Ed. Impresa Aniversario de la tirana
Premio al Concepto
Por Rocha Monroy Ramón - Columnista - 15/11/2009
Alguna institución debería instituir el Premio al Concepto, destinado a calificar la conceptualización de los centros de diversión, a cómo los presentas, qué puesta en escena haces para agradar a los clientes. Pocos lugares ponen interés en este detalle. Les basta organizar una barra, unas sillas y mesas y una pista, o armar un tinglado abierto a los vientos, y ya creen que han cumplido.
Pero el concepto de un bar es como la escenografía de una obra de teatro, como la museografía de una muestra. Eso se debería calificar para premiar a nuestros artistas.
Lo pensé al recibir un poster de “La Tirana Bar”, que anuncia su mes aniversario, que es noviembre. Ese poster es la concreción de lo mejor del pop-art mexicano, es una prolongación del concepto de La Tirana, porque detrás de cada uno de sus detalles hay una unidad de concepción. Ahí están los colores cálidos de las paredes, los motivos de los enormes cuadros de pop-art, los murales, el equipo humano (en especial las chicas, no sólo bellas sino alegres y graciosas), y claro, la música, que es una colección magnífica de rock en español, lo mejor del rock del Río Bravo a la Patagonia.
El concepto de “La Tirana” es una acción de gracias a México, donde estudió comunicación Ariel Rocha, su diseñador. Ariel estudia las rutinas musicales de cada noche como si defendiera una tesis de Comunicación o de Musicología. Las rolas dibujan una montaña rusa que sólo tiene subidas súbitas porque los descensos son amables. Entonces crece la euforia hasta límites inauditos y luego se va atenuando para que los clientes y clientas busquen un tequila que les hará zumbar el alma y propiciará un nuevo ascenso de la euforia.
Cuando uno va a La Tirana, qué natural es envolverse en ella, ser parte de su atmósfera, de ese organismo colectivo no sólo por la escenografía y la música sino por el concepto humano, que es el factor más importante. Allí no hay relaciones patronales porque todos son cuates y cuatas, y de una calidad profesional increíble, porque todos (escúchenme) todo el personal son profesionales.
Allí me encuentro con abogadas, dentistas, licenciadas en Turismo, comunicólogos, arquitectos, médicos... Todos los cuates y cuatas del equipo de La Tirana tienen un sólido nivel profesional y un perfil humano envidiable, irreprochable. Esto provoca naturalmente afinidades con los clientes y clientas, que son del mismo perfil: artistas, universitarios y universitarias, profesionales jóvenes, turistas... Hay un denominador común de juventud realizada, con esa estrella del emprendimiento que suele grabarse en la frente de alguien que ya se ha formado y que enfrenta la vida con todas sus energías. Gente joven y con proyecto, gente que busca consolidar su obra en un sentido alquímico.
En La Tirana he aprendido a mirar a las chicas a los ojos y a tratarlas como a cuatas, como a personas, no como a objetos o "mamacitas". Claro, las conozco a todas porque son amigas o condiscípulas de mis hijos, son hijas de mis amigos (a veces, nietas, gulp); en fin, son mis sobrinas por parentesco o por cariño. Ese es el concepto humano de La Tirana, que emerge de una alegría sana, envolvente, cariciosa como las paredes cálidas o como el sabor aterciopelado de un tequilazo.
¿Cuándo vamos a convocar a un Premio al Concepto?
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