Los efectos del calentamiento global en el nevado del Tunari; ¿el daño es imparable?

15/10/2018

Yvonne León

La cordillera del Tunari es uno de los emblemas de la ciudad de Cochabamba, es casi difícil imaginar alguna referencia de Llajta sin este elemento de la naturaleza, al igual que el Cristo de la Concordia y la amplia variedad de comida típica.

Esta imponente montaña podría quedar desnuda en poco tiempo y el hielo que solía tener sólo estaría reflejado en las fotografías.

 “Lo que hace que sea más alarmante es que nos lo advirtieron. Los científicos llevan décadas diciéndonoslo, una y otra vez. Demasiados líderes se han negado a escuchar. Muy pocos han actuado con el enfoque que demandan los científicos. Estamos viendo los resultados”, sentenció el Secretario General de la ONU, António Guterres, durante un discurso hace un mes.

Los pronósticos de los científicos son catastróficos cada día que pasa, el mundo se calienta más pero ¿Podrá el compromiso de los ciudadanos frenar un final amargo?

 

 

¿Cómo influye el calentamiento global?

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El nevado del Tunari está a 5.070 metros sobre el nivel del mar, y es parte de las montañas tropicales del país, cuya característica es recargarse en la época caliente, cuando inician las lluvias en verano.

 “La acumulación de hielo, aproximadamente, ocurre a partir de los 4.000 a los 4.500 metros, quiere decir que a partir de esta altitud la lluvia cae en forma de hielo, nieve o granizo. Entonces, se acumula nieve”, explica el bioclimatólogo, Milton Melgar

Hay que recordar que el calentamiento global es el aumento de la temperatura en la Tierra, y uno de sus efectos es el cambio climático.

“Cambio climático simplemente quiere decir: una alteración una perturbación del sistema de circulación atmosférico planetario, regional”, señala Melgar y explica que esto incide en la formación de  lluvias y el sistema de circulación atmosférico general.

Una de las caracterizas del clima es que es azaroso, variable, y esta peculiaridad es mucho más marcada con el cambio climático.

Melgar explica que ahora no se podría determinar con exactitud la cantidad y lugar de precipitaciones.

“Puede ser que la lluvia con este cambio climático a causa del calentamiento global se presente solamente en los meses de diciembre y enero y llueva muchísimo y lo que es la mitad de enero y la mitad de febrero, aquí la lluvia sea muy poca. O puede ser al revés”, señala el experto.

“Hace 30 años es de imaginar y de suponer que había una mayor acumulación de hielo porque la temperatura del planeta tampoco estaba tan elevada. El hielo acumulado seguramente tenía mayores proporciones y eso se puede corroborar viendo los datos climáticos y los datos meteorológicos”, asevera.

 

El recuerdo

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Cuando las personas pensaban en Tunari, traían a la mente una sensación de frescura por la nieve que lo cubría. 

Incluso se cuenta que se vendían pedazos de hielo traídos desde las alturas del cerro para refrescar las bebidas de los ciudadanos y también era utilizado elaborar raspadillos.

Hace unos treinta años, las nevadas eran tan intensas en el sector que la nieve llegaba hasta la cintura de las personas, cuenta la directora del Programa de Asistencia Agrobioenergetica al Campesino (PAAC) y exencargada de la secretaria de Madre Tierra de la Gobernación, Magdalena Medrano.

Incluso llegó a cobrar vidas humanas. Tres ancianas pastoreaban sus llamas junto a sus nietos, pero fueron atrapados por una nevada.

Los animales y los niños lograron llegar hasta unas grutas, pero las mujeres por su lento andar se quedaron en una pequeña quebrada pensando eso las protegería, sin embargo murieron congeladas. Por esta razón la zona lleva el nombre de “Las Tres Abuelas”.

En antaño, cuentan que el hielo solía durar hasta una semana por lo que algunas grutas se usaban como un refugio al que proveían de alimentos, grasa y fuego.

Sin embargo, hace años que no es necesario usar estos sitios para protegerse de la nieve.

“El 1991 marca un hito en la región porque a partir de esta fecha caen menos nevados, menos lluvias torrenciales en esta región y muchos investigadores a nivel internacional dicen que se debe a una baja de la densidad de masa forestal en esta zona del trópico”, señala Medrano.

Las fotografías de la Fundación de Rodolfo Torrico Zamudio, que salieron en un libro denominado “Cochabamba” y fueron tomadas entre 1890 y 1955, muestran la cantidad de nieve que solía existir.

Las consecuencias

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“La función principal para la declaratoria de área protegida (del Tunari) es para el abastecimiento de agua y protección del valle cochabambino porque si se presentan las precipitaciones como se presentan en el pasado, este acumula agua en todas las pequeñas microcuencas”, explica Medrano.

Por su parte Melgar explica que; “¿Para qué sirve ese hielo? Por supuesto que es una fuente adicional del recurso hídrico porque de ahí puede infiltrar al suelo y recargar los acuíferos que se encuentran en las partes inferiores si bien se llenan con la lluvia pueden significar un aporte extra para estos acuíferos o para las comunidades, la vegetación, la fauna, que habitan en estas altitudes de los 4.000 metros de altitud, hay gente que vive ahí arriba y que depende del agua”.

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Un poblador de las alturas del Tunari se protege del frío y conduce a las llamas por medio de la nieve, en septiembre del 2017.
Carlos López

Hay que recordar que el cambio climático altera los fenómenos climáticos, al punto que no se puede predecir los ciclos pluviales. El cerro Tunari podría tener dos escenarios: sequía o lluvias torrenciales, esto sumado a la falta de vegetación podría inferir en que agua que caiga  podría arrastrar material sólido.

La lucha contra el calentamiento global

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Los árboles tiene la capacidad de modificar el ciclo de las lluvias de crear un microclima que ayuda a atraer agua. Además que ayudar a que la tierra no se deslice cuándo llueve.

 “Si queremos realmente que el parque Tunari se constituya en un área de reservorio para alimentar nuestras fuentes de agua, tenemos que hacer reforestación, tenemos que hacer acciones de protección de sus cuencas y de sus microcuencas”, manifestó Medrano.

Los expertos señalan que lo mejor para reforestar con plantas nativas y pertenecientes al piso ecológico.

“La vegetación fija el carbono al suelo, es lo que mete el dióxido de carbono al suelo está vegetación es que te provee humedad para que tengas lluvia local, es la que te proporciona un clima más fresco, más templado”, explicó Fernández.

Los árboles además ayudan con la purificación del aire, algo muy necesario en una de las ciudades más contaminadas de la región.

Medrano manifiesta que sólo el compromiso de los ciudadanos hará posible la conservación de los recursos.

“No hay tiempo que perder. La ferocidad de los incendios y olas de calor de este verano nos han demostrado el mundo está cambiando ante nuestros ojos. Nos estamos acercando al borde del abismo. Nos estamos acercando al borde del abismo. No es demasiado tarde para cambiar de rumbo, pero cada día que pasa significa que el mundo se calienta un poco más y que se eleva el coste de nuestra falta de actuación. Cada día que no actuamos es un día que estamos más cerca de un destino que ninguno de nosotros queremos”, alertó António Guterres.

Créditos redacción: 

Redacción: 
Yvonne León

Créditos fotografía: 

Fotografía: 
Los Tiempos y Rodolfo Torrico Zamudio