Las adversidades no detienen a Justino, el lustrabotas que lucha por su familia

09/05/2019
Justino llegó a Cochabamba desde Potosí hace 20 años en busca de mejores oportunidades laborales.

Christian Burgos

Como si se tratase de una delicada y lujosa joya que debe quedar brillante, cuidando hasta el más mínimo detalle y con una excesiva concentración, Justino Huanca Calle lustra zapatos en la plaza 14 de Septiembre de Cochabamba todos los días. La pérdida de su pierna nunca lo estancó e impidió que salga adelante llevando el pan a su familia.

Justino llegó a Cochabamba desde Potosí hace 20 años en busca de mejores oportunidades laborales. “No había trabajo y muchos viajaban. Difícil era encontrar un trabajo y como no tengo profesión peor. Ahora son casi 15 años que estoy lustrando zapatos en la plaza”, relata con una sonrisa que nunca borra de su rostro.

Trabaja todos los días, incluidos los domingos y feriados. Asegura que no hay descanso para él porque tiene la necesidad de ganar todo el dinero que pueda para sostener a su familia.

“Trabajar aquí es lindo pero hay que tener paciencia, atender bien a los clientes, hay que lustrar bien los zapatos y sobre todo ser muy amable. Uno tiene que hacerse conocer y tiene que hacer bien su trabajo porque así nos aumentan un poco unos centavitos los clientes”, relata el lustrabotas de 41 años.

El año 2000 consiguió un trabajo de cargador de ladrillos. Vio en esa labor una oportunidad para salir adelante y eso le provocó mucha felicidad; sin embargo, una tragedia frustró sus sueños por completo.

Mientras realizaba su trabajo, un camión cargado de ladrillos se volcó. Estuvo a punto de librarse del accidente, pero su pierna derecha quedó atrapada y finalmente amputada.

“Fue en la zona sur cuando trabajaba en la ladrillera. Mi compañero tenía el camión y se volcó ahí y me han aplastado. El dueño no me quiso indemnizar tampoco y he sufrido bastante porque estuve hospitalizado casi medio año también”, cuenta Justino.

Tras permanecer meses bajo cuidados médicos fue dado de alta pero no supo qué hacer pues la pérdida de su pierna le restaba posibilidades para conseguir un trabajo. Intentó ejercer varias labores, pero no tuvo éxito.

Tras insistir, luchar, perseverar y recorrer varios kilómetros con un solo pie, Justino se animó a lustrar zapatos. Tuvo que pedir ayuda a muchas personas, varios le dieron la espalda y tampoco contó con el apoyo de su familia, hasta que alguien le brindó una mano.

Se hizo amigo de otro lustrabotas que le alquiló un puesto. Durante dos años trabajó arduamente para ganar dinero y poder pagar ese alquiler.

Después pasó a la modalidad de anticrético durante un año y tras juntar los suficientes recursos económicos compró el puesto del que ahora es dueño. “Me he buscado una esquina clave donde circula más gente”, señala Justino.

Tuvo la fortuna de conocer a una persona muy especial que ahora es su compañera de vida y la madre de sus dos hijos de 11 y 18 años. Un año después de su accidente se casó y formó la familia por la que lucha todos los días.

El mayor sale bachiller este año y el próximo debe ingresar a la universidad. “Yo siempre les digo a mis hijos que tienen que estudiar para salir adelante, que tienen que estudiar para no sufrir, tienen que ser personas de bien” dice convencido mientras lustra los botines negros de un joven.

Historia de vida Las adversidades no detienen a Justino, el lustrabotas que lucha por su familia

Además de su labor como lustrabotas, Justino es parte de Nuevo Amanecer, una asociación de personas con discapacidad que realiza diferentes actividades para ayudar a los ciudadanos que tienen capacidades especiales.

Él es parte del sindicato de lustrabotas Primero de Mayo, que está conformado por más de 70 trabajadores del rubro, distribuidos en lugares estratégicos de la ciudad. Insiste en que es un trabajo sacrificado pero que le trae muchas alegrías.

A su experiencia de vida, se suma la cantidad de historias que ha escuchado, de las miles de personas a las que lustró sus zapatos. Asegura que son muchas anécdotas alegres pero también tristes las que ha tenido que conocer.

Entre sus grandes deseos está el anhelo de conseguir una prótesis que le ayude a caminar mejor ya que las dos muletas que lo ayudan a movilizarse no le permiten hacer muchos movimientos que son parte de su trabajo diario.

Desde hace seis años dejó de usar prótesis porque la que tenía se dañó y dejó de ser útil para él. “He pedido a muchas autoridades ayuda con cartas pero nunca me han respondido, la prótesis cuesta como tres mil dólares y eso es imposible para mí”, afirma.

Pese a todas las adversidades, Justino es feliz y tiene muchas ganas de luchar intensamente y cada día por él y sus seres queridos. Como muchos otros, no tiene una vida fácil; pero sí la esperanza intacta y el valor que caracteriza a las mejores personas.

 

Si usted desea ayudar a Justino puede contactarse con su número de celular 71454841. También se lo puede ubicar en la esquina sudeste de la plaza 14 de Septiembre.

Créditos redacción: 

Redacción: 
Christian Burgos

Créditos fotografía: 

Fotos y producción audiovisual: 
Gerardo Bravo