“La ley de la noche”, rodada en Santa Cruz y La Paz, se estrenó el pasado jueves en el cine 6 de Agosto, ante un reducido grupo de incondicionales del cine y del infatigable cineasta paceño, Diego Torres Peñaloza.
A continuación resaltaremos lo bueno, lo malo y lo feo, al más puro estilo "spaghetti western":
Lo bueno
Es de destacar, apreciar, valorar y ponderar el esfuerzo en solitario de Diego Torres, director, guionista y "cameraman" por hacer películas bolivianas de manera continuada en un país donde nos hemos pasado varios años, antes de la llegada del digital, sin un filme nacional que llevarnos a los ojos pensantes. Con La ley de la noche Torres ha rodado tres obras en seis años, a un promedio de dos filmes por año. Es también materia de elogio que el tema elegido por Diego Torres para ésta su tercera película sea el mundo de los travestis, personas que se ven obligadas a refugiarse en la clandestinidad de la noche para desarrollar su sexualidad libremente, en una sociedad que se niega a verlos y a admitirlos por los resquicios autoritarios, pacatos y conservadores que todavía subsisten y se reproducen, incluso en gente joven.
Y por último, a pesar de que La ley de la noche no alcanza la categoría de "largo" (es técnicamente un mediometraje pues apenas llega a la hora), se puede apreciar una mejoría en la obra fílmica de Torres después de su debut con La calle de los poetas y Alma y el viaje al mar. Torres sigue seducido por las historia s de "outsiders", de pequeños y cotidianos antihéroes que luchan contra la adversidad, quizás reflejo de su propia personalidad, bregando siempre en la tarea sacrificada de hacer cine, bueno o malo, pero cine y nuestro. Añadir a esta sección de "lo bueno" la banda sonora de Alcoholika encabezada por "Vico" y sus cuates y la estética de videoclip que pulula por toda la cinta.
Lo malo
La calidad técnica del video digital nos deja una imagen borrosa a la hora de la proyección. En esto se iguala a la película chapaca Espíritus Independientes donde la calidad de sonido e imagen no abandona los terrenos del amateurismo. Junto a estos detalles técnicos flojea también el guión que no se pierde entre una ficción de cortometraje y una veta documental, no suficientemente explotada. Quizás si La ley de la noche hubiese sido un buen documental del mundo de la noche y los travestis en Sopocachi, en sintonía con este resurgimiento a nivel mundial del género documental tras el boom "Michael Moore" otro gallo hubiese cantado. La ley de la noche se quedó en docuficción, sin apuntalar ni la documentación ni una historia de ficción que pide mayor desarrollo argumental.
Lo feo
Sin duda, la ausencia de cualquier autoridad gubernamental el pasado jueves en la "premiere" de la película. Hace dos semanas, el presidente Carlos Mesa dijo con motivo de otro "premiere" que su apoyo incondicional y compromiso con el cine le obligaban a estar presente siempre en los preestrenos de toda película boliviana. Bueno, el jueves, a Diego Torres le falló. Y también fallaron el viceministro de Cultura, señor Cajías y otros autoridades del ramo. Una pena y así se notaba en el rostro de Torres, que acertó solo a decir, que los que estaban eran los que en verdad amaban el cine. Esperamos que para la "premiere" de la cuarta película del incansable director paceño se remedien en cierta manera estas ausencias, algunos justificadas, otras, no tanto.