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Ed. Impresa Todo este nuevo contexto se representa en el mítico beso que Barbarella da a Hugo Banzer Suarez en la Entrada del Gran Poder de 1975, ese beso de la prohibición, el beso de la violación de los derechos...

La China Morena: Memoria histórica travesti

Por Da­vid Aru­qui­pa Pé­rez - Periodista Invitado - 4/11/2012


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El alcalde paceño Luis Revilla, rodeado por la familia Galán, mientras sostiene el libro de la China Morena.  - Los Tiempos  | Usuario

El alcalde paceño Luis Revilla, rodeado por la familia Galán, mientras sostiene el libro de la China Morena. - Los Tiempos | Usuario

David Aruquipa Pérez (*)

Este libro surge, como toda búsqueda, de la curiosidad. ¿Quién o qué era la China Morena de los años 60 y 70 del siglo pasado? Pero también surge desde un deseo personal y político: escribir la historia de las chinas morenas de carne y hueso, escribirla desde sus recuerdos, desde la añoranza de su sensual presencia en las fiestas populares. Pero no se trata solamente de una historia oral; se trata, en realidad, de una historia de desprendimiento y valentía de quienes hacen ahora pública su voz.  

Luego de una intensa pesquisa, podemos reconocer quienes fueron las creadoras de la China Morena: Carlos Espinoza (Ofelia), Tito Fernandez (Titina), Diego Marangani, Rommy Astro, Juana Carrasco, Candy Viscarra, Luis Vela (Lucha), las que ya han partido y a quienes rendimos homenaje: Liz (+), Pocha "Pula" (+), Barbarella (+), Verónica (+), Danny (+), Kuki (+) y Karen (+) y otras que se convertirían en las principales informantes y protagonistas de este libro.  

Fueron, pues, ellas las que crearon el personaje de la China Morena con dos ingredientes fundamentales: una actitud y una estética. Los elementos de esa actitud; es la majestuosidad de este personaje que tuvo como inspiración a otros personajes también populares y difundidos por los medios de comunicación y el cine de la época: las vedettes argentinas y mexicanas, las rumberas cubanas y las modelos cuya imagen aparecía en algunas líneas de cosméticos. De ahí que rasgos de Moria Casán, Ninón de Sevilla, María Félix, Rosa Carmina, María Antonieta Pons y Carmen Tórtola Valencia (la modelo de la línea de cosméticos Maja), fueron cooptados por estas divas y recreados para dar lugar a la esplendorosa China Morena. 

Entonces las medias de red, las botas largas hasta los muslos, los corsés, las mangas anchas tipo mariposa, los cancanes, los volados, las pelucas y los peinados bombé, los canelones y el maquillajes fuerte y profundo no sólo ocultaron la masculinidad biológica, sino y sobretodo fueron los materiales para transformarse en un personaje único, bello y seductor. De este modo, el estilismo fue el instrumento que revolucionó y creó a este personaje que se llamaría desde entonces la China Morena.  

Pero lo singular de esta historia es que las chinas no fueron rechazadas por las fraternidades folklóricas; todo lo contrario, en un gesto definitivamente intercultural, las chinas se convirtieron en el toque definitivo de las morenadas y, consecuentemente, eran tratadas como estrellas, como reinas por las familias de pasantes de las fraternidades. Su arte y su aporte a la cultura popular fue reconocido plenamente porque las fraternidades las contrataban con un año de anticipación, les pagaban el transporte, el hotel, el traje, además del estipendio por su participación en la entrada y la fiesta. No había morenada que se precie de tal si no tenía "sus chinas".  

Esta calidad de la fiesta como espacio colectivo y comunitario se rompe cuando la fiesta del Gran Poder se institucionaliza a través de la creación de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, la que, como toda institución, quiere ampliar su espacio de influencia y también de poder. Esta primera directiva de la Asociación, encabezada por el dirigente Lucio Chuquimia, decide que este ensanchamiento suponía trastocar el carácter barrial de la fiesta para hacerla una fiesta de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz.  

Pero más allá de los juicios sobre la importancia de esta decisión en el marco de la "toma" de la ciudad por los Señores del Gran Poder, importa ahora indicar que la misma se hizo a costa de la expulsión de la comunidad travesti de la fiesta del Gran Poder. Y es que esta "toma" de la ciudad significaba el coqueteo con el poder, con la burguesía, con el poder político. Todo este nuevo contexto se representa en el mítico beso que Barbarella da al presidente dictador Hugo Banzer Suarez en la Entrada del Gran Poder de 1975. Ese beso de la prohibición, el beso de la violación de los derechos, el beso detonante de la exclusión de las compañeras travestis de la fiesta del Gran Poder.  

Desde la población Trans, Lésbica, Gay y Bisexual, este beso podría haber sido un desafío al poder, o también un coqueteo de clase, de verse de "igual a igual con el presidente".  

El mito del beso que incluye sus consecuencias, no logró, sin embargo, eliminar el carácter inclusivo de la fiesta. Con tozudez, los pasantes de las fiestas rurales y fiestas de los barrios de La Paz, no sólo que siguen contratando a las chinas morenas, sino que mantienen y refrescan la complicidad y amplían los espacios de libertad, aceptación y respeto de las travestis. Villa San Antonio, Villa Victoria, Villa Copacabana, el barrio de Santa Bárbara, la Fiesta de la Exaltación de la Garita de Lima; las fiestas de Patacamaya, la fiesta del 3 de Mayo de Copacabana, Achacachi, Sorata; Eucaliptos en Oruro y Quillacollo en Cochabamba (en la que Ofelia bailó por mucho tiempo), fueron los nuevos territorios que acogieron a las chinas. 

Entonces, su participación en la fiesta fue continua, si bien hubo una prohibición oficial, ésta se redujo a las fiestas principales, creando, de ese modo, espacios marginales de rebeldía que concentraban tanto el talante popular de las familias de pasantes, de los vecinos y los pueblos, como el deseo de la comunidad travesti de seguir disfrutando, bailando y ejerciendo sus derechos culturales. 

Esta actitud resalta más si se toma en cuenta que se vivía una época de dictadura, represión y violación de los derechos humanos. Desde ese punto de vista, se trata, sin duda, no sólo de un esfuerzo, sino de una verdadera lucha de la comunidad trans, logrando hacer de la cultura un espacio de diálogo y de rupturas, han hecho de la fiesta un lugar de provocación, de transgresión y de liberación. Toda fiesta es sinónimo de libertad y sus presencias dieron libertad a sus cuerpos, a sus pensamientos, a sus propuestas, alimentadas por su enorme creatividad.  

Estas historias, fotografías, algunos trajes matizados con anécdotas personales, se presentan en la Casona Santivañez de la ciudad de Cochabamba hasta el 9 de noviembre, este paseo por la historia compromete el reconocimiento al aporte invaluable de todas estas personas que hicieron posible la creación de un personaje que ahora es parte indisoluble de las fiestas de nuestro país.  

En un retorno a este aporte, quiero resaltar la continuidad a la tradición formada por estas compañeras a través de la Familia Galán (Paris, Danna y Alisha Galán), que vuelven a traer a la fiesta a esta China Morena, como un acto de reivindicación, de reinterpretación y de justicia a la memoria de estas compañeras.  

 

(*) Autor del libro y actual Presidente del Colectivo Trans, Lésbico, Gay y Bisexual de Bolivia.

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