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Una muy esperada renuncia

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 9/07/2012


La renuncia de Gustavo Quinteros al cargo de director técnico de la selección boliviana ha sido recibida con beneplácito poco menos que unánime. Tanto es así, que incluso algunos de los más encumbrados dirigentes, los mismos que hasta la víspera de la renuncia defendían y justificaban la vigencia del contrato suscrito con el entrenador argentino, dieron elocuentes muestras de alivio y satisfacción.

Es natural que así haya sido, pues aunque con sólo dos notables excepciones en 50 años —el fútbol nacional nunca estuvo entre los mejores del continente— nunca antes había llegado a niveles tan deplorables, lo que en gran medida fue atribuido a la mala labor de Quinteros.

Sin embargo, y pese a lo generalizada de esa opinión, nada podía hacerse porque si bien nunca se hicieron públicos los términos contractuales, sí se sospechaba que había cláusulas que hacían poco menos que imposible un cambio de rumbo. Por eso, debe haber sido grande el alivio que sintieron los dirigentes autores de ese contrato al saber que Quinteros estaba dispuesto a romperlo por propia iniciativa y, mejor aún, pagando 35.000 dólares de multa.

Es evidente, sin embargo, que con tal paso no se resuelve el problema de fondo pues la incómoda presencia del entrenador argentino no fue causa sino consecuencia del problema de fondo, que consiste en la manera arbitraria con es administrado el fútbol nacional. Y no hay nada que permita suponer que eso cambió, por lo que antes de recaer en un desmesurado optimismo vale la pena considerar la posibilidad de que la improvisación y la falta de transparencia continúen haciendo de las suyas.


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