La OCIC-SIGNIS ha previsto la exposición de “El lado oscuro del corazón” en su segunda parte de Eliseo Subiela para el “Lunes de película” de mañana. Transcurrió una década de la primera parte de la cinta del realizador argentino que causó conmoción en América Latina.
Inscrita en el género del drama, tiene una duración de 108´ y cuenta nuevamente con la actuación principal de Darío Grandinetti (que actúo en “El día que murió el silencio”) y de Nacha Guevara. Esta segunda parte es una coproducción argentina y española de 2001. La dirección es la calle Baptista 0110, esquina Heroínas, a partir de las 19: 00.
En “El lado oscuro del corazón” Oliverio –un personaje cortaziano- cuenta con cuarenta años y sigue abocado en la búsqueda de la mujer que sabe volar, siendo aquel poeta que vagó por las calles de Buenos Aires y se embarcó detrás de una mujerzuela que partió para España. Ana fue aquella vez la mujer ideal salida de un burdel que encandiló a Oliverio.
En la segunda parte, el poeta envejeció pero no su galanteo y el ser errante, conociendo esta vez a Miranda cuyo apodo es “La anguila” con la que al besarse es capaz de encender una bombilla.
La beldad, aparte de estudiar Física se entretiene en discutir con Oliverio la ley de la gravedad, que tanto obsesiona a Oliverio y le exige que de una vez por todas busque un “trabajo normal” y siente cabeza.
El poeta ve en ello el inaceptable matrimonio y decide alejarse de Miranda para emprender la búsqueda de Ana en Barcelona, entablando amistad con El Tiempo –que viaja en motocicleta- un estrecho amigo de La Muerte. Previamente arroja a Miranda al foso de la cama tal como hizo con incontables conquistas.
En su vagabundear conoce a Alejandra, una artista circense que escribe poesía y cree encontrar esta vez definitivamente a la mujer que sabe volar...
Se dice siempre que las segundas partes no son buenas y este acierto se aplica a Subiela que perdió el encanto de “El lado oscuro del corazón” con los poemas de Oliverio Girondo y la inigualable presencia del poeta Mario Benedetti.
Si bien la poesía vuelve a estar presente, no tiene el encanto de la primera vez.