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Ed. Impresa Memorias de Miraflores

Todos somos marqueses

Por García Mérida Wilson - Periodista Invitado - 11/07/2010


Apacible y bullente, envejecido y siempre renovado, tradicional y cosmopolita… así es el paradójico barrio de Miraflores, en La Paz. A don Néstor Portocarrero  —poeta muso y héroe de la Guerra del Chaco— no se le ocurrió sólo por azar literario escribir la letra de su tango Illimani con esto que dice: “Miraflores, mi refugio dominguero | sólo espero a tu regazo volver. | Y cantar mi serenata bajo tu luna de plata”.

Pues sí, quien busque domingos no aburridos en estos lares, sin salir de la ciudad, vaya a Miraflores. Acaso es que la imponente presencia del estadio de fútbol en la mayor altitud del planeta en este barrio precisamente, el “Hernando Siles”  —rodeado de aquellas deidades aymaras que un día llegaron de Tiahuanacu— ha fortalecido la fuerza centrípeta de Miraflores convirtiendo a este barrio en la síntesis dominical de Bolivia, En sus cuadras uno halla chicharronerías cochabambinas junto con centros gastronómicos benianos o charquecanerías orureñas, y por ahí una marisquería peruana con los sabores melodiosos de Chabuca Granda.

Miraflores es más que eso, sin embargo. Es la cuna de las más apasionantes leyendas urbanas paceñas, como aquella que dejó en la memoria colectiva la famosa pandilla juvenil de los Marqueses, uno de cuyos sobrevivientes, su fundador, el Dr. Freddy Márquez del Río, es testimonio vivo.

Hace algunos meses Miraflores volvió a sentir el estruendo de centenares de motos a la usanza de los años setenta, cuando aquellos jóvenes pandilleros protagonizaron uno de los dramas generacionales más conmovedores en la historia del país. Hoy, Freddy Márquez ha decidido reconstruir esa historia con el rodaje de una película dirigida por los cineastas John Cornejo y Jorge Viricochea, quienes comenzaron la filmación escenificando ese inolvidable bullir de los motoqueros en la era pionera del rock “progresivo”.

Es necesario un testimonio acerca de aquella historia, para que el juicio histórico acerca de los episodios políticos que se suscitaron tras el fracaso guerrillero del Che Guevara, generando procesos como el de Ovando-Torres y luego el golpe banzerista hacia la dictadura del septenio, quede en la memoria colectiva con un sentido de justicia condenando a los condenables y absolviendo a los que merecen redención.

Los Marqueses, y sus co-pandilleros los Calambeques, eran unos chicos de barrio, como los Villanos y los Calacaleños de Cochabamba, que vivieron la típica vida de los jóvenes de clase media en aquellas épocas del desconcierto. Fueron usados por los golpistas como carne de cañón para atentar contra la autonomía universitaria; pero nunca gozaron los privilegios del poder como aquellos que los usaron. Es más, consolidado el proceso dictatorial, fueron los primeros en ser reprimidos por la dictadura de Banzer. Tal es así, que Freddy Márquez es un activo miembro de la Asociación de Víctimas de las Dictaduras. Banzer lo tuvo preso varios años sin causa alguna y menos un proceso debido.

Por eso, cuando voy a Miraflores, en mi refugio dominguero, pienso que yo también soy un Marqués.

llactacracia@yahoo.com


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