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En la Feria Internacional del Libro de La Paz se presentó el nuevo libro del escritor paceño “Necrológicas”. Este texto introduce al lector a las temáticas que aborda el compendio de relatos
Viscarra, vida para beber en serio
Victor H. Romero
El escritor paceño Victor Hugo Viscarra.

Cada vez que se menciona el nombre de Víctor Hugo Viscarra, la pregunta es inevitable: ¿sigue vivo? Interrogante que define con precisión la imagen que tienen de él las personas que lo conocen, que están conscientes y comprenden la apuesta que hizo con la vida.

Antes de iniciar cualquier comentario sobre Víctor Hugo se debe mencionar su habilidad para decir lo que se tiene que escribir con lo términos adecuados, de ahí que su lenguaje en el cielo, en la tierra o en el infierno seguirá siendo el mismo.

No se puede afirmar si el autor está consciente o no que, con su peculiar manera de describir su supervivencia, también lucha por perpetuar la existencia de un lenguaje que casi siempre es desechado o aplicado literariamente a una distancia prudente, que finge estar cerca cuando en realidad no hace más que alejarse y convertirse en parte de una gélida narración. Víctor Hugo plantea entre comillas una singular lucha de clases, de lenguas.

La destreza narrativa de Viscarra permite a sus lectores disfrutar de una ironía fina a la hora de adjetivar la vida y sus desgracias, no es extraño entonces encontrarse con frases que combinan términos muchas veces opuestos, que en su esencia se hallan ligados por un delgado e íntimo lazo, “tu cuerpo debe estar ardiendo como si estuviera al spiedo y tus poros exudando residuos de carbón encendido”.

La vida para Víctor Hugo a partir de sus relatos no tiene un principio y un fin, es continua, sus narraciones están marcadas por la obligatoriedad de existir, el punto final de sus cuentos no hace más que dar inicio a otra historia, porque se encarga de que sus personajes, a los que les ha robado un poco de su existencia, sigan con vida. Genera en el lector la seguridad de que mañana llueva o haga frío, esos seres humanos por enésima vez estarán haciendo hora, esperando a que la noche regrese, con esa sinceridad que los caracteriza, porque entre párrafo y párrafo, hacen lo que les da la gana, respondiendo siempre a un código personal, igual de egoísta que el mundo en el que les ha tocado crecer.

La diferencia entre Víctor Hugo y el resto, radica en que tanto su obra como su persona, son creíbles. El lector que ha tenido la oportunidad de conocer o de estar cerca al mundo paralelo en el que subsiste el autor, pocas veces dudará del relato, puesto que la realidad es igual o mucho más cruda, quizás Viscarra peca por maquillarla, añadirle perfume barato y hasta una sonrisa sincera. Sería un error no tomarlo en serio, subestimar a ese mundo que casi siempre negamos, porque el aceptarlo significará admitir que somos juez y parte en una sociedad cada vez más escéptica y discriminadora.

¿Qué es la literatura para Víctor Hugo Viscarra? Probablemente una excusa para expresar lo que piensa en voz alta, para convertirse en la voz interior de quien lo lea y hablar con el a calzón quitado, con el único propósito de sacudirle el piso, darle un par de bofetadas a esa existencia cómoda y anodina que lo único que hace es ahogarse en un vaso con agua, porque no tiene ni la más remota idea de lo que significa habitar en la calle.

No debemos descartar que la escritura para el autor se convierte en un exorcizante remedio que le permite sentirse acompañado, dejando de lado la vaguedad de su presencia, entre el bien y el mal, la superficie y profundidad, entre el día y la noche...

Las andanzas de Víctor Hugo transportan al lector a las distintas regiones que acostumbra habitar, de ahí que se puede descubrir que el rostro de la pobreza es el mismo, que el espejo en el que suele reflejarse se encuentra colgado en los muros de todo el país y que al autor poco le importa lo que diga, suponga, presuma de su persona, de la “mendicidad, humillación y abandono” que denuncian sus textos, tengo la sensación que Víctor Hugo quiere rescatar la memoria de sus cuates y que estos no caigan en el olvido, porque también se merecen un espacio en el recuerdo y no ser una excusa para hacer perdurar a través de ellos, ahí su sinceridad.

Plantea Viscarra un interesante debate entre lo que él considera anormal y lo que el resto cree que es normal, polaridad que desde cualquier punto de vista terminará negando el derecho a la existencia del otro, o por lo menos censurando su comportamiento, calificándose mutuamente de banal e insignificante, en los hechos los dos universos anhelan lo que el otro no quiere.

No es exagerado afirmar que la supervivencia de Víctor Hugo está asegurada, puesto que su universo seguirá creciendo y en un franco enriquecimiento literario, que página por página se encargará no solo de denunciar su existencia, también de brindarle el aspecto humano que exige diariamente.

Cochabamba, Bolivia
28/Ago/05

 
 

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