Ed. Impresa Flor de Puruma
Poema de Gonzalo Montero Lara
Por García Mérida Wilson - Periodista Invitado - 1/11/2009
Hace un año exactamente, perdí una joya invaluable. Partió mi Lidia a morar en ignorada estrella, parafraseando a la Alondra Solitaria. De ella me queda su sangre en mis hijos y, más que su imborrable recuerdo, sus enseñanzas para encontrar el camino hacia los umbrales de la utopía; allí llegué siguiendo las huellas del arco iris en que se transformó su memoria.
Lidia Limachi conocía al pie de la letra la profecía del Pachacuti, se la contó su abuela, sacerdotisa que ofrendaba trinos y gorjeos a cada salida del sol en Chucaracito: narraba —en forma de cuentos infantiles— sobre pactos entre dioses y mitimaes, y sobre unos pueblos pukinas, urus y chipayas infranqueables incluso para el invasor quechua.
Un día en que su salud quebrantaba, acudí al auxilio del doctor Gonzalo Montero Lara, médico samaritano poeta, quien vino presuroso a casa cargando su estetoscopio y muestras médicas gratis que fueron providenciales. Allí Gonzalo conoció personalmente a mi esposa, palpó su piel chocolate, admiró su pelo azabache y sintió la energía de su poderosa inocencia en esa mirada profunda de soles ancestrales.
El día en que se me fue, el poeta médico trajo una guirnalda y un manuscrito inspirado en la tierra virgen, en memoria de ella, Flor de Puruma, que hoy figura en el último poemario de Gonzalo Montero titulado “Espejo de ausencias”. Dicen aquellos versos en homenaje a mi Lidia:
“Flor aymara de sutil terracota | brotada del cálido aliento | de soberbias rocas | entre pétalos del risco | con pelo azabache y piel chocolate.
Un día de siembra lozana escuchaste | voces del viento que hablaron de amor | rindiendo tu tallo volviéndote lluvia | llegó el río a surcos del valle | nacieron retoños | en fiesta de apus | surgieron tormentas | en tu sangre ardiente | arremolinadas con tu par guerrero | huellas de ausencia marcaron tu alma | cien manos traidoras ataron los puños | pantanos oscuros ahogaron tu voz | renació Micaela | otra vez Bartolina | exhalaron en ti | para volver nuevamente | mirando el legado | desgranada en rocío | de límpida luz | marcando el sendero | de tu compañero | quien sentirá en auroras | el dulce perfume | de flor de puruma”.
Suplí la pesada lápida en su nicho con unos banners hermosamente diseñados por Edgar Zambrana Torrico, en Prisma, y a un lateral de ese altar figura con letras de molde el poema que Gonzalo Montero dedica a la memoria de Lidia.
Agradezco al personal del Cementerio General por la cooperación que recibí para instalar mi waquita en el panteón, conmemorando una pena que guardo con amor.
llactacracia@yahoo.com
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