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Cochabamba y la Guerra de la Independencia

Por Hernández Lucia - Periodista Invitado - 25/04/2010


Una reproducción del plano de la batalla de la Coronilla elaborado por el coronel Antonio María Álvarez en el manuscrito

Una reproducción del plano de la batalla de la Coronilla elaborado por el coronel Antonio María Álvarez en el manuscrito "Memoria militar de la segunda conquista de Cochabamba" - Foto | Los Tiempos Los Tiempos

Es bien conocido el protagonismo de Cochabamba en la guerra de la independencia, habiéndola llevado su determinación a enfrentar a los ejércitos regulares realistas en repetidas oportunidades, con desigual fortuna. Aroma, Guaqui, Amiraya, Quehuiñal, la colina de San Sebastián, Ayohuma y la segunda batalla de Sipe Sipe, testimonian aquella tenaz resistencia.

Habría que preguntarse sin embargo si aquella gesta épica que se acerca a su bicentenario está concluyentemente estudiada, o si aún existen elementos por exhumar. Si sólo debe ser conmemorada, o si aún debe ser profundamente estudiada. Puedo adelantar mi inclinación hacia la segunda alternativa, debido a la recuperación de fuentes primarias que hasta hoy resultaban prácticamente inaccesibles a los historiadores locales.

Veamos algunos ejemplos.

Tuve ocasión de publicar en el Anuario 2007 del ABNB la segunda parte de la Memoria Militar del general Joaquín de la Pezuela, que permanecía inédita en el Museo y Biblioteca de Menéndez Pelayo, en Santander, España. ¿Qué decía de nuevo sobre Cochabamba? En primer lugar, la documentación incluía una extensa denuncia colectiva contra los insurgentes de la región, que permite reconstruir un valiosísimo cuadro humano. Algunas de las denuncias eran contra el “Alcalde Provincial Manuel Mariano Rivero, hijo del difunto caudillo, de singular actividad, trajo cuatrocientos hombres del Valle en auxilio de Arenales (…) Oquendo, bostezo del infierno (…) el hijo mayor del caudillo Melchor Guzmán (alias) el Quitón, oficial de la Patria, activo e insultante (…)”. Los hombres incluidos en esa lista fueron confinados en Tacna y las mujeres, que no eran pocas, desterradas a Oruro y a Potosí.

Y notemos el involuntario elogio que Pezuela termina haciendo a la región en esos días al decir: “En la ciudad de Cochabamba y su Provincia hubo desde el principio de la guerra una aversión general y aborrecimiento a la causa del Rey, de manera que ni los indultos concedidos por mi antecesor el Señor Goyeneche, ni el mío cuando recuperé la primera vez dicha Provincia, y los demás medios que se tomaron hicieron otra impresión en sus habitantes que la de despreciar cada vez más las armas del Rey, y atribuir a miedo la moderada conducta de los jefes de ella. En dicha Provincia, y especialmente en su capital se levantaron muchos caudillos con gente armada, e hicieron toda clase de perjuicios dentro de ella y en sus confines, proporcionándoles exactas noticias sus mujeres y familias que residían por la bondad del Gobierno dentro de la ciudad y sus inmediaciones, descaradamente adictas a la causa de Buenos Aires, e insultando las mujeres más que los hombres, a las de su sexo realistas, llegando a tal extremo que entre las 52 monjas del Convento de Santa Clara, apenas llegaban a media docena las que con su Prelada eran buenas, y las restantes escandalosamente encubridoras en el laberinto de su monasterio de toda clase de infidentes…”

También es interesante la información de que Pezuela, en una clara demostración de fuerza, se alojó luego de la batalla de Sipe Sipe o Viloma, que tuvo lugar el 29 de noviembre de 1815, en la casa del gobernador delegado por Arenales, que era Juan Carrillo de Albornoz. Esa casa es la misma que aún se conserva en la zona del puente Cobija, conocida como casa de Gil de Gumucio. Unos días después se celebró en el convento de Santa Teresa o de Carmelitas, la función de gracias por la victoria. Como ambos monumentos aún se conservan, la imaginación se ve tentada a elaborar una escena cinematográfica describiendo la marcha de la comitiva por esas escasas cuatro cuadras. Finalmente, como ocurrió en la mayoría de las regiones de América, en Cochabamba también vivían realistas.

El Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB), en un esfuerzo realmente plausible, ha logrado la digitalización total del Archivo Pezuela, que ahora se halla disponible en Bolivia.

Igualmente imprescindible para la historia local es el Archivo del General Juan Antonio Álvarez de Arenales, que fuera digitalizado también a solicitud del ABNB, por el Archivo General de la Nación de la República Argentina en 2008, existiendo una copia del mismo al alcance de los investigadores locales en la Casa de la Cultura de Cochabamba. Este archivo no era desconocido aquí, habiendo sido estudiado por Eduardo Arze Quiroga, pero su análisis aún es superficial. Veamos por ejemplo parte de una carta que le enviara desde Potosí al mismo Arenales, gobernador recién designado de Cochabamba, el cura Juan Bautista Oquendo, quien tan importante participación tuviera en el movimiento del 14 de septiembre:

“… me llené de mucho placer por la acertadísima elección que hizo en V.S. para gobernar aquella desgraciada provincia que se hallaba sin aquella confianza que deben tener los pueblos en los jefes que les gobiernan. He tenido el gusto de tratar con nuestro Excelentísimo Señor General [Belgrano] en el campamento de Yocalla. El héroe me ha causado  respeto y veneración por los sentimientos de humanidad, de una acendrada religión, de tantas virtudes morales y políticas que le adornan deseos que le acompañan para hacer felices a sus hermanos a costa de los trabajos que sufre con tanta alegría por formar unos nuevos hombres en quienes resplandezca la virtud, la racionalidad con que Dios crió sus almas”.

(…) Dígales V.S. a esos mis paisanos en mi nombre que estoy avergonzado de proferir siquiera los trabajos que he padecido a vista de cuanto han sufrido y sufren estos heroicos libertadores de la Patria. Ellos no exigen sueldo, comen lo que les proporcionan los lugares, caminan a pie hasta los mismos oficiales de plana mayor y el señor general jornadas de seis y siete leguas, sufriendo todas las intemperies más fastidiosas de las estaciones y de los elementos.

Supongo que aún mayores novedades puedan surgir del Archivo del Conde de Guaqui, es decir, de los papeles de Juan Manuel de Goyeneche, el general que estuvo al frente de los realistas en Guaqui, Amiraya y en la colina de San Sebastián. Dicho archivo se conserva en manos familiares, en España, y ha sido muy poco consultado. Se están realizando las primeras gestiones para que sea digitalizado, con una muy favorable predisposición de las autoridades españolas. A modo de ejemplo, podemos mencionar que Herreros de Tejada, uno de los pocos historiadores que alguna vez tuvo acceso a ese archivo, hace referencia a un documento que allí existe titulado “Memoria Militar de la Segunda Conquista de Cochabamba”, elaborado por el coronel Antonio María Álvarez. A dicho manuscrito pertenece el plano de la batalla de la Coronilla que insertamos aquí (véase la foto de la portada B1), que es lo único de esta memoria que ha llegado hasta nosotros. ¿Hará Álvarez alguna mención a las heroínas que combatieron aquel día? Es imperativo, casi un deber, que hagamos los mayores esfuerzos para que el Archivo del Conde de Guaqui vea la luz pública.

Podríamos decir entonces que el año 2010 será momento, no sólo de conmemorar el Bicentenario, sino de revisitar la historia  local indagando minuciosamente estas nuevas fuentes.

** Gabriel Servetto es Cónsul de Argentina en Bolivia


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