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Ed. Impresa Los eventos musicales se propagan por el planeta

Música, festivales y primavera

Por Iglesias Mendizábal Fadrique - Periodista Invitado - 13/09/2009


Dos cantantes en un festival de música. - James Daniel  Los Tiempos

Dos cantantes en un festival de música. - James Daniel Los Tiempos

Llega la primavera y a todos nos aumentan las ganas de salir a la calle. Aunque no nos habíamos quedado encerrados en casa precisamente, ya que el clima de los valles y llanos bolivianos nos obliga a hacerlo, por lo menos nos cubrimos más las carnes y la billetera durante junio, julio y agosto, con las enormes y desconcertantes excepciones de fiestas que nadie puede parar como Urkupiña, el Gran Poder o la Entrada Universitaria.

Durante los años 60, de grandes luchas sociales y descontentos causados por la guerra de Vietnam en Estados Unidos, muchos jóvenes encontraron una válvula de escape para sus ideas, excesos, creatividad y desenfreno. Así nació Woodstock en una enorme granja en el Estado de Nueva York. Aquel festival de rock cambió la forma de ver las reuniones juveniles de verano y musicales.

Mucho a pasado ya de eso, y no ha podido reeditarse con el mismo éxito en cuanto a fenómeno sociológico. Sí comercial. Sin embargo, ahora los festivales musicales se han propagado por todo el planeta comprendiendo diversos estilos y formatos. Desde el político y de música protesta, al rock duro, folklore, rock independiente, y últimamente la música electrónica, muchas veces complementados con otras artes, digamos que plásticas, escénicas y digitales.

Entre los festivales destacados en esta década han sonado algunos como el Rock in Río, otro decano de los festivales musicales que tuviera su auge en los 80 con grupos como Queen en la ciudad de Río de Janeiro y que en los últimos años se ha mudado a Lisboa y Madrid, y próximamente a Londres.

Otro de los célebres festivales, aunque tambaleando su continuidad, es el Lollapalooza en Estados Unidos, para los más alternativos; en España destaca para los “indies” el Festival de Benicassim; o en Berlín y sucursales (Santiago de Chile, Caracas) para los “electrónicos” el Love Parade.

Sudamérica no se duerme y existen festivales como el Cosquín Rock (donde tocaron los nacionales Go Go Blues), el Quilmes Rock y el PepsiMusic en Argentina. En Colombia destaca el festival Rock al Parque donde se presentaron hace unos años Octavia. En cuanto a fama, sin tratarse específicamente de rock y sin ese aura contestatario destaca por su repercusión el Festival de Viña del Mar, más acorde con los vientos posmodernos.

En nuestro país últimamente se ha tratado de dar despegue a festivales como éstos.
El más exitoso sin dudas ha sido el Festimusic de Paceña en La Paz y Santa Cruz, más popularmente conocido como “Festichela”. Por sus escenarios han pasado bandas como Aterciopelados, Babasónicos, La Ley, Cerati, Molotov, Ataque 77 o Bersuit. Este año (la semana pasada) el festival, en cuanto a oferta musical, ha andado más flojito (Panda, Moderato, Beto Cuevas), lo que no impidió un buen aforo nuevamente.

En Cochabamba parece que también tenemos algunas nuevas alternativas. En estos días se pueden ver volantes de festivales musicales como el K´ochala Fest o el Zafari Beatz, pero el que luce más sólido es el Spring MusicFest, festival que ya tiene otras dos ediciones en su haber histórico.

Este evento prepara para este año (19 de septiembre), además de música electrónica nacional e internacional, algunas de las mejores bandas locales (Mammut, Oil). Como novedad,  habrán presentaciones artísticas, fotografía, desfiles de moda, graffitis, actividades deportivas, malabaristas, presentaciones de trabajos de la escuela de cine La Fábrica, y actividades familiares al aire libre dentro del Club Hípico. ¡A tomar el sol vamos!.

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