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Políticos "verseros" a vuestra venia

Por Malagana . - Periodista Invitado - 15/11/2009


Todavía creo en las palabras que mi tío, el rebelde cura Hipólito decía a sus feligreses: "Dios hasta en su modestia es perfecto, si no... imagínense; a los hombres necios y a las mujeres bellas, cuán inteligentes les hubiera hecho, pero sus creaciones menos mal las hizo por orden de prioridades y le dio a cada quien lo que merece".

Y tenía razón, hoy por hoy, el "político"  es la mejor prueba de ello, claro... me refiero a los desahuciados. Evidentemente con sus actos, nos han demostrado  que lo más mezquino en cuanto a creaciones se refiere, son sin lugar a duda ellos. Sus artimañas, sus maneras de manipular y sus prebendas; de pronto han hecho necesario creerles ahora solo por obligada fe, ¡vaya si no es asombroso! Aunque no debía asombrarnos ahora ya nada de lo que hacen.

Quién iba a pensar que... tener un indígena en el gobierno, despertara de pronto tan inusitado alboroto y peor aun, moviera tantos intereses. Para unos... por derrocarlo y para otros... por prorrogarlo, cuando en realidad la cosa debía ser más simple. A todo ganador... se respeta, porque sencillamente ha ganado, y a todo perdedor... no se abusa, aunque éste quiera después "mariconearse"; o sea no aceptar su derrota atribuyéndose derechos también de ganador. ¿Será que es más complicado comprender eso?

El que tiene pega gracias al partido, debe entender que sencillamente no está ahí para robar; y el que no tiene, no debe conspirar a sola esperanza de poder robar también cuando le toque el turno.

Definitivamente estas contiendas políticas, estos entreveros prebendales; nos demuestra que el campo en el que se desenvuelve, no es para niños traviesos soñadores, menos para románticos fantasiosos ni poetas, o esos otros mesiánicos de fe. Se ha convertido o... dicho mejor, lo han convertido más bien, en lucha irrenunciable de gladiadores corruptos.

Un policromado género que van desde insignificantes pelafustanes encaramados en cargos públicos, hasta los de alto nivel que asombran con su entusiasmo. Sinarcas galafates y bribones de camastra; gente de la peor calaña, oportunistas que se venden al mejor postor y también tránsfugas imbuidos del más asqueroso cinismo, esos que defienden y justifican a rajatabla sus patrañas; por cierto... No se trata de anecdóticas comedias, sin duda abarcan delitos que van desde negociados millonarios (estafas cuantiosas al Estado); hasta crímenes genocidas; y todo encubierto bajo el rótulo de...  "democracia".

"Nada es legal, todo es persecución política, en tanto afecte sus intereses, en tanto la justicia quiera cumplir su propósito con ellos". Donde además dentro este juego maniqueo, se desarrolla una suerte de entretelones, obviamente dirigidos y preparados por ellos mismos.

Estirando sus tentáculos incluso a medios de comunicación que al final el desenlace resulta ser simple: el fin justifica "los medios" y aquí tampoco se libra el género femenino, esas mujeres que siendo en otras circunstancias, dueñas de nuestro corazón y nuestros dulces insomnios, vestidas de políticas, de repente las vemos ahora transformadas, como poseídas por demoniacos engendros metidos dentro de ellas.

Atrás quedaron pues aquellos políticos dignos, (con excepciones por supuesto) esos cuyas palabras endiosaban la razón, quemaban por su verdad en las entrañas, y desnudaban la injusticia. Ahora al bien lamentablemente han logrado mimetizarlo con el mal. Y el discurso esperanzador, se ha plagado de burdos farsantes y envilecidos demagogos; individuos a quienes tampoco les tiembla la lengua para decir necedades haciendo propuestas hasta ingenuas, oportunas a la época electoral. Insultando así el sentido común y la inteligencia de la gente.

¿Es que acaso estos se han creído que solo ellos existen y nadie más aquí? ¿Que este pueblo es de supinos idiotas solamente?
Permítanme decirles pues señores políticos, hay gente a la que causa náuseas su actitud. Sus caras de ángeles puritanos que ponen, su barato mercado de la palabra que ofertan, sus publicaciones interesadas que sus acólitos difunden.

Todo eso... está demás. ¡Cuántos, pero cuantos adjetivos les calzarían!, pero por pereza me limitaré solo a decirles lo más pertinente... Vaya estilo de hacer política que tienen. Qué pena que la peligrosa costumbre a la iniquidad se disimule con esperanza.

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