10/05/2013


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Perseverar en la defensa de las libertades sin las que sería imposible realizar una labor periodística idónea, es el compromiso que renovamos una vez más

Hoy, 10 de mayo, se conmemora el Día del Periodista Boliviano. Se lo hace desde hace 75 años, cuando en 1938, el dictador Germán Busch dedicara la fecha a homenajear a los trabajadores de la prensa mediante el reconocimiento de esta actividad como una profesión y la concesión del derecho a la jubilación.

También en esta misma fecha, pero de 1865, otro dictador, Mariano Melgarejo, condenó a muerte a Cirilo Barragán, uno de los precursores del periodismo moderno en nuestro país, y al poeta Néstor Galindo. Ambos fueron eliminados por haber expresado, a través de la prensa el primero y de la creación literaria el segundo, sus opiniones adversas al régimen por entonces imperante.

Sea coincidencia o no, lo cierto es que ambos hechos, cada cual a su manera, son todo un símbolo de las múltiples facetas que suelen tener en todos los tiempos y en todas las latitudes las conflictivas relaciones entre el poder político y la labor periodística. Es que actitudes aparentemente tan opuestas como el afán de congraciarse con los periodistas, o el de eliminarlos, tienen algo en común. Es el deseo de neutralizar la mirada vigilante y crítica hacia los actos de quienes detentan el poder que suele caracterizar, aunque no siempre ni en todos los casos, a quienes han hecho del periodismo su misión.

El tiempo transcurrido entre ambos acontecimientos y el presente es relativamente grande, sobre todo si se considera la enorme magnitud de los cambios que han hecho del periodismo una de las actividades que más intensamente ha ido evolucionando al ritmo de los nuevos medios tecnológicos. Sin embargo en lo esencial, que es lo que importa, y más allá de las variaciones formales, los motivos y los hechos que hoy se recuerdan conservan plenamente su actualidad.

Es verdad, y ese no es un pequeño detalle, que en nuestro país ya ningún gobernante, por mucho que así lo desee, puede afrontar las críticas de sus adversarios con la severidad con que lo hizo Melgarejo. Ya ni siquiera es concebible que los gobernantes recurran a métodos como los que por similares razones se emplearon para acallar a esta institución periodística cuando en 1953 fueron totalmente destruidas las instalaciones de Los Tiempos.

No es menos cierto, sin embargo, que aún siendo ajenos a nuestra realidad actual métodos brutales y directos de censura, ni los periodistas ni las empresas periodísticas están libres de las presiones del poder, así sea a través de métodos más sutiles pero también muy efectivos y útiles para quienes quisieran poder actuar lejos de la mirada vigilante de los periodistas, y por consiguiente de la sociedad. Por eso, mantener frente a las adversidades enarbolados los principios del periodismo libre, tan alejado de las tentaciones como de los temores que provienen del poder político o económico, es tarea de todos los días que nunca perderá actualidad.

Por eso hoy, como todos los años, Los Tiempos, en su doble condición de equipo de periodistas y empresa periodística, renueva su firme voluntad de perseverar en la defensa de las libertades sin las que sería imposible servir idóneamente a la sociedad a la que nos debemos.

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