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Ed. Impresa CRISIS | Religión y geopolítica, una mezcla explosiva

Siria: un año más de un conflicto tan antiguo como contemporáneo

Por Redacción Central | - Los Tiempos - 28/12/2012


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POLÍTICA | Bashar Al Assad, heredero de un clan miembro de la secta Alawi, integrante de la corriente chiita, que intenta detener el avance del movimiento sunnita. -   Ap Agencia

POLÍTICA | Bashar Al Assad, heredero de un clan miembro de la secta Alawi, integrante de la corriente chiita, que intenta detener el avance del movimiento sunnita. - Ap Agencia

Por segundo año consecutivo, Siria ha sido uno de los países que con más frecuencia e intensidad ha concentrado la atención noticiosa durante 2012. Y lo ha hecho, como el año anterior, porque ese país árabe sigue siendo escenario de una de las más atroces olas de violencia de la historia contemporánea.

Según informes oficiales de organismos especializados en este tipo de balances, ya son más de 30.000 las personas que han muerto como consecuencia del conflicto y se calcula que unas 250.000 personas han optado por abandonar su país y refugiarse en países vecinos en condiciones de lo más precarias. Hospitales cuya capacidad ha sido rebasada por la enorme cantidad de heridos, proliferación de prisiones especializadas en la aplicación sistemática de torturas, campañas de aniquilación de niños y mujeres, entre muchísimos otros, son algunos de los extremos a los que durante los últimos meses se ha llegado en uno de los países más modernos del mundo islámico.

Lo que hace más difícil la búsqueda de una salida al conflicto, es que las atrocidades que cada día se producen en Siria no son atribuibles sólo a las fuerzas gubernamentales, pues las muchas facciones rebeldes, todas aglutinadas en la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición y de la Revolución Siria (Cnfors) están muy lejos de ser inocentes y recurren a métodos de lucha tan despiadados como los de sus rivales. Masacres, ataques fulminantes contra población civil no combatiente, torturas, secuestros, atentados terroristas y diversas prácticas inadmisibles para los parámetros contemporáneos agravan la situación y ponen en serias dificultades a países y organismos internacionales cuya intervención, en otras circunstancias, podría contribuir a buscar una salida razonable a la crisis.

Y lo peor es que según todas las previsiones, aún no ha llegado lo peor pues el conflicto está lejos de su resolución, a pesar de la inminente posibilidad de que las fuerzas rebeldes logren muy pronto imponerse sobre el régimen encabezado por Bashar al Assad.

¿Cómo se llegó a ese extremo? ¿Qué fue lo que desencadenó tanta violencia? ¿Por qué el caso de Siria terminó siendo tan diferente al de todos los países árabes donde las revueltas con las que empezó el 2011 tuvieron tan diferentes desenlaces? Ésas y otras preguntas similares se hacen quienes tratan de comprender cuanto ocurre en el mundo actual y para nadie es fácil hallar respuestas, a no ser que se acepten las simplificaciones que no explican nada.

El origen del conflicto

Las dificultades para ubicar el conflicto sirio en el contexto de los acontecimientos actuales comienzan cuando de identificar su origen se trata.

Desde un punto de vista muy concentrado en la actualidad, todo comenzó el 17 de febrero de 2011 cuando en las principales ciudades sirias se produjeron las primeras manifestaciones populares muy similares a las que días antes se iniciaron en Argelia, Egipto, Túnez y se expandieron como reguero de pólvora en casi todos los países musulmanes.

Desde otro punto de vista, el que concentra su mirada en la historia larga, el verdadero origen del conflicto sirio se remonta al año 656, cuando tras la muerte de Mahoma sus discípulos iniciaron una guerra por la sucesión del profeta fundador del islamismo. Las pugnas entre sunnitas y chiitas, las dos grandes fracciones en que está dividido el mahometanismo, mucho más que factores coyunturales, serían la causa principal de los enfrentamientos, pues un triunfo en Siria de cualquiera de las dos corrientes islámicas implicaría una derrota demasiado severa para los vencidos.

Entre ambos extremos, abundan las hipótesis que atribuyen la causa del conflicto sirio a la pugna entre intereses económicos y geopolíticos de las grandes potencias contemporáneas. El control de un territorio rico en yacimientos hidrocarburíferos y de crucial importancia estratégica ante un eventual conflicto bélico siempre latente en el Medio Oriente, entre otros, serían las razones que se suman para que ninguno de los factores de poder económico, político, militar y religioso en pugna esté dispuesto a hacer concesiones a sus rivales, como ocurriera en meses pasados en otros países de la región.

Como si cada uno de todos los factores que confluyen en la Siria de hoy no fuera en sí mismo suficiente para provocar la ola de violencia que asoló al país durante todo el año que concluye, el asunto se complica porque todos ellos se combinan, entrecruzan y alimentan mutuamente hasta dar como resultado la mezcla explosiva que amenaza con extenderse hacia los países vecinos, como Líbano y Jordania, donde la violencia se mantiene latente pero al borde de la explosión.

Por el curso que ha tomado la evolución del conflicto sirio durante los últimos meses, es probable que con el año que concluye se cierre también un episodio de una guerra civil que se ha concentrado dentro de los límites fronterizos sirios. Sin embargo, en vista de que ninguno de los factores que confluyeron para desencadenarla hace 22 meses ha sido desactivado, lo cierto es que independientemente de cuál sea el desenlace inmediato, el conflicto no dejará de ser, como en 2012, elemento principal de la agenda informativa del año que pronto se iniciará.

Todos los factores que confluyen en Siria se combinan, entrecruzan y alimentan mutuamente hasta dar como resultado actual una ola de violencia que amenaza con expandirse.

 

LOS COMENTARIOS

Vladimir Putin

"No queremos que, si la oposición llega al poder, comience una lucha contra las autoridades (actuales) que pasarían a estar en la oposición"

Barack Obama

"EEUU reconoce a la Cnfros como el representante legítimo del pueblo sirio. Obviamente, con ese reconocimiento llegan responsabilidades"

 

ANÁLISIS

Luis René Baptista

¿Qué está en juego en Siria?

¿Qué está en juego en Siria? Mursi, así como los nuevos mandatarios de Túnez y Libia, lo sabe muy bien. La caída de Al-Assad cerrará el primer ciclo de la revolución árabe, la de la derrota definitiva de las dictaduras legadas por la larga Guerra Fría. O dicho así: con la caída de Al-Assad, serán sentadas las bases para el surgimiento de una Arabia política, condición para que alguna vez pueda ser cumplida la utopía de una Arabia democrática. Eso quiere decir que mientras Al-Assad tiranice a su nación, la revolución árabe será una obra inconclusa.

La configuración de una unidad política árabe puede significar –en ese proyecto Obama está muy interesado– el comienzo de un nuevo tipo de relaciones entre el Oriente Cercano con Europa y los EEUU. Eso no curará, por cierto, las heridas aún no cicatrizadas dejadas por un oprobioso pasado colonial ni por el militarismo norteamericano. Pero sí puede ser el inicio de una nueva alianza, cuyo principio será el reconocimiento de objetivos diversos en el marco de una comunidad de intereses que abarcan diversos temas que van desde los religiosos, pasando por los migratorios, hasta llegar a los económicos y ecológicos.

Luego, la caída de la dictadura Siria significará el definitivo fin de la Guerra Fría. Pues no nos olvidemos que todas esas dictaduras surgieron de rebeliones nacionales apoyadas por el imperio soviético en contra de las pretensiones coloniales de occidente.

Mientras la Rusia de Putin comprometió su suerte en defensa de las dictaduras militares, los países occidentales han apoyado desde un comienzo a las revoluciones que han tenido lugar en el mundo árabe. Visto así, la caída de Al-Assad significará el ocaso del “orden internacional soviético” que Putin se ha obstinado en defender en la región.

Significará también el fin de la triple alianza: Rusia- Siria- Irán. Y si eso ocurre, Rusia deberá buscar un nuevo lugar en el mundo, ya sea, como Lenin indicó una vez, “hacia Oriente”, aceptemos, no es por el momento demasiado atractiva.

Ahora bien, si con la derrota de la dictadura de Siria colapsa la alianza fraguada entre Rusia, Siria e Irán, esta última nación habrá perdido el único apoyo que tiene en la zona árabe, lo que significa aceptar que Irán quedaría aislado en la región.

La parte más importante de todo lo que está en juego en Siria tiene que ver con la enorme cantidad de vidas humanas que podrían ser salvadas si esa maldita dictadura es desalojada de una vez por todas del poder.

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