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Ed. Impresa El origen de Cochabamba

Reivindicando a Huayna Cápac

Por Wilson García Mérida - Periodista Invitado - 28/08/2011


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Durante la expansión incaica que supuso la conquista quechua desde el Cusco sobre los pueblos aymaras del Collasuyo, los estadistas incas emprendieron un proceso masivo de desplazamientos poblacionales conocidos como “mitimaes”, cuya finalidad era reemplazar a las poblaciones rebeldes aymaras con habitantes leales al dios quechua Inti, “relocalizando” grandes masas en todo el imperio para garantizar esa emergente hegemonía quechua sustentada sobre una intensificación de la producción agrícola en esta zona. Cochabamba estuvo en el centro de esa estrategia llevada a cabo durante el incanato de Huayna Cápac, quien gobernó entre 1493 y 1525. Según Teresa Gisbert, el emperador Huayna Cápac decidió que el centro y cabeza de playa del imperio para la repartición de mitimaes sería Cochabamba (“Kochaj-pampa”), pues era “un valle fértil que después de la guerra con los naturales había quedado completamente deshabitado”.

David Pereira, que dirigió el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Antropológicas de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), sostiene que “en el sector Oeste del valle central cochabambino (área comprendida entre los actuales pueblos de Quillacollo y Sipe Sipe), el inca Huayna Cápac organizó un complejo mecanismo de distribución de tierras y de trabajo para producir maíz con grupos étnicos aymara-quechuas, habitantes de diversa procedencia, transportando parte del producto al Cuzco y el resto para sostener la penetración del ejército hacia los valles del Sudeste del actual territorio boliviano”.

El emperador Huayna Cápac llevó la obra civilizatoria impulsada por su padre Tupac Yupanki a un nivel de franco esplendor, el cual sólo pudo ser truncado con la irrupción de los españoles en pleno apogeo de la expansión incaica que se materializaba con la fundación de “llactas” como Cochabamba.

Huayna Cápac no sólo amplió la base cuantitativa del imperio incaico  —habiendo llegado personalmente a inspeccionar sus nuevos dominios territoriales que llegaron hasta el norte de Chile y Argentina, desplazándose desde Cochabamba como su principal centro de reabastecimiento—, sino también dio un gran salto cualitativo creando un universo ideológico y religioso que homogeneizó el pensamiento inca en todo el imperio y se nutrió del pacto entre las poli-deidades aymaras y el dios quechua Inti. Esta “llacta” fue una auténtica urbe habitada por las principales divinidades del imperio en convivencia con una masa poblacional devota y próspera. De ese desaparecido mundo aun quedan vestigios utópicos en el alma del cochabambino común.

Por tanto, las supuestas fundaciones españolas atribuidas a Garci Ruiz de Orellana, Gerónimo de Osorio y Sebastián Barba de Padilla entre 1571 y 1573 fueron nada más un desplazamiento colonial destinado, como parte de la extirpación de idolatrías, a enterrar la urbe original (es decir la “llacta" tal cual) fundada por Huayna Cápac.

llactacracia@yahoo.com


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