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Ed. Impresa Reivindicando a Huayna Cápac (II)

El Inca que fundó Cochabamba

Por Wilson García Mérida - Periodista Invitado - 4/09/2011


Esa “doble” fundación colonial que se atribuye a los encomenderos Garci Ruiz de Orellana, Gerónimo de Osorio y Sebastián Barba de Padilla —lo sostenemos con plena convicción histórica— era nada más una sucesión de pleitos judiciales por linderos que detentaban aquellos extirpadores de idolatrías y usurpadores de tierras nativas.

Cuando los conquistadores llegaron a este fecundo valle rodeado de pantanos (c’jochas), Cochabamba ya existía como una cabecera estratégica del imperio incaico, como “pucara” (sitio militar) y como “llacta” (centro ceremonial). Fue fundada a pocos años de la invasión española por el Inca Huayna Cápac, el primer y único emperador incaico que llegó a este territorio hoy boliviano, territorio que antes de la venida Huayna Cápac y sus mitimaes cusqueños (quechuas) era un dominio aymara infranqueable.

La llegada de Huayna Cápac a Cochabamba durante las primeras décadas del siglo XVI fue parte de una campaña expansiva del imperio incaico monástico, que era resistida fervorosamente por los aymaras de este Collasuyo politeísta.

Dentro de su plan de expansión, Huayna Cápac envió a su tío y mentor Huaman Achachi a regentar las nuevas regiones conquistadas del norte (Ecuador), mientras que el Inca se vino al Collasuyo atravesando el lago Titicaca hasta llegar al norte y centro de Chile, conquistando los valles desde el río Aconcagua hasta el río Cachapoal. Finalmente regresó al Cusco por Coquimbo, Copiapó, Atacama y Cochabamba, región ésta a la cual eligió como punto de partida para apaciguar a las indómitas etnias amazónicas que asomaban sus narices por Mizque.

Tristan Platt explica con mayor detalle aquel proceso: “Así, el Inka pudo emprender un vasto programa de producción maicera en el Valle de Cochabamba. Grupos mitimaq fueron traídos desde fuera del Qullasuyu para cuidar los depósitos donde se guardaban las cosechas bajo la dirección de un miembro de la élite inka. Los habitantes nativos del valle (aymaras, nr) fueron enviados a defender la frontera chiriwana al Sudeste. Las tierras así vaciadas fueron trabajadas por 14.000 maluri (mitimaes rotativos, nr), enviados por los mallku de todo el Qullasuyu. Los trabajadores tenían sus propias parcelas, cedidas por el Inka, (...). En otros contextos, sin embargo, los Charka y los Karakara recibieron un tratamiento especial por parte de los inkas; fueron seleccionados como sus guerreros predilectos, y liberados de toda faena aparte de la producción maicera para el Estado en el Valle de Cochabamba”.

El proyecto expansivo de Huayna Cápac abarcó las actuales poblaciones de Quillacollo, Sipe Sipe, Vinto, Pairumani, El Paso, Colcapirhua y Tiquipaya, asentadas todas ellas en las faldas de la cordillera del Tunari. Más distantes, aunque bajo la misma influencia, se hallaban las punas y valles de Tapacarí, Arque, Paria, Ayopaya, Pocona y Mizque, proveedoras de tubérculos y hortalizas para su intercambio con el maíz.

llactacracia@yahoo.com


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