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La fortaleza chilena Venciendo al Apocalipsis
Por García Mérida Wilson - Periodista Invitado - 7/03/2010
“Ya habrá tiempo para llorar” decía con impávida voz Carlos Letelier, el cura de Curepto (una comuna costera en la región del Maule), rodeado por las ruinas de su parroquia que el terremoto-tsunami había destruido con inmisericordia, mientras su anciana madre era velada a la intemperie, como decenas de las víctimas mortales de aquel azote de Apolo.
El sacerdote Letelier había perdido su iglesia y a su madre cuando la tierra se tragó una porción del día y el mar se salió en tres oleadas de 10 metros de alto creando un diluvio de 600 kilómetros a lo largo de la frágil costa chilena; pero no tenía tiempo para lamentarse y menos para llorar. La magnitud continental de aquel evidente Big One no les permitió a los chilenos darse el lujo de llorar, acaso apenas una imprecación de impotencia y un saludo a Dios por dejarles con vida tras el letal coletazo.
“Dios sabe por qué nos ha hecho esto; pero hay que agradecerle porque si bien nos quitó todo, nos perdonó la vida”, dijo un ama de casa que recogía algunos bártulos de su hogar destruido entre los escombros que suman millones de toneladas en todo el territorio de Chile, que en un 80% es un solo escombro, el Gran Escombro. Las madres chilenas fueron los primeras en reaccionar con magistral estoicismo cristiano que a la vez opera como un eficaz mecanismo de sobrevivencia; pues en Chile la especie humana viene mostrando que su instinto de conservación no tiene límites ni en la más extrema de las situaciones.
“Ahora hay que levantarnos y reconstruir el país”, es la consigna de poderoso efecto en un pueblo que aprendió a ponerse de pie innumerables veces dentro una historia de recurrentes catástrofes sísmicas. El territorio de Chile está asentado sobre una falla sísmica formada entre dos placas de la corteza terrestre que tienden a sobreponerse periódicamente causando devastadores temblores, desde hace millones de años.
Sólo en el periodo republicano —desde el terremoto de 1822 cuando Bernardo O’Higgins se salvó de morir aplastado en Valparaíso, pasando por el sismo de 1985 cuando Santiago sufrió una gran catástrofe urbana, hasta el cataclismo del pasado 27 de febrero— Chile ha sufrido un total de nueve movimientos sísmicos de gran intensidad. Indudablemente el terremoto-tsunami de1960 es el que más se aproxima, por su extraordinaria similitud incluso en el “modus operandi”, al doble sismo del 27 de febrero. También el terremoto de 1960 tuvo una magnitud de casi 10 en la escala Richter, y asoló decenas de comunas de pescadores en las proximidades de la ciudad de Valdivia, lo que hoy le tocó a la ciudad de Concepción. “En los minutos posteriores un Tsunami arrasó lo poco que quedaba en pie” —decía una crónica de 1960— “El mar se recogió por algunos minutos y luego una gran ola se levantó destruyendo a su paso casas, animales, puentes, botes y, por supuesto, muchas vidas humanas. Algunas naves fueron a quedar a kilómetros del mar, río arriba”. Igual que en 2010.
Ahora se entiende por qué el Estado chileno es uno de los más sólidos del continente, y por qué su pueblo encarna la heroicidad de la especie humana ante los vanos intentos del Apocalipsis.
llactacracia@yahoo.com
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