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Ed. Impresa Políticos a frotarse las manos

¿Cómo dar un discurso ganador?

Por Malagana - Columnista - 28/03/2010


La cojudeza es un mal que paradójicamente afecta a los hombres de buena voluntad. Una manera de confirmar su contagio, es sentirse de pronto entusiasta al escuchar discursos de un político.

Este aforismo me ha inducido últimamente a plantearme una pregunta: ¿será posible, será cierto que a tanta palabrería, a tanta soflama de “verseros” que nunca faltan, exista todavía gente vulnerable a su contagio?

y bueno, ante esto me vino una idea: plantear un discurso, una nueva forma de acercamiento al electorado pero al menos esta ocasión con una salvedad: que el discursante, el político en cuestión, pueda emitirlo solo desde su propio sub consciente, cosa que se pueda saber realmente lo que en otras circunstancias resultaría difícil descubrir. ¿Sería interesante, verdad?

Cabalmente a propósito de las elecciones que se avecinan, el ejemplo que tengo dice más o menos así:
¡Cochabambinos! ¡K'acha mozos!. En vista de haberlos engañado infinidad de veces, mentido también incontables ocasiones... hemos decidido pues desde ahora, desde este instante, decirles la verdad. Y claro, dentro tan valeroso propósito también reivindicarnos con ustedes. Por tanto: Si por algún error, por costumbre o por un hecho involuntario les decimos... ¡hey! voten por nosotros, Valerosos paisanos; haremos obras y sobre todo ya no robaremos... ¡no crean por favor! ya que si se trata de decirles la verdad, esa es la única verdad. Y bueno, si igualmente les decimos: ¡Llajtamasis! ¡wist'u lifes! si votan por nosotros... Esa será pues queridos amigos, la base de nuestro programa, el marco ideológico de nuestro planteamiento. Y bueno… si piensan que esto no es suficiente tampoco, esperen a saber el resto: A los solapados, a los tirasacos, a los pintamonas, esos que ensucian con porquerías la ciudad; y a los chupamedias... ¡figúrense! también les recompensaremos, obviamente con pegas y por supuesto en mérito a su contribución. Para los cargos mayores por ejemplo la módica suma de 10 mil dólares y para los cargos menores, la magra suma de 5 mil. En fin, de todas maneras, si por tales u otras movidas, suponen igualmente lo peor para nosotros... ¡ni lo sueñen tampoco! Ni el levantamiento del secreto bancario, ni el endurecimiento de condenas, ni las persecuciones de corruptos, ni siquiera eso, nada, nada, nada, servirá pues para asustarnos; sencillamente nombraremos palos blancos o recurriremos a la magia, de todos modos igual les timaremos.

Dicho esto ¿desean saber quizá algo más del contenido de nuestro programa? De cualquier modo; si acaso lográsemos ocupar la Prefectura o entronarnos en la silla edil, solo una advertencia: No se molesten en buscarnos por favor, pues siendo pelafustanes insignes y habiéndonos convertido de pronto en señores con hummers y mansiones de lujo; con todo eso, será pues difícil atenderlos, entonces solo nos quedará decirles unas palabras: ¡waira levas! "que Dios pague vuestra infinita generosidad". Ojo, cualquier alusión de este manifiesto, es mera coincidencia.


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