Lunes 01 de septiembre del 2014. Actualizado a las 15h34 (Gmt -4)

Buscar en lostiempos.com

Ed. Impresa Es, indiscutiblemente, el artista boliviano que más premios internacionales ha ganado. El crítico e investigador boliviano de arte Harold Suárez Llápiz analiza su obra

Ricardo Pérez Alcalá, el maestro boliviano de la acuarela

Por Suárez Llápiz Harold - Periodista Invitado - 25/07/2010


Pintura - Suárez Llápiz  Harold  Periodista Invitado

Pintura - Suárez Llápiz Harold Periodista Invitado

La acuarela es, curiosamente, la técnica más difícil de dominar. En Bolivia, tenemos el privilegio de tener a extraordinarios acuarelistas de la talla de los paceños Mario Conde y Julio César Téllez o el cochabambino Darío Antezana. Pero si buscamos a alguien que se ha destacado como uno de los más destacados acuarelistas a nivel nacional y mundial, ineludiblemente tenemos que referirnos al maestro Ricardo Pérez Alcalá, quien hace poco tiempo fue acreedor del Gran Premio de la Tercera Trienal Internacional de la Acuarela en Santa Marta (Colombia), con la obra titulada "La feria", elegida entre las obras de 167 pintores de 18 países del mundo.

Pero éste es tan solo uno de los tantos premios internacionales a los que está acostumbrado recibir el gran pintor potosino, quien en 2006, en el mismo concurso mundial, ganó un premio a la excelencia.

También ganó los concursos más importantes que se realizan en Bolivia y en México. Residió durante 14 años en ese país, donde se consagró siendo un artista extranjero y llegó a ganar cuatro primeros premios nacionales de acuarela, tres sucesivamente desde 1983 hasta 1985 y finalmente el cuarto en 1989. No en vano es considerado un gran maestro de la acuarela también en el país azteca, donde su obra ha influido considerablemente (al igual que en nuestro país) en muchos destacados acuarelistas que aún siguen sus pasos.

Su obra forma parte de los acervos de los principales museos de México y de las privilegiadas pinacotecas de los más conocidos coleccionistas de Centroamérica. Incluso dos de los ex presidentes mexicanos: Ernesto Zedillo y Salinas de Gortari se hicieron retratar con él.

A su retorno a Bolivia fue condecorado, en 1994, por el Senado Nacional con la medalla de oro como el artista de reconocimiento internacional, posteriormente se convirtió en el primer pintor boliviano que obtuvo el Premio Nacional de Cultura, en 1997.

En 1998, fue seleccionado entre centenares de representantes de varios países del mundo como finalista en el concurso Internacional de Arte Sacro en Buenos Aires, Argentina.

Admirador desde siempre de algunos de los grandes representantes del arte universal, se conmueve al observar el gran oficio del sevillano Diego Velásquez, la fantástica luz que proyecta la pintura de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, además del dibujo y la genialidad de Leonardo Da Vinci. El multipremiado pintor boliviano tuvo como un importante referente en la acuarela contemporánea al recientemente fallecido pintor estadounidense Andrew Newell Wyeth ( 1917 – 2009).

Ricardo Pérez Alcalá nació en 1939. Egresó de la Academia de Bellas artes de Potosí en 1950 y se graduó en 1968 como arquitecto en la Universidad Mayor de San Andrés en ciudad de La Paz. Actualmente es miembro de las asociaciones de acuarela de México, Estados Unidos y España.

Multifacético y connotado escultor y muralista, como arquitecto realizó obras importantes en la ciudad de La Paz y como pintor representó a Bolivia en las Bienales de San Pablo de 1969. Actualmente y desde hace más de dos décadas, muchos acuarelistas bolivianos tratan de imitar su estilo de pintar, pero no han conseguido aproximarse a su extraordinaria calidad en el manejo del color y dibujo. Incluso ha formado a varios discípulos en esta técnica, haciendo una verdadera escuela en la acuarela nacional.

Entre todos ellos destaca el hábil acuarelista cochabambino Darío Antezana, quien también domina esta especialidad como muy pocos y que, seguramente en un futuro, tomará la posta generacional dejada por el maestro potosino.

El caricaturista

Ricardo Pérez Alcalá comenzó su carrera artística siendo muy joven, trabajando como ilustrador en la revista "Cascabel", allá por el año 1964, cuando todavía estudiaba la carrera de arquitectura en la ciudad de La Paz. Es pues un hábil caricaturista, expresión artística poco valorada en nuestro país pero que indudablemente no es nada fácil de realizar, puesto que requiere primeramente de un talento innato, trabajo constante y además de una adecuada capacidad de observación física y psicológica para caracterizar de la mejor manera posible la personalidad del retratado. Es interesante el hecho que el maestro solía firmar sus caricaturas con el seudónimo de "Cardo".

El acuarelista

Al hablar de su acuarela, se diría irónicamente que Pérez Alcalá es un "antiacuarelista", porque es ajeno a la acuarela tradicional inglesa que pregona que esta técnica no debería demorar más de dos horas en su ejecución, pues pasado este tiempo ya no es acuarela. La espontaneidad de la acuarela tradicional imprime al papel manchas frescas y la hace más impresionista y sencilla.

Para Ricardo acatar esta escuela y realizar este trabajo es un aburrido facilismo que se asemeja a un simple boceto de estudio.

Desde luego que se puede desenvolver en ella sin ninguna dificultad también, pero con el gran oficio que ha desarrollado en la técnica del agua, puede elaborar una acuarela de tendencia realista e hiperrealista con sorprendente calidad aunque demorando en su ejecución incluso hasta varios meses, trabajándola al mínimo detalle, castigando al papel con una infinidad de veladuras al aplicar el color y además otorgándole  como muy pocos artistas, un plus, un elemento extra: una gran dosis de creatividad.

La gran creatividad al realizar una acuarela es, sin lugar a dudas, una de las características que lo distinguen del resto de los artistas, facilitada por un absoluto dominio del dibujo de trazo suelto y seguro, que le permite ir más allá de lo formal, logrando dotar a su pintura de un rico contenido. Incluso ha reivindicado el difícil retrato en la llamada técnica del agua, de compleja ejecución.

Es que el maestro ha revalorizado a la acuarela llevándola a otro nivel de valoración estética, a diferencia de antaño, cuando se la consideraba una técnica menor, nada más alejado de la realidad porque es a través de ella que han materializado desafíos antes inimaginables.

Un alquimista, Pérez Alcalá, en su constante búsqueda de nuevas formas de expresión utiliza una compleja y extravagante técnica que el denomina "acuarela sobre tabla", que consiste en un preparado de yeso sobre una superficie de madera, que permite una menor absorción de la acuarela en relación al efecto que logra ésta en el papel, otorgándole mucho más brillo e intensidad al color.

El arquitecto

Su formación de arquitecto le ha permitido dar una sólida estructura a sus composiciones. El maestro es un profundo observador de la realidad que lo rodea, colocando de manera coherente cada elemento plástico en un determinado espacio.

Extraordinario colorista, va resolviendo cada pieza con un minucioso manejo técnico, aprovecha muy bien los efectos pictóricos muy luminosos y los tonos de luz ligera y traslúcida que ofrece esta compleja técnica a través del blanco papel de acuarela. Pérez Alcalá maneja de manera magistral la luz, con una paleta sobria y elegante, imprime en sus acuarelas misteriosas atmósferas inquietantes y en otras obras deja entrever, sin ninguna miseria humana, alguna mirada nostálgica, evocando constantemente la cotidianidad de su entorno.  A partir de allí surge el talento para plasmar en sus acuarelas, como nadie, las texturas de las paredes de las casas envejecidas, de sus antiguos y desgastados portones, o evocar la precaria cocina de algún recóndito lugar olvidado para muchos, pero no por él. Todos estos sitios que evoca su obra, seguramente han sido mudos testigos de su infancia en Potosí. El maestro también suele trabajar sus acuarelas al aire libre, como lo hacían aquellos impresionistas que pintaban con luz natural, sobre todo cuando realiza sus paisajes. La acuarela es un medio excepcional para trabajar al aire libre, estando en el lugar consigue representar los juegos de luces y la delicadeza de matices de las nubes, el agua, los árboles, que son tan cambiantes por efecto de los cambios lumínicos y atmosféricos, todos estos detalles no se pueden lograr pintando con la ayuda de una fotografía.

La obra que propone el maestro de la acuarela boliviana es ajena a los estilos predefinidos, por ello no es posible encasillarlo en una sola corriente estética. En algunas obras se aproxima más al realismo mágico; en otras se acerca a un surrealismo que cobra tintes neobarrocos.

Definitivamente, las creaciones de Ricardo Pérez Alcalá transportan a un universo misterioso, cautivante y fantástico.


Últimas noticias