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El escritor chileno ha presentado ya su novela en Antofagasta, fue editada en marzo de este año y se apresta a hacer lo propio en Santiago con la posibilidad de viajar a Bolivia en agosto para la Feria Internacional del Libro
“El mar enterrado” de Patricio Jara
El escritor chileno Patricio Jara, autor de la novela “El mar enterrado”.

y me interesan las capas que se superponen, lo que queda entre la grietas y aún late. En ese sentido, le proceso de investigación fue muy arduo antes de escribir la primera palabra del texto. Seis meses a lo menos.

FN.- Siguiendo con el tema, ¿qué personajes son ficticios y cuales, reales, por ejemplo, el protagonista Eusebio Matrás es ficticio o real?

PJ.- A estas alturas creo que Matrás pudo haber existido. O al menos hubo alguien así. De hecho, se relaciona con muchos personajes que en verdad existieron, como los del alto mando boliviano en Antofagasta. Más que un personaje comprobable en su existencia, él representa a una idea, una raza extinguida de uniformados, una mirada sobre la historia que sucumbió a la barbarie y a la intolerancia de todo y de todos. Tal vez aún hay en nuestros ejércitos personas como él, el problema es que no se notan como debieran por la distancia que se impuso entre ellos y los civiles al término de las dictaduras sudamericanas de los 70 y 80.

FN.- Los conocimientos que se desprenden de esa documentación, ¿cómo los adquiriste?

PJ.- No conozco Bolivia, pero leí tanto y de tantos lados que al final pude armar una fotografía de ciertos aspectos sociales y políticos. Usé el sistema antiguo, libro a libro, dato a dato, nada de Internet. Encargué a amigos que viajaban a Bolivia algunos textos sobre hechos puntuales que fueron muy útiles, si es que puede llamarse útil a leer cien páginas buscando un dato o sólo para comprobar un nombre específico que en el texto siguiente se contradice.

FN.- Una de las virtudes de la novela es la rica construcción de personajes, virtud que viene de tu primera novela también ambientada en los años previos a la Guerra del Pacífico, ¿cómo trabajas en este sentido para presentar personajes tan atractivos como Pedro Ildefonso, la propia Maria Quitral , el macheño Alonso Grillo, Cuneo, Catalino Tejerina...?

PJ.- Creo en el tipo de novelas que, más que las reflexiones, primero presentan personajes desde el día a día, desde lo cotidiano. Cuando uno conoce a alguien, nunca le pregunta primero qué opina sobre la vida o si se deprime al ver los atardeceres. Me interesó mucho que ellos actuaran, que dijeran cosas, que opinaran, pero desde la acción. Ildefonso, por ejemplo, viene de la novela previa, El sangrador. Fue el soldado que ayudó al personaje a reconstruir el taladro dental para arreglar los dientes de Hilarión Daza en su visita al litoral a mediados de 1870. Me interesaba su progresión, lo mismo Cuneo y Tejerina, que, en verdad, son niños vestidos de militares, como los muchos que combatieron el la Guerra del Pacífico. El comandante Samuel Cavieres, por dar otro caso, se presenta en como un tipo muy severo en El sangrador y en El mar enterrado se conoce de él una faceta distinta.

FN.- La novela es tan rica que tiene varios niveles de lecturas posibles, la trama de aventuras con contrabandistas, piratas y maremotos o la historia ficcionada con el problema de la perdida de mar para Bolivia. ¿Cómo balanceaste estas dos grandes vetas de la novela?

PJ.- Todo entró en el magma que trabajé previo a escribir. La novela está situada en un periodo en que ocurrieron muchas cosas y que terminó con la ocupación armada de Antofagasta. De hecho, había más episodios, pero preferí dejarlos fuera porque nadie me iba a creer un carajo si ponía todo. Fue un proceso similar a escribir pies de página al relato oficial, a incluir grandes paréntesis que hablaran de lados desconocidos, de puntos de vista a veces opuestos. De todos modos, al final, en la corrección, luego de dejar el manuscrito descansar un tiempo, comencé a dudar de qué era cierto y qué era ficción. Ahí supe que la novela, al menos para mí, estaba terminada.

FN.- Choca a primera vista la personalidad del protagonista, Eusebio Matrás, ¿su erudición y su humanitarismo no refleja una visión idealizada del Ejército? ¿Qué queda de Matrás en nuestros militares?

PJ.- No tengo una relación cercana con los uniformes de ningún tipo, salvo con el azul de la Universidad de Chile, el equipo de fútbol del que soy hincha fervoroso. De hecho, no hice el Servicio Militar (no fui nunca más a presentarme después de la postergación, la verdad). Sin embargo, creo que nuestra mirada distante de los militares es hecho cuanto menos obvio después de tantos años de dictaduras, tanto en Chile como en los otros países del continente. Deberán pasar muchos años para que sepamos o nos interesemos sobre la vida en los cuarteles. A pesar de ello, las antiguas tradiciones militares, las primeras, generaciones, las que pelearon por la independencia, creo que tenían una relación distinta con los civiles, eran hombres que resaltaban también por su alta preparación intelectual.

FN.- ¿La derrota personal de Matrás con esa gran amargura y tristeza por el asesinato cometido es una venganza personal del autor?

PJ.- No, de ninguna manera. Como dice el cliché, Matrás es víctima de su circunstancia y del infortunio, de la derrota de las letras frente a las armas y la intolerancia. En ese proceso se hace hombre, también.

FN.- ¿Por qué no hay mujeres en tu novela, salvo María Quitral? ¿La guerra y las aventuras son cosa de hombres?

PJ.- Varias amigas me han dicho eso, yo las miro asustado y no puedo sino disculparme. Honestamente, creo que no me salen no más. Aunque puede que sea por las tramas puntuales de estas dos novelas. Veremos qué pasa en la siguiente.

FN.- Has realizado declaraciones a favor de las demandas marítimas bolivianas, sumado a la postura de tu novela, que tú defines como antofagastina, ¿no te temes represalias en tu país?

PJ.- No, de ninguna manera. ¿Qué me van a hacer? Hace tiempo que se acabaron en Chile las represalias por estas cosas. Las opiniones que he recibido sobre la novela en lo menos que se han fijado en eso. Estamos hablando de una novela, no de un discurso vociferante en una plaza pública. Y si así fuera, no hay problema. En todo caso, si una noche llega a mi casa un auto con tipos vestidos con gafas oscuras y hablando por radio, entonces tendré que huir. Desde ya les pido asilo si eso ocurre. Asilo para mí y para mi gato.

FN.- De la novela se entiende que Bolivia perdió su litoral no solo por la invasión chilena sino por otras causas también como la dejadez de las autoridades bolivianas de su territorio marítimo, los problemas internos, las sediciones, el mal gobierno...

PJ.- Fue por ambas cosas, por el caldero enorme que se formó. Malos gobiernos, mucha ignorancia y dinero extranjero de por medio.

Cochabamba, Bolivia
15/May/05

 
 

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Cochabamba - Bolivia

 
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