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Soldados del proceso

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 28/09/2012


Por donde se analice, la retórica militarista que domina el mundo de los Gobiernos identificados con el socialismo del siglo XXI, muestra, por decir lo menos, un retorno a tiempos de las dictaduras militares en los que la voz del mandamás de turno, elegido en conciliábulos entre comandantes de fuerza y unidades que sobre el papel determinaban quiénes tenían más fuerza, se acataba sin chistar.

Es que es eso lo que hace y debe hacer un soldado: no delibera, sino que cumple con subordinación y constancia, la orden que el inmediato superior le imparte, en una jerarquía rigurosa que no admite ninguna deliberación, salvo, conforme norman constituciones progresistas, que una determinada orden signifique violar un derecho constitucional, oportunidad en la que, con mucho riesgo, el inferior puede representar.

Esto se explica porque las Fuerzas Armadas tienen el monopolio de las armas, de la fuerza, por tanto, sus miembros deben acatar las órdenes que provienen de las autoridades legítimamente elegidas para administrar el país. Así, además, norma la Constitución Política del Estado.

Con esos antecedentes, lo que los sistemas democráticos deben formar son ciudadanos; es decir, personas que gozan de derechos y tienen deberes que cumplir, constitucionalmente definidos; que  ejercen su libre albedrío y tienen capacidad de apoyar y disentir; de deliberar y poder contraponer ideas sin que eso sea sancionado.  En fin, ser personas que, de ninguna manera, acatan instrucciones, sino participan de decisiones.

Mal pues que algunas autoridades se sientan “soldados del proceso” que llevan adelante y no ciudadanos libres que creen en él.


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