Ed. Impresa La edición crítica de este clásico de la literatura boliviana fue realizada recientemente y es la primera reedición de la primera y completa edición original de 1885
“Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la independencia”
Por Arias Sandra - Los Tiempos - 13/06/2010
Nataniel Aguirre, autor de la novela “Juan de la Rosa”. - www.bv.umsa.bo Agencia
Una de las 15 novelas fundamentales de la literatura boliviana, que debieron ser editadas por el Gobierno el año pasado, es “Juan de la Rosa”, de Nataniel Aguirre. La siguiente es una entrevista con Mauricio Souza, director de Plural Editores, casa que acaba de reeditar la obra. Souza señala que esperan poder presentarla en la próxima Feria del Libro de Cochabamba y la considera especial porque es la primera reedición de la legendaria primera edición de 1885. Además –dice— es crítica, pues incluye, en casi 700 notas a pie de página, aclaraciones históricas, de vocabulario y todas las variantes introducidas en ediciones anteriores por descuido o por error.
Lecturas: ¿Qué hace de ésta una de las novelas latinoamericanas más importantes del siglo XIX y ser parte de las 15 novelas fundacionales de la literatura boliviana?
Mauricio Souza: Aparte del hecho nada desdeñable de que es una buena novela, es una de las primeras de Bolivia (o la primera de su riqueza). En Latinoamérica, el género es tardío y, en general, no muy fuerte; quizá con la excepción del gran novelista latinoamericano del siglo XIX, un brasileño, Joaquim Machado de Assis.
“Juan de la Rosa” funda, entonces, la tradición de nuestra novela y, al mismo tiempo, establece una serie de conexiones con nuestro imaginario que hasta hoy son fundamentales. Mencionaría una: su compleja manera de establecer una filiación a partir del melodrama. La novela, de forma muy gruesa, se estructura como la respuesta a la pregunta clásica –que en Latinoamérica fue la novela “Pedro Páramo” la que configuró mejor– “¿Quién es mi papá?”. Y la respuesta, bastante clara, es “No importa, pues yo escojo a mi madre, a sus antepasados, y, con ella, a toda una filiación de gente en busca de la autodeterminación cultural y política”. Esta respuesta –que es personal, política e histórica al mismo tiempo– marcará sin duda ciertos mitos profundos de nuestra identidad colectiva.
L: ¿Cuál es la razón por la que no se la ha difundido con más profusión a nivel internacional?
MS: Se la ha difundido (hay una decena de ediciones internacionales), pero no se la ha leído y estudiado mucho. Las razones de esta falta de lecturas son, sin duda, múltiples: que la literatura latinoamericana del siglo XIX, en general, no sale muchos de sus países (¿Hay muchos que lean a Montalvo fuera del Ecuador? ¿O a Echeverría fuera de la Argentina? ¿O al mismo Machado de Assis fuera de Brasil?). Luego, es una novela histórica, y su historia es, hasta cierto punto, específica, local. Aunque habría que recordar que las grandes novelas realistas del XIX europeo son también locales, y nosotros simplemente tenemos la mala suerte de ser locales en el culo del mundo.
L: Se dice que es constantemente aludida pero poco consumida. ¿Cuál es la razón?
MS: Porque ésa es la suerte de casi todos los clásico. “Libros que todos conocen pero pocos han leído” (según la definición de Borges de lo que es un clásico); libros que “no hemos leído y nos da vergüenza confesarlo” (según la definición de Ítalo Calvino).
El sistema escolar en Bolivia, de paso, ha colaborado al convertirla en una especie de novela cívico-patriótica, que, me imagino, es la forma más eficiente de arruinar cualquier lectura. Habría que notar, además, que casi ninguno de nuestros clásicos es realmente leído. Son los daños de un sistema de educación escolar que es mediocre con furia y alevosía.
L: ¿Cuál es su clasificación narrativa y cuáles son sus características estructurales?
MS: Es una novela histórica estructurada como un testimonio. Está narrada casi a dos voces: narra un viejo soldado de la independencia quien, al mismo tiempo, trata de respetar el punto de vista de un niño; es decir, la narra el Juan de la Rosa viejo y el niño, al mismo tiempo. Además, hay numerosos relatos dentro del relato (otros personajes, documentos, historias…).
L: ¿Qué influencia de la literatura del siglo XIX se puede advertir en la obra y qué influencia tuvo en la narrativa posterior?
MS: Sin duda, en ella es posible rastrear las influencias de rigor: ciertos aspectos de la novela sentimental del XIX y de grandes autores de la novela histórica. (La influencia del gran realista español Pérez Galdós es evidente, sobre todo el Galdós de la primera serie de sus Episodios Nacionales). No sé cuál haya sido su influencia en la literatura boliviana posterior, aunque sí puedo decir que en ella se marca una frecuente necesidad de la literatura boliviana de marcarse como testimonial (recuérdese sino la narrativa de la Guerra del Chaco o, a veces, la narrativa minera).
L: ¿Qué historia rodea a la primera edición de 1885?
MS: Apareció el 14 de septiembre de 1885 como una edición del periódico cochabambino El Heraldo. Se supone que era la primera parte de una saga en cuatro, de la que sobrevivió sólo la que conocemos y que se llama, estrictamente, “Cochabamba”. (Las otras tres novelas se llamaban “Los Porteños”, “Hayopaya” y “Los Colombianos”, todas bajo el título general de la saga: “Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la independencia”). Esta primera edición de 1885 siempre ha sido citada como la primera, pero nunca reeditada hasta hoy, como en la actual edición de Plural Editores. Las múltiples ediciones existentes hasta ahora reproducen la segunda (de 1909), y que ofrece una serie de errores, omisiones e intromisiones de mano ajena.
L: ¿Qué se puede decir de la novela, al margen de los calificativos de rigor, para una obra de su talla?
MS: Que merece ser releída. Yo lo he hecho luego de 20 años (es decir, desde el colegio) y la disfruté inmensamente. Además, quedé cautivado por su sofisticación y complejidad.
Esta hermosa edición fue preparada por Gustavo V. García, un catedrático boliviano.
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