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No se es impunemente poderoso

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 25/08/2012


Lo que está ocurriendo en Colombia es muy aleccionador. En el proceso de sinceramiento con el pasado uribista hay un alto oficial de la Policía de ese país, retirado, que en Estados Unidos ha admitido que durante la época en que gozaba del poder —alegremente concedido por el exmandatario Álvaro Uribe, al nombrarlo, pese a las advertencias que ya surgieron en su contra, jefe de su seguridad— entabló negociaciones con el “paramilitarismo”, devenido en bandas delincuenciales, que actuaba coludido con mandos militares y policiales contra los grupos guerrilleros y campesinos de esa nación.

Como se va descubriendo día que pasa, la violación de los derechos humanos en ese tiempo fue una constante que sólo pudo ser ocultada por el sentimiento de seguridad que aquel mandatario daba a su población, cansada de tanta violencia sin sentido. Legitimado por un elevado porcentaje de votos, Uribe se fue sintiendo omnipotente, al punto que incluso, como muestran muchos documentos, se dedicó a espiar a jueces, parlamentarios y opositores; sobornar a parlamentarios y transar con grupos ilegales.

Hoy se va develando la verdad y además de que varios de sus más estrechos colaboradores ya están procesados y en la cárcel, se especula que el propio exmandatario puede terminar en similar destino e, incluso, extraditado...

Se trata, por donde se analice, de un llamado de atención a quienes se sienten con la capacidad de hacer lo que les viene en gana desde el poder y, también, a quienes buscan eternizarse en él. En definitiva, Colombia es un otro ejemplo de que nadie es impunemente poderoso.


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