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Ed. Impresa Cuatro coreógrafos dan sus impresiones y conceptos sobre algunas facetas que caracterizan a la danza. Ellos participan en el IV Festival Internacional de Danza Contemporánea

Bailar y sentir

Por Rojas Heredia Jackeline - Los Tiempos - 12/09/2009


Lenguaje, discurso, movimiento y sentimiento en la danza contemporánea. En la foto, las bailarinas de  Melo Tomsich. - Goitia Rodolfo  Los Tiempos

Lenguaje, discurso, movimiento y sentimiento en la danza contemporánea. En la foto, las bailarinas de Melo Tomsich. - Goitia Rodolfo Los Tiempos

Es curioso cómo la construcción de sentido puede generar conflicto en más de un artista cuando se plantea la siguiente cuestión: ¿Qué es lo que el arte quiere contar? Y de manera específica: ¿Qué es lo que la danza quiere contar?, una pregunta latente y repetida en medio de talleres, charlas y ensayos realizados en el marco del IV Festival Internacional de Danza Contemporánea que finaliza hoy en el Centro Simón I. Patiño.

Se cierra el evento con la presentación de la compañía española “La Nónina Imperial” que pondrá en escena la obra “Alleluya”. La cita es a las 20:00 en el teatro al Aire Libre.

El festival generó una apertura a diferentes propuestas presentadas por las compañías nacionales e internacionales participantes.

En el encuentro artístico se integraron las puestas magistrales de obras perdurables en la memoria;  el intercambio de conocimientos, visiones y conceptualizaciones de lo que es la danza contemporánea, su desarrollo a través de la historia, su influencia y, finalmente, su propio lenguaje.

En ese marco, uno de los ejes del debate que ha circulado durante los 13 días de festival es que la danza puede o no utilizar el movimiento como discurso y que el movimiento es independiente de la música.

Tomando como punto de partida estas ideas, cuatro coreógrafos intentan traducir, desde su visión, el idioma de la danza.
Ellos son Luis Garay, coreógrafo argentino; Melo Tomsich, coreógrafa y fundadora de la academia “Melo Tomsich” en Cochabamba; Juan Carlos Rivera, boliviano con estudios en Argentina y residencia en ese país y, por último, Martha Emilia Puentes Sánchez, coreógrafa de la Escuela de Danza Nacional de Cuba.

Juan Carlos Rivera se ubica en el lado objetivo del movimiento y defiende la creación de una “hipótesis de sentido” por la que el movimiento es capaz de adquirir un “lenguaje objetivo”. Se define el movimiento por lo que es y no por lo que expresa y se realiza una construcción que fija la forma en la figura geométrica, calculada, organizada y matemáticamente exacta. “El movimiento puro”, como lo menciona Rivera, y que puede ser interpretado por el espectador con esa misma pureza.

Para Melo Tomsich las cosas no son tan simples. La danza tiene su propio discurso, pero no siempre el sentido que el espectador le da es el mismo. Lo importante para la coreógrafa, de casi 40 años de ejercicio artístico, es que “la danza tiene que hacer sentir algo al público, pero algo lindo, algo emocionante, algo triste, nunca algo feo”.

A la danza, agrega Tomsich, “no se necesita entenderla, sino sentirla”.
Luis Garay afirma, por su parte, que “sentir” es una opción, pero puede ser más importante lo que el espectador perciba de lo que pueda sentir, lo que observe y las preguntas que formule acerca de lo que ve y de lo que es la danza en sí.

Garay sostiene que “no existe nada sin discurso y la danza tiene su discurso propio que no necesita de la representación”; sin embargo, señala que el foco de la atención no debe estar dirigida en el discurso, sino en la interpretación del mismo; entonces, desde ese punto de vista, lo que importa es el que observa la danza, más que el discurso que ésta propone.

“El discurso de la danza está expresado a través del movimiento, está en lo que el intérprete (bailarín) siente por medio de toda la expresión de su cuerpo”, afirma Martha Emilia Puentes Sánchez, coreógrafa cubana. Puentes menciona que la danza en Cuba
“es una disciplina que se estudia desde una edad muy temprana y no se hace otra carrera que no sea esa. La vida es bailar”, concluye, y explica que cada bailarín se somete a un entrenamiento fuerte que conlleva mucho sacrificio, como dejar la familia.

La motivación
Una segunda pregunta podría complementar y ayudar a dilucidar la variedad de respuestas en torno al lenguaje o discurso de la danza: ¿Qué les motiva a bailar?

“A veces la motivación está en el deseo”, sostiene Rivera. “Hay bailarines que bailan por el simple deseo, pero la danza como arte implica una labor más profunda y está en la construcción de una propuesta para el espectador, no en el mero deseo”, sostiene, y defiende su motivación como el deseo que él tiene de construir un “lenguaje puro”.

Tomsich, por otro lado, dice: “yo propongo en mi trabajo siempre cosas diferentes. Vos no haz visto un solo movimiento en la obra, presentada por mi academia, que se parezca uno a otro y toditos absolutamente tienen algo que decir”, concreta.

“Lo que me motiva es la experiencia. Es muy rico trabajar con bailarines jóvenes, sobre todo con varones porque a la hora de bailar se entregan mucho más. Esa pasión, esa entrega es mi motivación”, afirma la cubana Puentes Sánchez.

Por su parte Garay dice: “A mí me motiva provocar una reacción en el que está del otro lado. Lo que hago, lo hago porque no sé hacer otra cosa y lo hago porque me interesa provocar ‘algo’ en el que viene a verme, eso en términos generales. En términos específicos, hay muchas cosas que me motivan, como el espacio, el tiempo, el cómo construir un discurso, cómo generar preguntas por medio de lo que hago. Una vez que está concebido el significado, la interpretación es libre; yo tengo unas pretensiones, pero una vez que está concebido eso se dispara y entre más múltiples interpretaciones le hagan a mí obra, mejor”.

Y entre esas interpretaciones no puede faltar la participación del público asistente a la puesta en escena de cada obra. Es el público el que –además de participar con su presencia en el festival– tiene la última palabra en cuanto al infinito universo del lenguaje en movimiento.

LOS ESPECTADORES OPINAN

• “Me llamo Alán y he visto cuadros interesantes, otros que me han dado la impresión de estar incompletos. La presentación que me gustó mucho fue la de Chile: “La Compañía de Papel”. Me ha parecido increíble, mucha riqueza de expresión, pero algunas presentaciones de la obra de Melo me parecen muy densas para mi percepción, no sé cómo decirlo porque no he llegado a definirlo” (Alán).
• “Muy bonito todo lo que he visto en el festival y muy relajante también. Cada obra es diferente, tiene otro mensaje. He asistido a cinco presentaciones. Lo que más me gustó fue el baile del primer día con los chicos cubanos. También Ekekos, la participación de Juan Carlos Rivera, son las que más me llamaron la atención. La de Tomsich me gusta también” (Karina).
• “Están todos muy buenos, un nivel muy parejo, muy interesantes todas las propuestas, bastante diferentes y eso es bueno. Se han jugado porque haya variedad y propuestas no sólo nuevas, era una mezcla de lo ya conocido con lo nuevo; es interesante cuando nos disparan algo diferente. Esta increíble que sean tantos días de festival, uno trata de venir lo más posible. No puedo decir qué me gustó más porque todas fueron diferentes y cada una de lo suyo ha dado muy bien”. (Analía)
•“Yo sólo he podido ver a la compañía chilena y la presentación de Melo. De la compañía de Chile me encantó la capacidad teatral de los bailarines, esa combinación de danza-teatro me parece que ha estado siendo la innovación de esta nueva temporada, ¿no? He visto bastante expresión en la danza. Melo me deja sin palabras. (Daniela).


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