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Afán legislador
Por Redacción Central | - Los Tiempos - 17/10/2012
Cuando la experiencia enseñe a los políticos emergentes que sin un sistema debidamente institucionalizado lo que corresponde es preocuparse por la aplicación de las leyes vigentes antes que por sancionar nuevas para responder a situaciones circunstanciales, el trabajo que los futuros asambleístas tendrán que desarrollar será realmente espectacular.
Lo que sucede —y desde siempre— es que, en nuevas experiencias, debe dar un gusto especial el manejo personal del poder concedido por el jefe y las urnas. Probablemente, al proponer alguna norma que no le ha sido instruida —porque algún vecino de su jurisdicción se lo ha sugerido o ha ocurrido algún suceso extraordinario— el novel legislador debe creer que el poder que tiene es propio o que la aprobación de una iniciativa suya le permitirá cosechar algunos votos.
Pero, lo cierto es que salvo las leyes fundamentales promulgadas para aplicar la nueva Constitución Política del Estado (muchas de las cuales, como reconocen oficialistas y opositores en arranques de sinceridad, deberán ser también profundamente reformadas) hay otra serie de normas específicas que por lo general amplían lo odioso de las normas penales, y que, por un lado, ya están incluidas en los códigos y leyes vigentes y, por otro, atentan contra los principios constitucionales básicos de defensa de derechos humanos. Además, este entusiasmo legislativo muestra una visión profundamente autoritaria y conservadora de la realidad, visión que ya desde fines del siglo XIX las corrientes progresistas intentaban modificar radicalmente.
En resumen, el afán de promulgar leyes a diestra y siniestra de los nuevos asambleístas está sembrando una agenda compleja de reformas que deberá ser ejecutada en los próximos años.
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