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Ed. Impresa Aboliendo las máscaras

El Carnaval del año 1894

Por García Mérida Wilson - Periodista Invitado - 7/02/2010


Es una fiesta que refleja los flujos y reflujos más profundos de la comunidad cochabambina. En 1894, por ejemplo, el Carnaval pasó en Cochabamba “sin que se hiciera notable sino por su decadencia, que va en razón directa del progreso social que ahoga las expansiones callejeras”.

La crisis económica, acompañada por el deterioro político del régimen conservador que entonces primaba en Bolivia —imponiendo conceptos tales como que la alegría era enemiga del progreso— , debilitó el entusiasmo organizativo de la fiesta.

Un año antes —y aquí una prueba de cómo las tensiones políticas incidían en la configuración organizativa del Carnaval— corría el rumor propalado por los liberales en sentido de que el Concejo Municipal, controlado por los conservadores, aboliría el uso de máscaras en las celebraciones carnavaleras. De hecho los munícipes del Partido Conservador decidieron crear un “impuesto” restrictivo al uso de aquellas indumentarias festivas, según informaba “El Heraldo” en su edición del 9 de febrero de 1893:

“Oímos decir en días pasados que este año pensaba suprimirse las máscaras por razones políticas. Bien averiguada la cuestión, resulta que dicha versión es falsa, que habrá máscaras y que la patente para ellos importa 3 bolivianos cada una. Esto es lo que ha resuelto el H. Concejo Municipal”.

Esta “patente municipal” que luego fue rebajada a dos bolivianos, había sido concebida, más que con fines de recaudación, con el propósito de ejercitar un control coercitivo identificando a los enmascarados en un registro tributario, sellando y numerando las máscaras patentadas.

Antes de instituirse este control se producía una peligrosa “des-segregación” social, “poniendo a las señoritas en situaciones embarazosas, pues no saben las más de las veces si están danzando con su pongo o su zapatero, o bien con un caballero”, decía la crónica de “El Heraldo”.

Semejante control municipal sobre el uso de máscaras tuvo vigencia inclusive durante los primeros años del siglo XX, junto a una serie de restricciones que, a lo largo de los años, se abolían o reactualizaban según el criterio político de los munícipes. Por ejemplo, “El Heraldo” del 9 de febrero de 1900 informó sobre una ordenanza municipal que “permite el uso de máscaras, disfraces y juegos de costumbres”, y a la vez “prohíbe el juego de cascarones el domingo de Carnaval, más no los de ramos, ramilletes, perfumes y otros. En los demás días se podrá arrojar cascarones, pero no con aguas teñidas, cuyos vendedores quedan comprendidosen la sanción respectiva. Se conserva la patente de Bs 2.- para poder usar máscaras con las garantías correspondientes”.

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