Desastres naturales: ¿estamos preparados?

19/02/2018

Yvonne León

Cinco de la tarde, muchas personas comienzan a preparar una merienda junto a sus familias, otras reciben una visita, algunos niños siguen jugando fuera de sus casas aprovechando los últimos minutos de luz natural junto a sus mascotas.

La vida parece transcurrir apacible, mientras a unos cuantos kilómetros una masa de barro, piedras y escombros se abre paso con fuerza. Un testigo no puede creer lo que ve, se acerca y surca entre las casas destruyendo todo, muchos empiezan a correr.

En ese momento solo una pregunta: ¿qué está pasando?

El martes 6 de febrero, varios puntos de la cuenca Taquiña se desprendieron y desembocaron en el río que lleva el mismo nombre y pasa por el área urbana de Tiquipaya, ubicado a 10 kilómetros de Cochabamba.

La fuerza del lodo y las rocas que llegaron desde la cordillera mató a cinco personas, sepultó casi 50 viviendas, y más de 200 fueron afectadas.

Unos días después, los vecinos de La Maica, ubicada en la zona sur de la ciudad de Cochabamba, vieron cómo la lluvia cubrió sus pertenecías y mató a animales pequeños. Desde hace varios días viven con el agua a la cintura.

Este panorama se repite en varias zonas del departamento y el país. Según el reporte del Ministerio de Defensa del 15 de febrero de 2018, 17 municipios de Bolivia fueron declarados zonas de desastre y 22 en emergencia. Además, 64 tienen alerta amarilla, 83 alerta naranja y 2 roja.

¿Qué es un desastre natural?

“La definición de desastre natural es cualquier evento catastrófico causado por la naturaleza o los procesos naturales de la tierra (…) Los eventos que se producen en zonas despobladas no se consideran desastres. Así, una inundación en una isla desierta no contaría como un desastre, pero a una inundación en una zona poblada se le llama desastre natural”, explica la página web del Centro Nacional de Apoyo para Contingencias Epidemiológicas y Desastres (Cenaced) de México.

Durante los últimos años la mancha urbana creció considerablemente en las diferentes ciudades del país, casas de varios pisos y edificios van copando el paisaje, en muchos casos hay zonas que son vulnerables.

“Casi todas las ciudades de Bolivia están creciendo de forma muy desordenada sin ninguna planificación y casi todas las ciudades carecemos de sistemas buenos de drenaje”, critica la ambientalista Carmen Capriles.

La noche del 11 de febrero, la avenida Blanco Galindo desde el kilómetro 6 1/2, que conecta a la ciudad de Cochabamba con el municipio de Quillacollo, se llenó de agua tras una intensa lluvia como si fueran ríos.

Los vecinos no pudieron dormir, tratando de evitar que el agua ingrese a las viviendas. Al día siguiente, un panorama desolador invadía el municipio de Colcapirhua, por donde pasa parte de la avenida.

Personas desesperadas continuaban intentando vaciar el líquido. El problema: la raíz de un árbol que se quedó estancada en el canal de agua, lo que provocaba la inundación.

En medio de la desesperación, el alcalde de ese municipio, Mario Severich, dispuso romper la capa asfáltica para que el agua pueda fluir.

 

Época de precipitaciones y la influencia del cambio climático

En el país “nuestra época de lluvias es en septiembre y también en abril, pero los meses de mayor riesgo son siempre: diciembre, enero y febrero. Entonces, en cualquiera de estos tres meses se da el punto más elevado de precipitación, este mes va a ser en febrero porque en diciembre a estado en general, enero ha estado muy normal y febrero tiende a estar sobre lo normal”, explica el responsable regional del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), Erick Sosa.

Si bien, estamos en una época que se espera sea lluviosa hay que sumar el factor del cambio climático.

“Lo que pasa es que el cambio climático intensifica los fenómenos climáticos. Por eso es que las lluvias en vez de caer en un periodo más largo caen en menos tiempo y con más velocidad. Por eso se tienen lluvias más intensas. Antes duraban un poco más”, explica Capriles.

Este año se tiene la llegada del fenómeno climatológico de La Niña, que tiene una alteración débil, pero suficiente para provocar mayor precipitación.

"La Niña tiene alguna relación, pero no está al cien por ciento ¿En qué sentido? En nuestro territorio chocan las corrientes del Pacífico, que si tiene influencia Niño/Niña donde la corriente del Atlántico que corre por el Amazonas trae la humedad, trae la lluvia. Entonces, la interrelación del frente del Pacífico y el frente del Amazonas es lo que ocasiona que haya más o menor precipitación. Entonces, le daremos al proceso Niño/Niña un 30 a 40 por ciento de influencia”, explica Sosa.

Capriles añade que lo que se debe comprender es que los cambios climáticos vienen acompañados por las malas prácticas que aumentan el riesgo de sufrir un desastre.

“Por ejemplo, en el Tunari, dentro el área protegida debe haber un manejo para cuenca y ahora se está viendo las consecuencias. Y es fundamental Por eso se tienen aéreas protegidas en Bolivia, gran parte están protegiendo cabeceras de cuenca, es el caso del Tunari, es el caso del Tipnis, Carrasco, Amboró, una parte del Madidi”.

Por su parte, el secretario de la Madre Tierra de la Gobernación, Gonzalo Muñoz, explica que en los últimos 10 años, el país vivió más fenómenos de El Niño, lo que significa sequías.

“Con el cambio climático la nueva norma es la de tormentas, sequías e inundaciones cada vez más severas. A partir de ahora, los lugares más propensos a desastres del mundo deben incorporar el cambio climático en sus preparativos y planes si queremos romper este círculo vicioso de miseria recurrente y destrucción de vidas y bienes”, señaló el representante especial del Secretario de la Naciones Unidas para la Reducción de Riesgo de Desastres, Robert Glasser.

Las declaraciones se dieron en octubre del 2017, durante el Día Internacional para la Reducción de Desastres, que tiene como objetivo “instar a todos los ciudadanos y los gobiernos a que formen parte en los esfuerzos dirigidos a establecer comunidades y naciones más resilientes a los desastres”, según explica su página web.

¿Cómo nos preparamos?

“No podemos prevenir las amenazas de origen natural, pero si no estamos preparados pueden convertirse en desastres ante nuestros ojos”, señala un mensaje de Unicef.

En 2015, representantes de 187 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobaron el Marco de Acción para la Reducción del Riesgo de Desastres en la ciudad japonesa de Sendai, con el objetivo de “sentar las bases para mitigar los daños causados desastres naturales”, señala el portal La Información.

Bajo este compromiso, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), de la que forma parte Bolivia, “han adoptado la Estrategia Andina de Gestión del Riegos de Desastres (Eagrd) por medio de la Decisión 819 de mayo de 2017”, señala el documento Eagrd.

Entre los antecedentes, este escrito menciona las inundaciones y granizadas en Bolivia de 1983, 1993, 2007 y 2008, además de los efectos del fenómeno de El Niño en 2015 y  2016 que acarrearon  “incalculables pérdidas económicas y han desestabilizado sensiblemente las opciones de desarrollo de muchas áreas empobrecidas de la subregión andina”.

El acuerdo de Sendai, recoge cuatro prioridades de acción, entre ellas: comprender el riesgo de desastres y aumentar la preparación para casos de desastre a fin de dar una respuesta eficaz.

Por su parte, el presidente Evo Morales señaló, el 13 de febrero en su cuenta de Twitter, que Bolivia se encuentra "preparada" para enfrentar las inundaciones que afectan al país.

 

 

 

Los últimos eventos muestran que aún queda mucho por hacer, por ejemplo, códigos de edificación obligatorios, sistemas de drenajes eficientes y el mejoramiento de alertas tempranas.

“Donde se presentan estos escenarios, las alertas nos anticipan eventuales consecuencias de estos fenómenos, tenemos que tener todos los cuidados. Entonces hay mucho que plantear el futuro. Tiquipaya fue un sacudón para que podamos hacer esos ajustes”, explicó el secretario de la Madre Tierra de la Gobernación, Gonzalo Muñoz.

También se necesita el apoyo de la población, ya que los malos manejos, como botar la basura a las torrenteras o canales, también son agravantes para un desastre natural.

Por: Yvonne A. León Q.

Fotos y videos: Gerardo Bravo B.