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18:04 FEMINICIDIO

Las mujeres del "campo feliz"

Por Elizabeth Arrázola - Los Tiempos - 14/02/2013


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Violencia contra las mujeres.| Ilustración: Antonio Lara - Lostiempos.com | Usuario

Violencia contra las mujeres.| Ilustración: Antonio Lara - Lostiempos.com | Usuario

El relato del asesinato de una joven en El Alto, la ciudad con más índice de feminicidios de Bolivia, permite entrever el entramado social, judicial y policial que consiente que mujeres, la mayoría jóvenes, sigan siendo asesinadas por el solo hecho de ser mujeres. 

 

Página 584. La Paz 20 de septiembre de 2010. "Por tanto: Se decreta fundamentalmente el sobreseimiento del imputado: Joseín Rolando Luna Paco, de conformidad a lo dispuesto por el Inc. 3) del Art. 323 del Código de Procedimiento Penal; es decir, al considerar que no existen suficientes elementos de prueba del hecho imputado que permitan fundamentar la acusación en el presente caso, disponiéndose en consecuencia el correspondiente archivo de obrados sea con las formalidades de rigor."

Doy vuelta la última hoja del fajo de documentos y me pierdo unos segundos en el blanco de su reverso. Vuelvo a la primera hoja del anillado y la veo por enésima vez. Tiene la mirada perdida y sólo Dios sabe qué estaría pensando cuando le tomaron esa fotografía.

Encima dice DESAPARECIDA. Debajo: Srta. Íscela Dennys Castro Ortega. Edad: 21 años. "Desapareció desde el día martes 01 de Diciembre 2009 a Hrs. 12:00 P.M., Viste chamarra roja, chompa crema, pantalón azul jeans y tenis blanco, se encuentra con tratamiento médico. A la persona que le haya visto, favor llamar a los celulares 70525410-72563993-73545513-71921300".

- El ha sido liberado y yo no tengo nada que decir. No hay nada en su contra. Creo que éste ya es un asunto de Dios, de justicia divina -dice Patricia Ortega, cuando la llamo por primera vez para preguntarle en qué fase se encuentra la investigación del asesinato de su hija.

Al otro lado del celular, se escucha una voz agradable, muy amable, y no sé cómo tratarla.  Me encuentro sentada en las gradas que están frente al ingreso a la Asamblea Plurinacional, en la Plaza Murillo, el que hasta hace un tiempo fue el Parlamento Nacional de la República de Bolivia.  -- ¿Podríamos vernos? -pregunto. Le digo que estoy haciendo un trabajo de investigación sobre las muertes de mujeres en El Alto.

 Al otro lado se escucha nuevamente su voz y dice: --Yo trabajo en el Museo Tambo Quirquincho. Ingreso a las 3 de la tarde a trabajar, así que la puedo esperar a partir de esa hora. El museo queda un poco más arriba de la Iglesia San Francisco, sube una cuadra y media y luego dobla a la derecha una cuadra y otra hacia la izquierda. Ahí está el Museo.

 Han pasado más de 10 meses desde el asesinato de Íscela Castro y el principal sospechoso de la Policía y la Fiscalía está libre.

Ninguna prueba inculpa al que fue su enamorado por casi un año. La Policía confirmó que cuando ella fue secuestrada y asesinada, él se encontraba en Desaguadero, Perú, de donde es oriundo.  El joven declaró a la Policía que el 29 de noviembre de 2009 se vieron con Íscela por última vez en El Alto y programaron volver a hacerlo el 8 de diciembre próximo. Iban a cumplir ocho meses como pareja y querían celebrar ese gran acontecimiento.

En aquella oportunidad, como en varios de sus encuentros, la cita fue de 15 a 21 horas. Él comentó en su declaración a la Policía que el encuentro comenzó en la Ceja de El Alto, desde donde fueron a la zona del campo ferial, calle 2, Villa Dolores, donde está ubicado el Hotel El Alteño.

Después de permanecer un tiempo en el lugar, se fueron a bailar a la discoteca Palace y se divirtieron hasta las 19:40 y luego él la acompañó a tomar su minibús. Así terminó el último día que se vieron, sin despedidas especiales y ni premoniciones de ningún tipo, como suelen ser las cosas más rutinarias del día a día, lo que al final, en suma, hace la vida.  Joseín fue uno de los pocos enamorados de Íscela. Se conocieron en octubre de 2008 cuando trabajaban en Flecha Bus, una agencia de viajes que operaba entre Bolivia y Perú.

Ella estaba en La Paz y él en Desaguadero, pero mantenían contacto por Internet. Él le mandaba turistas y ella los recibía y los orientaba en su travesía hacia otros países. Entre charla y charla se conocieron y se secretearon cosas de sus vidas. Él le había contado que tenía dos hijos, Juliet, de 4 años, y Brayan, de 6 años, y que su esposa Lourdes lo había abandonado y que le perdió el rastro en Arequipa. Íscela y Joseín querían casarse en algún momento.

Ella se lo dijo a su madre, pero ésta le replicó que no era un hombre para ella. Por supuesto, ella seguía siendo su bebita, aquella que había tenido en sus brazos cuando pequeña y la veía como su muñequita, la más bella del mundo.

-¡Qué siempre te ha hecho! El me gusta a mí. Decía ella -recuerda la madre, cuando le cuestionaba su preferencia por él, un joven moreno, del que creía no era merecedor del amor de su hija y con el que su pequeña, para agravar todo, hablaba todo el día por su celular. 

El 29 de diciembre, tres semanas después del asesinato, Joseín fue detenido en la Avenida Panamericana, al otro lado de Desaguadero, en el lado boliviano. Desde allá fue conducido a La Paz, le tomaron declaraciones y después fue internado preventivamente en la cárcel de San Pedro. Juliet y Brayan, sus hijos, se quedaron con su abuelo.

Si hubo algo que levantó sospechas de que él pudiera ser el autor de la muerte de Íscela, fue que el 7 de diciembre, día en que fue hallado su cadáver, Joseín llamó al teléfono móvil de doña Patricia, contestó su hijo Israel David, al que le dijo que no iría al velorio ni el entierro porque estaba en el campo. No explicó nada más, cortó y desapareció por muchos días. 

Sin embargo, el viernes 11 de diciembre de 2009 07:00 24 p.m., cuatro días después de que hallaran el cuerpo de Íscela, Joseín Castro, desde su dirección email, le escribió a la casilla de Iscela: "mi preciosa yo se q estas en presencia de DIOS es padre te ame demasiado preciosa te amo y lo seguire hasiendo……..por q me dejaste ¿por q?...............................noce me siento muy mal muy muy mal ……no saves lo q significa para mi perderte te busco en la calle pensando q esto es u sueño yo se que desde arriba ves lo que hago te amo presiosa nunca olvidare el regalo q me diste ya no puedo yorar ..yore mucho por tu partida …………….noce de verdad por q asi ….por qqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqq……………bueno solo deceame suerte en mi vida …saves eras muy especial muy muy especial para mi te amoooo demasiado de verdad ……….ayudame preciosa ayudame a superar esto noce quiero morime con tigo………..mi reyna yo se q de repente estas ami lado como espíritu …….no em hago la idea ahun de q ya no etsas aquí ……………quiero yorar mi reyna ayudame por favor a tener una vida grata con DIOS no es fasil me traes muchos recuerdos mi reyna bueno mi amor no sera la primera ves qte mande estos mensajes te amo preciosa noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo por q me dejaste por qqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqqq…………..perdoname bueno desde ahí mia mor donde estes deceame suerte preciosa te amo noooooooooooooooooooooooooo perdóname pro favor………………"  19 de noviembre de 2010.

Le pido al chofer del minibús que me deje en la Ceja de El Alto, en La Paz. Al bajar debo abrirme paso entre un grupo de gente que forcejea desesperadamente por subir. Son las ocho de la mañana y bajo el cielo de un intenso azul me dirijo hacia las instalaciones de la Fuerza de Lucha contra el Crimen de la Policía de esa población.  Ciudad Satélite tiene más de 1 millón de habitantes que llegaron de todos los puntos cardinales del altiplano, incluso desde el otro lado de la frontera con Perú. 

La urbanización de El Alto se inició en 1940 con la fundación de Villa Dolores, la que paradójicamente, como si cumpliera una condena perpetua, siempre le hizo honor a su nombre y hasta hoy sigue siendo una de las zonas más pobres de la ciudad.  Después de 1953, con la Reforma Agraria, se produjo una fuerte migración del área rural a las ciudades.

El Alto se pobló de manera desorganizada y con múltiples problemas de urbanización, desde la falta de servicios básicos hasta de seguridad ciudadana. 

En principio, como dice bien uno de sus nombres, El Alto fue una ciudad satélite de La Paz, pero al pasar los años se fue poblando con gente que se reubicó en la zona al no encontrar espacio para vivir en la hoyada. Por otro lado, las sucesivas crisis económicas que vivió el país repercutieron en el área rural y empujaron a sus habitantes a migrar a las ciudades.

A El Alto llegaron desde las provincias Ingavi, Pacajes, Los Andes, Omasuyos y Manco Kapac. La caída de los precios del estaño en el mercado internacional también tuvo fuertes repercusiones y los habitantes de las minas de los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí migraron a todas las ciudades capitales de Bolivia, entre ellas también a ciudad Satélite. Hoy en día es uno de los puntos del país al que llegan más ciudadanos y ciudadanas peruanos, debido a que la frontera de Bolivia con Perú está a pocas horas en autobús.

Mientras camino, entre dos hileras de edificios, esquivo a los comerciantes que están en las aceras y a los cientos de buses que están ubicados en tres hileras en las calles y avenidas, y me pregunto de dónde sale tanta gente y tantos, pero tantos minibuses.

No doy un paso sin preocuparme por no chocar con algún transeúnte o de que lo hagan conmigo. Observo y escucho un fuerte ruido entremezclado de bocinas, gritos, rumores y me dejo llevar por esa especie de enjambre humano, esa masa que parece que respira, se mueve y marea por sus movimientos. Siento pavor. Siento vértigo.

Mientras camino, veo rostros serios, pocas sonrisas, nadie saluda, mientras acomodan su mercadería en sus puestos de venta. Pregunto a un vendedor si ya llegué a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y me dice que debo volver una cuadra y media. Llego a la puerta y su construcción, a pesar de que parece nueva, tiene la distribución de un antiguo conventillo.

Se trata más bien de una edificación con un enorme patio al centro, debe ser relativamente nueva, pero se nota que fue improvisada. Subo tres pisos de gradas angostas en busca del Director de Homicidios de El Alto, camino un pasillo y encuentro su oficina. Desde el umbral de la puerta veo a un hombre de cabello ondulado y bigote poblado, parece que baila o se burla de algo y hace contorsiones con su cuerpo.  Pregunto por el Director de Homicidios, es él. Entro a su oficina y le pido datos sobre la resolución de sus casos, de la cantidad de homicidios que ha registrado y de ésos cuáles son de mujeres.

- Femi…qué -señala mientras me invita a sentarme en una silla de madera que está detrás de su escritorio. - Esa es una terminología nueva, pero podemos desglosar los registros -dice y me promete entregarme en tres días la información. Me sugiere que está ocupado y que debe ir a una misión especial. Me manda rápidamente con el Jefe de Homicidios de El Alto. En la pared hay varios afiches de mujeres que están reportadas como desaparecidas y casi todas tienen entre 16 y 30 años. Algunas son niñitas, muy pequeñitas. 

En la oficina del Jefe de Homicidios de El Alto, veo a un hombre con chamarra oscura al fondo del pasillo y siento que por fin llegué a mi destino. Entro a su oficina de dos metros cuadrados y me recibe con amabilidad.  Me invita a sentarme en un sofá cubierto con tapiz verde oscuro. Desde allí, sólo veo el perfil del mayor Osvaldo Fuentes Molina, el Jefe de Homicidios de El Alto.

Me resulta incómodo no poder ver sus ojos mientras habla, pero casi por instinto me concentro en su cuerpo. Habla, con voz suave, como si estuviésemos en un confesionario, tiene sus manos entrelazadas a la altura de su abdomen y de rato en rato tamborillea sus dedos. Tiene todo el aspecto de un fraile franciscano, de aquel hermano cuyo prototipo se reproduce en el imaginario colectivo, sin cabellos en la corona, voz suave y tierna, escenificando la esencia de la bondad que hasta los animales pueden identificarla; parece un San Martín de Porres.

- No crea que porque estamos aquí hemos perdido sensibilidad por el dolor de la gente.-Dice y gira su rostro buscando mis ojos para asegurarse de que se hizo entender--. Yo estoy como unos diez años en Homicidios. Puedo decir que he visto de todo.

- Me gustaría saber acerca de la incidencia de los feminicidios en El Alto. Requiero estadísticas de los últimos cinco años y, si tuviera, los datos comparativos con otras ciudades del país, sé que ésta tiene de las más altas. Sólo el primer semestre de 2010 fueron asesinadas alrededor de 50 mujeres.

- ¡Ah! ¿Muertes de mujeres? No sabía que se llamaba femi….- Feminicidio -reitero.- Justo ahora estoy haciendo un trabajo sobre ese tema. Estaba revisando algunos casos - comenta. Se acerca a su escritorio de donde levanta unos papeles y me muestra unos recortes de periódicos. En todas las portadas del periódico se da cuenta de los últimos minutos de la vida de algunas mujeres. Los titulares principales del diario Extra dicen: "Amores asesinos", "Obsesión fatal", "Hay amores que matan", "Asesinó a su amada por celos", "Amores que queman".

La mayoría son jovencitas de El Alto que fueron asesinadas por sus parejas de manera brutal.  - Debemos averiguar quién es la víctima -dice-, la causa del asesinato y cuándo fue la muerte. También debemos hacer la reconstrucción de los últimos días de la víctima y elaborar una hipótesis de la muerte. Cuando la víctima es una mujer, se busca al autor dentro de su círculo más cercano, su familia, su pareja, su concubino. En cambio, cuando es varón, generalmente se busca al autor del asesinato entre sus amigos, sus compañeros de trabajo, entre la gente que lo rodea.

- ¿Cuál es el índice de resolución de casos? -Pregunto.  -¡Uh! Tenemos muchos casos resueltos. Por ejemplo, ahora estamos terminando de investigar un caso de una mujer adulta que tenía hermanos y fue hallada muerta en el ropero de su casa...También tenemos un caso resuelto de una jovencita que se llamaba Íscela. El autor del asesinato ahora está en la cárcel.  - ¿Y cómo es esa historia? -Pregunto--. ¿Cómo dieron con él? ¿Le hicieron pruebas de ADN al autor? - Sí, se le hizo todo. Es un caso terrible. La jovencita fue asesinada porque intentó dejar a su novio, un peruano, que había sido casado y tenía hijos. Era una chica con valores, de familia. Les hicieron todas las pruebas de ADN.

- ¿Cómo encontraron el cadáver? - En esas bolsas de…-dijo. Hizo una pausa y dirigió su mirada hacia un lado, al parecer, buscando en su mente algo parecido a lo que vio la mañana del 7 de diciembre de 2009, en la avenida Libertad, en el descanso de unas gradas.  -De papa. Las bolsas grandes…-precisó el Jefe de Homicidios de El Alto.

- Mayor Fuentes, ¿cuál es el procedimiento para hacer el levantamiento de un cadáver? -pregunté--. Quería saber si tenían la rigurosidad que muestran que tienen los investigadores de las series policiales que veo en la televisión, pero me di cuenta, mientras me explicaba ampliamente, que eso era una irrealidad en nuestro país. 

-- Mayor, ¿por qué cree que en El Alto ocurren los asesinatos más brutales de mujeres del país? -- Es una opinión muy personal, pero creo que aquí la gente quiere conseguir lo que desea a cualquier precio. En esta ciudad hay gente de todas partes, principalmente del campo, pero también hay muchos peruanos.

 Página 84 del proceso. Cuando murió Íscela, su mamá, en una declaración a la Policía, tuvo que contar la historia corta de su vida, muy parecida a la de miles de mujeres bolivianas.  -Han pasado 28 años desde que en 1982 me junté con Hermenegildo Castro Garzofino -relata Patricia Ortega, madre de Íscela -. Cuando conocí al que fue mi esposo, padre de mis hijos, trabajaba como ayudante de micros.

Yo tenía 18 años de edad. A los 19, estando en gestación de mi primer hijo y por las agresiones físicas a las cuales era sometida por mi concubino, decidí escaparme al Oriente, a Guayaramerín, Beni. Allí nació mi primer hijo, Israel. Trabajé en Guayará y después de muchos años retorné a La Paz. El 7 de enero de 1988, cuando nació mi segunda hija, Íscela, nuevamente me junté con mi concubino.

Después llegó Frank Rolando, el 10 de junio de 1989. Este mi niño murió el 9 de marzo, de nueve meses, con una infección. El 23 de diciembre de 1989 me casé por religioso y civil, pero al año siguiente tuvimos problemas y, finalmente, nos separamos en 1995. Me dejó con dos hijos y se fue con otra mujer. En ese entonces él trabajaba en seguridad física privada. Nuestra relación era muy inestable, nos separábamos y volvíamos. Él era muy agresivo, parecía que estaba enfermo. Nos pegaba mucho a mí y a mis hijos.

Después de separarnos, él tenía otra pareja y supe que se compró un taxi. Nos veíamos muy poco, apenas en fechas festivas o cumpleaños. Nunca le pedí pensiones para mis hijos, yo asumí su crianza y educación y el resto se lo dejé a Dios.  Mientras iba terminando de leer el relato de la madre de Íscela, aparecía en mi mente el rostro de mi madre. Yo nunca vi que mi padre le pusiera a ella una mano encima.

Discutían, tenían sus grandes diferencias y hasta confabulaba contra él. Sin embargo, lo que evidentemente era indiscutible era que él ejercía sobre ella un dominio consentido, parecía estar de acuerdo con él, pese a todo, incluso a pesar suyo.  Una investigación del Instituto Nacional de Estadística (INE), la primera que se realizó en Bolivia con datos en los que se pueda fiar, establece que 8 de cada 10 mujeres en Bolivia ha sufrido algún tipo de maltrato, sea físico, sexual, psicológico o económico; un índice que está por encima de cualquier país de América Latina y el mundo.

Asimismo, en el primer semestre de 2009, el INE confirma que el 75,70 por ciento de los casos de violencia contra las mujeres se producen en el ámbito privado (hogar). Entre las mujeres que sentaron mayor denuncia de violencia familiar, se encuentran las casadas que presentaron un 31,50 por ciento, las solteras registraron 29,74 por ciento y las viudas un 15,41.  Uno de los pocos registros que se tiene de la cantidad de muertes de mujeres en El Alto y el resto del país es el que elabora el Observatorio "Manuela" del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (Cidem) con base en publicaciones de prensa e informes que da alguna vez la Felcc. En 2010, en El Alto se registró el 32,5 por ciento de los feminicidos del país, de un total de 311 asesinatos que hubo.  Las muertes de mujeres en El Alto llegaron a tal extremo que una organización que lucha para erradicar la violencia contra las mujeres colgó un letrero en la carretera La Paz-Oruro, en el cruce de Senkata, que decía: "Cuidado en este barrio violan y matan mujeres". Varios días después, según reportó la radio Atipiri, el letrero fue quitado a pedradas. En esa zona, considerada roja por peligrosa, se encontraron varios cadáveres de mujeres que fueron violadas y asesinadas en los últimos años. 

Descenso al infierno, secuestro y chantaje Martes 1 de diciembre de 2009. Muy temprano, después de las 7:00 -relata Patricia Ortega - el día en que Íscela fue secuestrada, entramos a la cocina a desayunar y le di dinero para que pagara la pensión de su instituto. Yo preparé el desayuno. Le hice un juguito, tomó, y luego su leche. Ella no comía pan.

-"Mamita … este… te vas a apurar en venir"-, le dije --recuerda la madre, de 46 años, cuya vida gira alrededor a sus hijos y su trabajo. Mientras dirige su mirada al mostrador que está frente a ella, desde su escritorio de madera, sentada al ingreso del Museo Tambo Quirquincho, en La Paz, donde su oficio diario es cobrar tickets a los y las visitantes y registrar a estudiantes que ingresan a los salones. Vestida de azul y negro, con unas polleras largas de pliegues anchos, con un sombrero negro sobre su cabeza de la cual se descuelgan dos trenzas delgadas, se la escucha contar, por enésima vez, la historia de su hija Íscela Danys. Su voz se quiebra y su mirada se pierde nuevamente en la vitrina de enfrente. 

"Mami estoy bajando al CEC, de ahí voy a ir a hacer mi trabajo práctico a ciudad Satélite", explicó a Patricia su hija de 22 años, quien usaba una cabellera de color borgoña que lanzaba reflejos al mover su rostro de un lado a otro. Llevaba una chamarra roja y debajo una blusa color crema, pantalones azules y tenis blancos con vivos celestes.  "No me gusta que vayas a ese lado, le dije -comenta Patricia-. Esa zona es muy peligrosa y siempre me inspira mucho miedo".  -"Sí, mami, pero tengo que hacer mi trabajo práctico con Jonathan" me contestó -recuerda Patricia-. "Fue así que quedé en que nos viéramos a las 17:00 en la Ceja de El Alto. Página 574. Datos de la investigación.

1 de diciembre por la mañana. Íscela se encuentra con Jonathan Elías Samo Quispe, un compañero del Centro de Especialización en Computación y Estudios Comerciales S.R.L. (CEC) donde estudiaba la carrera de Turismo.  La joven, después de media hora de trabajo y con el compromiso de retornar por la tarde, se dirigió a su instituto a pasar clases y a dar un examen. Una vez cumplido su cometido en la calle Potosí esquina Colón, en la Hoyada, donde estaba instalado su instituto CEC, salió a las 11:50. En ese momento, según informó su enamorado, Joseín Luna, recibió una llamada de la joven y le dijo que "no había movilidad para retornar a su domicilio". Después perdió todo contacto con ella.

1 de diciembre de 2009 por la tarde. Alrededor de las 5 pm, hora a la que Íscela debía encontrarse con su mamá para comer un chicharrón y luego ambas marcharse a su casa. Patricia llama al teléfono móvil de su hija y nadie atiende. Recuerda cómo la angustia y el miedo crecían desde aquél primer momento.  Israel, hermano mayor de Íscela, le manda mensajes para decirle que su mamá está muy preocupada y que se comunique con ellos.

- He seguido esperando y no llegaba. Cuando ya era hora de que llegara mi hijo. Este es el primer mensaje que me mandaron, dice y me muestra su celular: "Qero el dinero después hablura y la vera. Asta entonces nada. Son 30.000 asta lunes bye".

 Amenazas de muerte Miércoles 2 de diciembre de 2009. Patricia cuenta que al día siguiente, muy temprano, fue a sentar denuncia en la FELCC de El Alto, en la División Crimen Organizado, y después fue a buscar al compañero de su hija. Jonathan Elías Sammo le dijo que Íscela había ido por la mañana a su casa, que dejó los trabajos y luego se fue.

-Pero en su declaración a la Policía dijo que él fue a recogerla al campo ferial, que está detrás de Electropaz. De ahí habrían ido hasta Satélite, trabajaron sobre los paquetes turísticos y después ella recién habría bajado a La Paz hasta su instituto. Yo no sé si mi hija fue por la mañana a trabajar con su compañero. Me desconcertó lo que dijo. Ella tenía que ir a hacer su trabajo después de sus clases. -Recuerda Patricia sin quitar los ojos de la vitrina de enfrente mientras hablábamos.

-Cuando me dijeron que secuestraron a mi hija-continúa. Yo pensaba de dónde iba a conseguir los 30 mil dólares que me pidieron. Yo quería contactarme con ella. Parecía que encendían el celular sólo para mandar mensajes y después lo apagaban. Quería saber cómo estaba, queríamos verla por lo menos por Internet, queríamos que nos hable. Como me encontraba tan preocupada, decidí viajar a Desaguadero con mi concuñada María Fernández y mi hijo Israel. Una vez que llegué al Desaguadero y caminábamos por la calle, Joseín fue el que me reconoció. Yo directamente le increpé y le pregunté dónde estaba mi hija.

Él negó rotundamente que supiera algo y yo lo obligué a que me llevara a su casa. Fue grande mi sorpresa cuando abrió su puerta y vi a dos niños, una mujercita y un varón, que eran sus hijos. Dijo que su esposa lo había abandonado. Le pedí que me jurara por sus hijos que no tenía a mi hija y así lo hizo. Entonces le pedí que me ayudara a buscarla y se comprometió a viajar el jueves 3 a La Paz. Dijo que antes debía buscar quién cuidara a sus hijos.  Le pregunté por qué dejó de llamar a mi hija desde que desapareció. Me explicó que suponía que Íscela me comentó de la existencia de sus hijos y que al enterarme le prohibí hablarle y la obligué a apagar su celular.

Le pedí que fuera a declarar y que me ayudara a colocar afiches en la ciudad. Quedamos en que nos veríamos al día siguiente.Mensaje 2: Miércoles 2 de diciembre de 2009. Hrs. 23:26 "Hello secuestramos a si hija ysela quiremos $ 30.000 treinta mil dólares por su rescate del contrario muere ella. Si usted avisar algiem desto nosotros."

Desesperación Jueves 3 de diciembre de 2009. El fiscal de materia Freddy Cabezas Vélez Ocampo, de las Divisiones Corrupción Pública y Operaciones Especiales de la Fiscalía de El Alto, pide a las empresas Viva y Entel extractos de llamadas de varios teléfonos para que le sean remitidos en el día. Asimismo, solicita que hagan una triangulación del teléfono del que salían los mensajes para determinar el lugar donde se encontraba.  Toda nuestra comunicación ha sido por escrito y sólo el día sábado me habló una mujer.

Mensaje 4: Jueves 3 de diciembre de 2009 Hrs. 12:57 "Necesito saber si va pagar sin problema para matarla o no matar bye" Media hora después llegó otro.

Mensaje 5: Jueves 3 de diciembre de 2009 Hrs. 13:15 "Ella sta bien cuidada buena comida como reina" Tres minutos después llegó otro.

Mensaje 6: Jueves 3 de diciembre de 2009 Hrs. 13:18 "Primero el dinero no insistir" - Todo nos han mandado por mensaje... Hemos ido a la prensa, he ido con los yatiris (adivinos). El sábado nos ha llamado una mujer. Cuando revisé mi teléfono vi que había tenido cuatro o cinco llamadas perdidas. Entonces, tal vez por eso, a mi hijo le han llamado diciendo: "Ah, le cuento que su hija ha sido violada". El teléfono del que llamaron tenía número oculto.  - Yo ya no podía más, estaba descontrolada, caminé por la El Alto buscando a mi hija y casi me entro al río. -Señala.  De pronto aparece un hombre con cabello canoso e interrumpe nuestra conversación.

- He visto las exposiciones, dice don Walter, un ex funcionario de la Alcaldía de La Paz. La mira y le dice. --¿Cómo vas? ¿Sigues sufriendo, creo? - Si don Walter, seguimos en eso, pero…ya he dejado todo. --Dice Patricia sin mirarlo.

- Bueno, ya te he dicho. Cuando hay plata hacen todo, es una macana pelear contra esa pared. Así es la corrupción. Pero tú, prácticamente con tus ideas, seguí adelante. Hay uno solo que allá te hace justicia y ese es el de arriba.  - Si, don Walter. --Contesta Patricia - Trata de ponerte más dura.

- Su misita ya le estoy haciendo el 29 -dice Patricia.

- Es muy triste lo que ha pasado, ¿no? Después de ella han habido dos problemas más, han habido dos chicas más, ¿no? - Creo que sí.

--Dice- Parece no muy informada, pero asiente con la cabeza.  - Pero como acá el culpable maneja más plata y el culpable sale ganando... En este caso ella ha perdido tiempo, dinero, …Es una verdadera lástima nuestra justicia en Bolivia. Pero yo le decía a Patty que lo deje así. ¿Para qué más va a seguir? Seguir con esto para qué, para nada.

-- Tantos meses, casi un año. Hay que pagar al abogado. Al investigador si no le das plata no te lo hace nada. Había sido terrible. Yo decía, ese momento debí haber levantado las manos y debí haber pensado que Dios haga justicia. Y ahora mismo, cada noche no me canso de rezar pidiéndole justicia.

 El plazo y la muerte Llega el mensaje 7.Viernes 4 diciembre de 2009 "Solo te queda 3 dias para entregar dinero a mi", dicen como si se hubiesen puesto como plazo el lunes. En la noche mandan otro. Este es el último mensaje, dice Patricia y me muestra.  Mensaje 8: Viernes 4 de diciembre de 2009 Hrs. 21:48 "Primero e dine. Ella estar en campo felis".

-Cuando terminé de leer el mensaje por primera vez, se me estremeció el cuerpo. Inmediatamente tuve la certeza de que aquél día ya estaba muerta. Ella estaba en "campo feliz". El secuestrador/a que escribió el mensaje pensaba que era como decir que ya estaba lejos de este infierno que es la vida.  El cuerpo fue hallado el siguiente lunes, en la avenida Libertad, en el descanso de las gradas.

En el examen forense, el informe dice que la data de la muerte de la joven correspondía a varios días antes de que fuera hallado el cuerpo y murió por asfixia. Se atragantó con un chicle y una media que le pusieron en la boca. Cuando ya estaba muerta, regaron el cuerpo con gasolina e intentaron quemarlo, pero por alguna razón no lo hicieron. Solo tiene algunas partes de su cuerpo quemadas.

Algo pasó. También llama la atención que todo su rostro haya estado cubierto con una cinta adhesiva ploma, una que no es común para embalajes y, que más bien, es más cara por lo que no se la usa regularmente. 

Cuando un asesino cubre el rostro de su víctima, lo hace para ocultar el rostro de una persona a la que conocen, así que es probable que ella haya conocido a su plagiador y él a ella. Asimismo, el asesino usó esposas metálicas, lo que dice mucho de la rigurosidad y el disfrute de su trabajo, y del acceso que tiene a comprar este tipo de instrumentos sin llamar la atención.  

-- Después del último mensaje Patty, ¿qué ha pasado? Pregunto. 

-- Cuando mandaron el último mensaje, yo estaba yendo a dejar a la prensa los afiches de mi hija. Sólo con los datos de que estaba desaparecida. Ella es mi hija -dice y me muestra una fotografía que lleva en la pantalla de su celular. Muy bonita, ¿no? Mi hija era muy simpática. Siempre la llevo en mi celular. Yo la veo y siempre me acuerdo, y siento que está junto conmigo. Uno no puede olvidar.

Así que todos los días le rezo, le hablo. Hasta debo parecer loca. Mi hijo dice que ya estoy loca. "Tu hija está descansando", dice. Pero yo no hubiera querido que descanse de esa forma, agrega entre sollozos.

 Más amenazas Sábado 5 de diciembre de 2009. Mandan un mensaje de voz y una mujer dice: "Su hija ha sido violada".- Enloquecí. Ya no podía más. -Dice Patricia mientras se agarra la cabeza y mira otra vez al frente y pierde su mirada en la vitrina de enfrente. Por su mejilla derecha, la única que veo, corren unas lágrimas-. Mi hija era muy buena, dice.  Domingo 6 de diciembre de 2009.

Patricia recibe otro mensaje de voz: "Avisos, no, no mami; comunicados, no… jajaja" Como había anunciado el secuestrador, el cuerpo de Íscela apareció el lunes 7 de diciembre de 2009, a media hora en auto de la Ceja de El Alto. La señora Santusa Persona Castillo, al salir de su casa, ubicada en la avenida Libertad No 123, zona San Juan, Tebladerani, se encontró con una bolsa celeste enorme y encima había un cubrecama de colores rojo y negro. Había manchas de sangre, por lo que llamó a la Patrulla 110.  Llegó un grupo de policías y a las 10:30 se hizo el levantamiento del cadáver, se llenaron por lo menos diez papeles hasta que llegó el cuerpo ante los forenses.

Después vinieron incansables declaraciones y muchos exámenes de ADN que eximían al único sospechoso de cualquier autoría.  Según una investigación de la Red Nacional de Trabajadoras de la Información y la Comunicación (Red ADA), en el libro "El inventario de la muerte", de todos los casos de feminicidio que suceden en Bolivia, sólo el 5 por ciento llega a estrados judiciales, el 95 por ciento restante, queda en la impunidad, debido a que se truncan en la etapa investigativa por diferentes razones.

En 2010, según datos de la FELCC de El Alto, hubo 101 asesinatos y homicidios de mujeres. De un total de 383 asesinatos y homicidios de varones y mujeres en esa ciudad, sólo 47 personas fueron arrestadas con fines de investigación. En 2011, en los primeros cinco meses, de enero a mayo, en la misma región, hubo 43 mujeres muertas que tenían entre 18 y 45 años.

Cuando las Brigadas de Protección a la Familia intervienen en un conflicto de violencia intrafamiliar, los golpeadores reincidentes y sus víctimas son una estadística más y no así un dato que debiera orientar al Gobierno para aplicar políticas públicas que garanticen a las mujeres el derecho a la vida.  El Estado boliviano no hace nada para combatir lo que la feminista mexicana Marcela Legarde definió como el "genocidio del siglo XXI".

Un gravísimo problema, que según la directora de la Oficina de la Mujer, Julieta Montaño, sucede porque los agresores tienen la intención de "dominar, poseer y controlar" a las mujeres. "Inclusive tratándose de asesinatos cometidos por encargo y por desconocidos, el objetivo es utilizar el cuerpo de las mujeres para dirimir conflictos de poder entre hombres", agrega. En Bolivia se puede diferenciar el asesinato del homicidio, debido a que en el primero se hallan agravantes como el vínculo de la víctima con el agresor, los motivos fútiles o bajos, la alevosía o ensañamiento, el interés de vencer la resistencia de la víctima u otros factores que se hallan tipificados en el artículo 252 del Código Penal.

Por su parte, la especialista en género del Cidem, Lourdes Peñaranda, considera que vivimos en una sociedad en descomposición y que desde la aparición de la gran propiedad privada, las mujeres fueron consideradas seres inferiores y no podían ni siquiera asistir a la escuela.  En todas partes del mundo asesinan a mujeres, pero hay diferencias por las prácticas culturales y sociales, según Peñaranda.

"En el caso boliviano y, tras observar en el trabajo, podemos decir que las mujeres asesinadas son de todas las capas sociales, pero la mayoría es pobre. Los hombres creen que tienen poder sobre ellas; es decir, tienen que hacer lo que ellos quieren y si no provocan violencia psicológica, física, sexual o/y económica. Así comienza y crece el círculo de violencia contra las mujeres, en un territorio, su cuerpo, sobre el cual el criminal actúa con saña y que termina en suicidio o asesinato".

"Allí suspiros, llantos y altos ayes resonaban al aire sin estrellas, y yo me eché a llorar al escucharlos.  Diversas lenguas, hórridas blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, roncos gritos al son de manotazos, un tumulto formaban, el cual gira siempre en el aire eternamente oscuro, como arena al soplar el torbellino". 

Infierno, Divina Comedia de Dante Alhigieri

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