Inestabilidad política, un análisis a los 193 años de independencia de Bolivia

05/08/2018

Christian Burgos

Bolivia cumple 193 años de vida independiente, pero también celebra décadas de un régimen democrático, contados años de estabilidad económica y política; y también periodos de dictadura militar, guerras perdidas y descontento social.

En Latinoamérica los países han denotado una evolución positiva en cuanto a la transición de regímenes militares dictatoriales a sistemas políticos democráticos. El caso de Bolivia se ha caracterizado por encarar reformas constitucionales en medio de escenarios de inestabilidad e intensa crisis política.

Un claro ejemplo de la constante crisis política en Bolivia es lo que ocurrió hasta 1980, con más de 200 golpes de Estado en apenas 155 años de vida republicana. Un periodo en el que 74 mandatarios, con diferentes políticas y lineamientos, condujeron al país.

“Entre el último cuarto del siglo XX y los primeros años del presente siglo (1976-2005), Bolivia ha tenido una importante evolución político-institucional; pues saliendo de un régimen autocrático pasó hacia un régimen democrático representativo, para luego evolucionar hacia un régimen democrático participativo, hasta el intento de construir un régimen democrático representativo, participativo comunitario”, manifiesta el docente de Derecho Constitucional, José Antonio Rivera, en su texto La evolución político-institucional en Bolivia.

De esta manera, Bolivia se constituye en un país que a lo largo de su historia ha tenido diferentes matices políticos, generando de manera gradual un paso libre hacia un régimen democrático abrazado de constante inestabilidad política y social.

LOS PERIODOS MÁS CRÍTICOS QUE ATRAVESÓ BOLIVIA

Para el analista Xavier Jordán, la vida política boliviana, por definición, es crítica y caótica. “Se ha sustentado sobre las figuras coyunturales que han surgido como una especie de mesías y líderes de la población”.

Jordán aseguró que uno de los primeros momentos críticos de Bolivia en el ámbito político fue la presidencia de Andrés de Santa Cruz (1829-1839), un escenario que permitió forjar el concepto de República que se avizora desde el pensamiento crítico. “Creo que Santa Cruz le ha dado la institucionalidad al Estado”, señaló.

Asimismo, el experto destacó la Guerra del Pacífico (1879-1883) como un escenario “determinante para que Bolivia sea enclaustrada dentro de una vida aislada del resto del mundo”, situación que generó inestabilidad política y el inicio de un retraso económico que persiste en el país a raíz de su condición de mediterraneidad.  

Por otro lado, Jordán afirmó que la guerra civil de 1898, en toda la lucha por la capitalía, fue un factor determinante para que Bolivia entre en un proceso de división e instauración de la institucionalidad.

“La política boliviana entra en otra dimensión a partir de los gobiernos liberales, que le han dado al estado un carácter mucho más institucional. Sin embargo, es un periodo que se ha caracterizado por una suerte de rechazo al movimiento campesino”, indicó.

El analista dijo que el momento decisivo “más fuerte” en la política boliviana surgió a partir de dos eventos: la guerra del Chaco (1932-1935) y la consecuencia de esta batalla que es el nacionalismo revolucionario, expresado en la revolución de 1952.

Tras la revolución de 1952, en Bolivia empezó “una nueva historia” mediante una república en la que existen dos “vida paralelas”, el mundo rural y el urbano. “A partir de entonces comienza una lucha férrea por la tenida del poder a partir de los principios nacionalistas”, mencionó Jordán.

Finalmente, el analista afirmó la política en Bolivia también “se moldeó” con las dictaduras militares a partir del gobierno de René Barrientos (1964-1965), la vuelta a la democracia en el mandato de Hernán Siles Suazo (1982-1985), la instauración de un modelo neoliberal en los años 90 y el posterior “salto político” con el Gobierno del MAS (2005-actualidad) que plantea “utópicamente” un sistema socialista.

LA INDEPENDENCIA DE BOLIVIA; EL INICIO DE UNA VIDA POLÍTICA

La independencia boliviana, tras siglos de dominio español, fue un proceso que implicó numerosas batallas. Simón Bolívar y Antonio José de Sucre le dieron cohesión a una causa, que había estado fragmentada y desorganizada.

LAS LÍNEAS POLÍTICAS DEL PAÍS A LO LARGO DE SU HISTORIA
¿BOLIVIA TIENE UN SISTEMA POLÍTICO DE IZQUIERDA EN LA ACTUALIDAD?

A pesar de que del Movimiento al Socialismo (MAS) proclama una línea de izquierda socialista, con carácter antiimperialista e incluso comunista, Jordán dijo que el actual gobierno no tiene “un proyecto y noción del bien común” en base a tendencias izquierdistas y que “se proclama más bien una especie de caudillismo”.

“Bolivia nunca ha sido un país con una tendencia de izquierda. En Bolivia, como en la gran mayoría de los países latinoamericanos, lo que ha primado siempre es el caudillismo, al boliviano le gusta los caudillos”, afirmó Jordán.

En este contexto, explicó que la actual tendencia en el mundo es el retorno a gobiernos autoritarios “que tienen una visión estatal y nacionalista”. “Se quiere retornar a ese periodo que comienza a principios del siglo XX en el mundo, del nacionalismo socialista, beneficiario de las masas obreras, que es un caudillismo basado en la figura de un líder”, señaló.

Inestabilidad política, un análisis a los 193 años de independencia de Bolivia

De esta manera, Bolivia adopta una “política caudillista” basada en la representación de un líder, que en este caso es el presidente, Evo Morales.

Asimismo, la política boliviana apunta a estar siempre enmarcada en una especie de polaridad que se refleja en la actual coyuntura, en medio de un escenario electoral por los comicios presidenciales de 2019.

El poder en Bolivia, en estos momentos, se encuentra en manos de aquellos que fueron relegados por muchas décadas, lo que debería dar paso a un relacionamiento mayor entre todos los sectores sociales, pero nada de esto ocurre.

Los sectores que antes del gobierno del MAS tenían el control del Estado manifiestan un malestar que cada día crece más, lo que provoca una lucha por la retención del poder, y no una pelea ideológica en base a principios, como debería ocurrir en un sistema democrático.

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